La diferencia clave antes de la reunión entre Donald Trump y Xi Jinping es hablar sobre riesgos no es lo mismo que aceptar nuevas reglas para prevenirlos. Trump dijo que prefería dejar sin cambios la política sobre «superinteligencia» —un término usado para referirse a una IA que superaría ampliamente las capacidades humanas—, sostuvo que China compartía esa postura y señaló al Departamento de Justicia de Estados Unidos como la salvaguarda existente.
10 Esa supuesta coincidencia con Pekín es, por ahora, una afirmación de Trump, no un compromiso chino verificado de rechazar cualquier nueva medida de seguridad.
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Dos formas de abordar el riesgo
La posición expresada por Trump pone el acento en recurrir a las autoridades y leyes existentes, en lugar de crear salvaguardas específicas antes de desplegar sistemas más capaces.
10 El contraste se hizo visible en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Sam Altman, de OpenAI, y Dario Amodei, de Anthropic, pidieron cautela y coordinación entre gobiernos. Amodei advirtió que una IA mal gestionada podría suponer un riesgo para toda la humanidad y se comprometió a ralentizar el desarrollo cuando fuera necesario para garantizar la seguridad de nuevos sistemas.
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Eso no significa que toda cooperación entre Washington y Pekín esté descartada. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, propuso durante sus conversaciones con el viceprimer ministro chino He Lifeng un mecanismo bilateral de notificación sobre seguridad de la IA y seguridad nacional, para que ambos presidentes lo consideraran.
4 Un canal de avisos podría facilitar la comunicación ante incidentes, pero notificar no es lo mismo que acordar pruebas obligatorias, supervisión independiente o límites al despliegue. Las fuentes disponibles no acreditan que se haya pactado un marco de seguridad vinculante.
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La disputa por los chips va por otra vía
La seguridad de los modelos se cruza con otra cuestión: quién puede acceder a la tecnología necesaria para desarrollarlos. Ambos gobiernos consideran la IA importante para su competitividad económica y militar, mientras mantienen desacuerdos sobre el acceso a chips avanzados.
3 En el Congreso estadounidense, los senadores demócratas Chuck Schumer y Elizabeth Warren, entre otros, reclamaron controles más estrictos sobre la exportación de chips de IA y equipos para fabricarlos, así como votaciones sobre proyectos de ley con apoyo de ambos partidos.
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12 También hubo presión republicana para endurecer las restricciones tecnológicas y evitar concesiones a Xi.
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Así, el resultado que cabe distinguir no es simplemente «cooperación o rivalidad». Un mecanismo de comunicación podría coexistir con la competencia por los chips y con el rechazo de Trump a nuevas salvaguardas. La propuesta de diálogo está documentada; un acuerdo que imponga y haga cumplir límites de seguridad, no.
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