La noche del 21 de marzo de 2026, misiles balísticos iraníes alcanzaron las ciudades israelíes de Dimona y Arad, horas después de un ataque contra la instalación iraní de enriquecimiento de uranio de Natanz. Teherán presentó los lanzamientos como una represalia. Aunque ambas ciudades están cerca del principal centro de investigación nuclear de Israel, los impactos reportados se produjeron en zonas habitadas, no en la instalación.
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Daños y heridos en las dos ciudades
Los misiles golpearon Dimona y Arad en ataques separados y causaron destrozos en edificios. Los equipos de rescate informaron de daños en al menos 10 bloques de viviendas en Arad. Los primeros partes hablaban de decenas de heridos; posteriormente, el Ministerio de Salud israelí elevó el balance conjunto a 180: 116 en Arad y 64 en Dimona, algunos de gravedad. Son recuentos de distintos momentos, no cifras que deban sumarse.
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La televisión estatal iraní vinculó los ataques con el bombardeo de Natanz ocurrido ese mismo día. El Ejército israelí negó ser responsable de aquella operación: la explicación de Teherán sobre el motivo de su respuesta no establece quién atacó Natanz.
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Por qué fallaron las defensas y qué se sabe del centro nuclear
El Ejército israelí afirmó que sus sistemas de defensa aérea funcionaron, pero no lograron interceptar los misiles que alcanzaron Dimona y Arad. Un análisis posterior indicó que los militares atribuyeron cada fallo a circunstancias diferentes y no relacionadas; no se ha establecido una causa común para ambos.
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La cercanía de los impactos al centro nuclear planteó otra pregunta: si la instalación había sufrido daños. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) dijo que no tenía constancia de daños en el centro, situado a unos 13 kilómetros de Dimona. Tampoco se notificaron niveles anormales de radiación. Esas conclusiones se refieren a la instalación nuclear, no a los daños y heridos registrados en las ciudades.
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De la respuesta israelí a la tregua de abril
El primer ministro Benjamin Netanyahu calificó aquella noche de «muy difícil» y prometió seguir atacando a Irán. El intercambio se produjo al inicio de la cuarta semana de la guerra más amplia entre Irán, Estados Unidos e Israel.
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Estados Unidos e Irán anunciaron el 7 de abril un alto el fuego de dos semanas vinculado a la reapertura del estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica. Según los reportes, las hostilidades se detuvieron en gran medida el 8 de abril. En el momento del anuncio se contabilizaban más de 1.900 muertos en Irán, mientras que las muertes en el conjunto de la región se contaban por miles. Eran cifras provisionales de entonces, no un balance definitivo. La pausa no trajo una solución duradera: en septiembre seguía informándose de que el conflicto continuaba.
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En la Asamblea General de la ONU de septiembre, el presidente estadounidense Donald Trump defendió la guerra y planteó la disyuntiva entre alcanzar un acuerdo o «aniquilar» a Irán. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, pronunció un discurso desafiante mientras su gobierno restaba posibilidades a las conversaciones. Sus intervenciones dejaron patente que la disputa seguía sin resolverse meses después de los ataques a Dimona y Arad.
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