La conferencia general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA) en Viena dejó patente que el pulso entre Estados Unidos e Irán ya no se limita a una disputa técnica sobre inspecciones nucleares. La crisis combina presión diplomática, represalias políticas, amenazas militares y riesgos para la navegación en el golfo Pérsico.
La propuesta de Washington: combustible externo a cambio de no enriquecer uranio
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, planteó una salida negociada: Washington apoyaría un sistema para que Irán reciba combustible nuclear suministrado desde fuera del país si Teherán renuncia permanentemente al enriquecimiento doméstico de uranio. Al mismo tiempo, exigió cooperación plena con la OIEA y acceso para los inspectores.
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Wright sostuvo que Estados Unidos prefiere un acuerdo, pero acompañó esa oferta con una advertencia directa: si Irán no acepta esa vía, podría afrontar una acción militar estadounidense. Esa combinación de incentivo y coerción resumió el tono de la conferencia.
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Austria veta la entrada del jefe nuclear iraní
La tensión también se trasladó al plano diplomático. Austria negó la entrada a Mohammad Eslami, vicepresidente iraní para asuntos nucleares y director de la Organización de Energía Atómica de Irán, después de que Estados Unidos se opusiera a una exención de sanciones que le habría permitido viajar a Viena.
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Teherán interpretó la decisión como una afrenta política. El embajador iraní Reza Najafi afirmó que vulneraba los derechos de Irán y el principio de igualdad soberana, mientras que las autoridades iraníes convocaron al encargado de negocios austríaco.
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Inspecciones bloqueadas y actividad en Pickaxe Mountain
El núcleo del desacuerdo sigue siendo la verificación del programa nuclear iraní. La Junta de Gobernadores de la OIEA ha aumentado la presión sobre Irán por no facilitar el acceso y la información solicitados por el organismo.
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Además, la agencia informó de actividad de construcción en Pickaxe Mountain, un emplazamiento fuertemente fortificado. La OIEA señaló que había detectado movimiento en torno a la obra, pero no dijo disponer de información concreta sobre las actividades que se realizan allí. Irán rechazó las sospechas y calificó los informes de «hype mediático», al tiempo que aseguró cumplir sus obligaciones de salvaguardias.
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Diplomacia estancada y relatos opuestos
La retórica estadounidense ha sugerido con mayor claridad que las capacidades nucleares iraníes podrían tener que ser eliminadas si la diplomacia fracasa. Irán, por su parte, argumenta que la acción militar de Estados Unidos hizo impracticables las inspecciones, aunque asegura seguir abierto a un diálogo de buena fe y niega buscar armas nucleares.
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La evidencia disponible apunta a un bloqueo tanto en las conversaciones como en la verificación internacional. Sin embargo, no permite resolver de forma independiente las acusaciones cruzadas sobre quién es responsable de ese deterioro.
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El estrecho de Ormuz amplía el riesgo regional
El enfrentamiento también tiene un reflejo marítimo. La Guardia Revolucionaria iraní afirmó que el petrolero con bandera panameña El Gaia chocó con una mina naval y se incendió. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) rechazó esa versión y sostuvo que el buque había quedado inutilizado tras un ataque con misil iraní el mes anterior y que posteriormente fue alcanzado por un dron iraní.
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Reuters recogió ambas versiones, por lo que la secuencia exacta de los hechos y su atribución siguen siendo objeto de disputa. Lo que sí evidencia el caso es que el deterioro del diálogo nuclear está ocurriendo en paralelo a una creciente inseguridad para el tráfico marítimo en torno al estrecho de Ormuz, una ruta esencial para el transporte mundial de petróleo.
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En conjunto, la reunión de Viena mostró que las partes aún invocan la diplomacia, pero las condiciones necesarias para que funcione —inspecciones, aceptación de las salvaguardias y un marco mínimo de confianza sobre los incidentes regionales— se están debilitando.