Arabia Saudí recurrió a Francia, Reino Unido, Pakistán y Egipto por un problema inmediato: el ritmo de los ataques de drones y misiles atribuidos a los hutíes está reduciendo sus existencias de misiles interceptores. Según funcionarios regionales citados por medios, Riad pidió sistemas de defensa aérea o apoyo para reforzar su capacidad de protegerse frente a ataques continuados. Estados Unidos, su principal aliado y proveedor de armas, también afronta una merma de interceptores tras la guerra con Irán y no ha mostrado disposición a entrar directamente en los combates.
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La Meca, una línea roja para Riad
Las defensas saudíes afirmaron haber interceptado y destruido un dron hutí al sur de La Meca antes de que entrara en el espacio aéreo restringido de la ciudad. La coalición liderada por Arabia Saudí calificó la seguridad de los lugares sagrados del islam y de los peregrinos como una «línea roja».
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Los hutíes negaron haber tenido como objetivo La Meca y sostuvieron que sus operaciones se dirigen contra instalaciones petroleras y bases militares saudíes. Pero el incidente elevó enormemente el coste político de la escalada: la amenaza ya no se percibe solo en términos de objetivos militares o energéticos, sino también en torno a una de las ciudades más sagradas para el islam.
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Infraestructura petrolera y navegación bajo presión
El conflicto también afecta a dos nodos estratégicos para la economía mundial. Por un lado, los hutíes han avanzado hacia islas próximas al estrecho de Bab el-Mandeb, en la entrada sur del mar Rojo, una ruta esencial para el comercio entre Asia, Europa y el Mediterráneo.
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Por otro, un ataque con drones obligó a cerrar de forma preventiva el oleoducto Este-Oeste saudí. Esta infraestructura permite transportar crudo hacia la costa del mar Rojo sin depender de las rutas del golfo; su capacidad quedó mayoritariamente fuera de servicio durante semanas mientras se reparaban los daños, según funcionarios regionales.
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Si se prolongan las interrupciones en Bab el-Mandeb o en el oleoducto, las navieras pueden afrontar desvíos, primas de seguro y fletes más caros, además de retrasos en las entregas. Una menor flexibilidad exportadora saudí y las dificultades para navegar por el mar Rojo también aumentarían la volatilidad de los precios energéticos.
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Reino Unido ofrece asesores, pero sin compromiso de combate
Londres ha condenado públicamente la escalada hutí ante el Consejo de Seguridad de la ONU y ha responsabilizado al grupo de poner en riesgo la seguridad internacional, la navegación y la estabilidad regional.
La información disponible indica que Reino Unido aceptó enviar asesores militares a Arabia Saudí y estudia otras solicitudes de Riad, entre ellas asistencia operativa frente al avance hutí hacia Bab el-Mandeb y apoyo para proteger instalaciones petroleras. No se ha informado de un compromiso británico para desplegar fuerzas de combate.
El pacto de defensa de La Meca, firmado por Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, establece el principio político de que un ataque contra uno de sus miembros se consideraría un ataque contra todos. Sin embargo, no equivale por sí solo a un mando integrado de defensa aérea ni garantiza el suministro inmediato de interceptores. Esa limitación ayuda a explicar las peticiones bilaterales de Riad a otros socios.
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Una crisis regional con pocas salidas claras
Las advertencias de viaje de Estados Unidos reflejan el deterioro de la seguridad: Washington mantiene a Arabia Saudí y Omán en nivel 3, «reconsiderar el viaje». Para Arabia Saudí cita, entre otros riesgos, posibles ataques iraníes con drones y misiles, conflicto armado y terrorismo; para Omán menciona terrorismo y conflicto armado.
Los contactos diplomáticos vinculados a Omán y China muestran que siguen buscando vías de desescalada, pero no hay evidencia de un acuerdo duradero. Mientras persistan los ataques y la disputa por las rutas marítimas, Yemen seguirá siendo un foco de riesgo que trasciende sus fronteras y afecta al comercio internacional y al mercado del petróleo.
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