Michael Burry y Jim Chanos cuestionan distintos aspectos del auge de la inversión en inteligencia artificial. Burry se pregunta a qué velocidad pierden valor económico los chips de IA, aunque todavía puedan utilizarse. Chanos pone el foco en cómo se financia la infraestructura, sobre todo cuando proveedores muy endeudados dependen de que el crecimiento continúe. Sus advertencias ponen en duda algunos supuestos de inversión, pero no demuestran que falte demanda de hardware para IA.
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Burry: ¿cuánto valen los chips cuando envejecen?
Nvidia ha planteado que su infraestructura de IA puede conservar valor más allá de los plazos de depreciación acelerada. Sin embargo, el calendario contable de una empresa no indica por sí solo cuánto podría generar o valer de reventa un equipo más adelante. La objeción de Burry es que una GPU puede seguir funcionando y produciendo ingresos por alquiler, pero perder valor económico a medida que los chips más nuevos compiten por los trabajos más rentables.
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Burry compara el argumento sobre la durabilidad del valor de los equipos con el auge del arrendamiento de computadoras en la década de 1960. La comparación apunta a la confianza que los inversores depositaban en la utilidad y el valor futuros de esos equipos; no significa que la tecnología ni la demanda de entonces sean iguales a las actuales. También cuestiona que las proyecciones de flujos de caja futuros permitan calcular con la misma certeza el valor de reventa de las GPU antiguas que los precios observados en el mercado de segunda mano.
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La diferencia es importante: un chip puede seguir funcionando y, aun así, no generar suficientes ingresos durante el resto de su vida útil como para justificar su coste original. Burry ha distinguido expresamente entre la posibilidad de alquilar un chip y la velocidad a la que se deprecia en términos económicos.
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Las posiciones de Burry en Nvidia y Palantir han cambiado
Las operaciones de Burry han variado con el tiempo, y los informes no describen todas sus posiciones del mismo modo. Según algunos reportes, cerró opciones de venta —puts— sobre Nvidia y Palantir con vencimiento en diciembre de 2026. Coberturas posteriores también describen cambios en su exposición a Nvidia, incluido el paso de una posición corta en acciones a opciones de venta con vencimientos posteriores. Cerrar una opción de vencimiento más próximo no demuestra, por sí solo, que un inversor haya abandonado una postura bajista.
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Como se trata de posiciones cambiantes y reportadas en distintos momentos, conviene entender esos datos como una fotografía de cada periodo, no como una descripción definitiva de la exposición actual de Burry.
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Chanos: ¿quién asume el riesgo si los retornos no alcanzan?
Chanos ha señalado a los «neoclouds» —proveedores especializados que alquilan capacidad de computación para IA— como una parte vulnerable de la expansión. Su preocupación es que algunas de estas empresas se valoren como compañías tecnológicas de rápido crecimiento pese a depender de la deuda y poseer infraestructura cuyos ingresos futuros son inciertos. Si se debilitan la demanda, los precios o el acceso al crédito, podrían tener dificultades para cumplir con sus obligaciones.
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También ha cuestionado la financiación de centros de datos que no aparece en los balances de las empresas y las inversiones o el apoyo de Nvidia a clientes que compran sus chips. Estos acuerdos pueden dificultar la evaluación de cuánto de la demanda se financia de manera independiente y quién asumiría las pérdidas si un cliente o proyecto atraviesa problemas. Son inquietudes planteadas por críticos, no una prueba de que las ventas declaradas por Nvidia sean impropias.
Chanos ha advertido que la deuda asociada a la infraestructura de IA podría convertirse en un riesgo sistémico para 2028. Se trata de un pronóstico condicional: el riesgo aumentaría si se acumula deuda y los proyectos no generan retornos suficientes para respaldarla. No es una predicción de que una crisis financiera vaya a ocurrir necesariamente para esa fecha.
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La advertencia del Banco de Inglaterra y la demanda de chips, en contexto
El Banco de Inglaterra ha alertado de que la deuda vinculada a la IA y las vulnerabilidades interconectadas podrían agravar las consecuencias de un ajuste brusco en los mercados. También ha señalado que las necesidades de inversión en IA superaron la capacidad de algunas empresas para financiarlas con sus propios flujos de caja, lo que las llevó a recurrir más a financiación externa. Esto respalda la importancia de vigilar cómo se financia la expansión, pero no demuestra que cada prestatario o proyecto sea inviable.
Al mismo tiempo, los reportes apuntan a una demanda sólida de chips de Nvidia. Eso contradice una afirmación simplista de que el hardware no tiene compradores, pero no responde a la pregunta de Burry sobre el valor económico de los chips más antiguos ni a la de Chanos sobre si los propietarios de infraestructura podrán generar ingresos suficientes para pagar sus deudas.
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La cuestión central, por tanto, no es solo si las empresas compran equipos de IA. También importa si los ingresos previstos y la vida útil de esos equipos justificarán su coste, y si la financiación resistirá retornos más bajos o una desaceleración de la demanda. La evidencia disponible permite entender las advertencias de Burry y Chanos como señales de alerta sobre valoración y financiación, no como prueba de que el auge de la IA vaya a terminar en un desplome.
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