En la conferencia .conf26 de Splunk, celebrada en septiembre de 2026, el CEO de Intel, Lip-Bu Tan, dijo que la demanda de CPU había crecido tanto que la compañía solo podía atender cerca de la mitad de lo que solicitaban sus clientes. El dato apunta a una oportunidad en el mercado de la inteligencia artificial, pero también deja claro que Intel no tiene hoy capacidad suficiente para convertir todos esos pedidos en ventas.
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Por qué la IA vuelve a poner el foco en las CPU
El auge de los agentes de IA y de la inferencia está sumando trabajo para los procesadores. La inferencia es la etapa en que un modelo ya entrenado responde a consultas o realiza tareas. En esos sistemas, las CPU pueden coordinar pasos, activar aplicaciones y gestionar el software que rodea el cálculo, mientras los aceleradores realizan buena parte del procesamiento intensivo.
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Por eso, el crecimiento de la IA no se traduce únicamente en más demanda de aceleradores. Si se multiplican los agentes y las tareas que ejecutan, también puede aumentar la necesidad de CPU en servidores y centros de datos. Tan relacionó ese cambio con la presión sobre los pedidos de Intel.
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La oferta depende de más que las fábricas
Intel enfrenta límites de capacidad productiva, pero el cuello de botella no está solo en sus fábricas. La disponibilidad de obleas de última generación, memoria y sustratos —las bases sobre las que se empaquetan los chips— también restringe cuánto producto terminado puede llegar a los clientes.
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Ampliar la capacidad de fabricación puede ayudar, pero no elimina de inmediato la escasez de componentes. En otras palabras, más espacio de producción no garantiza por sí solo que Intel pueda cubrir enseguida todos los pedidos pendientes.
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La apuesta por diversificar la fabricación
Tan también señaló el riesgo que supone la concentración de la fabricación avanzada en un único proveedor con sede en Taiwán, Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC). Su postura es que los pedidos deberían repartirse entre más fabricantes.
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Intel quiere que su negocio de fundición —la fabricación de chips para clientes— pueda ser una alternativa dentro de una industria más diversificada. Pero esa ambición no equivale a tener capacidad disponible hoy para cubrir el déficit: ampliar la producción y atraer pedidos externos son desafíos distintos.
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Demanda fuerte, inversión elevada y una acción volátil
Los resultados de Intel reflejaban un negocio en crecimiento: la compañía registró ingresos de 16.100 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026, un 25 % más que un año antes. Los ingresos de su división de Centros de Datos e IA aumentaron un 59 %, hasta 6.300 millones de dólares.
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El 21 de septiembre, las acciones de Intel subieron cerca de un 12 % y las de Arm alrededor de un 13 %, en medio de un repunte más amplio de los fabricantes de chips asociado al entusiasmo por los agentes de IA. La revelación de Tan reforzó la idea de que la demanda de CPU crece, pero no fue el único factor: también influyó el interés del mercado por las perspectivas de la IA y sus aplicaciones.
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La subida dejó a la acción por encima de algunos objetivos de precio de analistas, mientras las valoraciones seguían mostrando cautela.
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19 Al mismo tiempo, Intel elevó su previsión de inversión de capital para 2026 de 18.000 a 20.000 millones de dólares.
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El punto clave para la empresa es si podrá transformar los pedidos que hoy no satisface en ingresos futuros. Para lograrlo necesitará invertir en capacidad y aliviar las restricciones de componentes; por eso, la demanda creciente abre una oportunidad, pero no garantiza por sí sola que Intel pueda aprovecharla.