Unos 1,3 millones de toneladas mensuales de fertilizantes ya no pueden cruzar el estrecho de Ormuz, sin una alternativa terrestre viable, según la FAO. El azufre al contado superó los 1.000 dólares por tonelada, más de un 300 % por encima de los niveles de agosto de 2025, elevando el coste de los fertilizantes fosfa...
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Respuesta de investigación

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La disrupción del estrecho de Ormuz ya no es solo una historia de petróleo y buques tanque. La restricción del tráfico está dificultando el movimiento de materias primas para fertilizantes y encareciendo la energía, los fletes y la producción agrícola. El riesgo es que el actual choque logístico se traduzca, con retraso, en una nueva presión sobre los precios de los alimentos.
Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, Irán declaró cerrado el estrecho y varias compañías navieras suspendieron sus trayectos. El 4 de septiembre apenas lo cruzaron cuatro buques de mercancías, frente a unos 125 grandes barcos comerciales diarios antes del conflicto. Aunque sigue habiendo algunos movimientos, el comercio está muy lejos de la normalidad.
El estrecho es una salida esencial para la energía y los materiales destinados a fertilizantes producidos en el Golfo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que alrededor de 1,3 millones de toneladas de fertilizantes al mes ya no pueden transitar por este corredor y que no existen alternativas terrestres viables para esos envíos. China, India, Japón y Corea del Sur figuran entre los grandes importadores asiáticos más expuestos a una menor oferta de combustibles y a precios energéticos más altos. 18
El efecto llega al campo por varias vías conectadas:
La cuestión decisiva es el desfase temporal. La falta de fertilizantes no se refleja necesariamente de inmediato en el precio de los alimentos: primero altera las compras y las dosis aplicadas antes de la siembra o durante el cultivo. Más adelante puede deteriorar los márgenes de los productores o reducir los rendimientos.
El azufre ha dado una de las señales de precio más claras de esta crisis. Los precios al contado superaron los 1.000 dólares por tonelada en septiembre, más de un 300 % por encima de los niveles de agosto de 2025, si bien la subida exacta cambia según el mercado de referencia y la ubicación. 4 Argus estimó a finales de agosto un flete de 140 a 142 dólares por tonelada para un gran cargamento de azufre con destino a la costa este de India, lo que implicaba un precio entregado de alrededor de 1.100 dólares por tonelada.
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No se trata de un insumo secundario para los fabricantes de fosfatos. Un azufre más caro eleva el coste del ácido fosfórico y, después, el de los fertilizantes fosfatados. El precio de referencia del contrato de ácido fosfórico de India para julio-septiembre se situó en 1.700 dólares por tonelada de P₂O₅, CFR, un 25 % más que el trimestre anterior. 11
El problema más serio no es solo pagar más, sino la interrupción física del suministro. Un comprador puede aceptar un precio elevado por un cargamento, pero no puede sustituir fácilmente mercancía que ya no puede circular con seguridad o rentabilidad por su ruta habitual.
La respuesta de India muestra hasta qué punto se ha complicado adquirir un insumo esencial. India Potash Limited lanzó, en nombre de ocho empresas, una licitación conjunta por 593.500 toneladas de azufre para entrega entre junio y agosto: 527.500 toneladas para la costa este y 66.000 para la costa oeste. 7 Posteriormente canceló el proceso. Las ofertas para la costa este eran elevadas y no se ofrecieron cargamentos completos para la costa oeste.
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El episodio no demuestra que todo ese volumen fuera imposible de conseguir por cualquier vía. Sí evidencia que, para uno de los mayores importadores del mundo, los mecanismos habituales de formación de precios y planificación de envíos dejaron de funcionar con normalidad.
La presión sobre las cuentas públicas también es importante. En los primeros cuatro meses y medio del ejercicio fiscal 2026-27, India había gastado unos 99.000 crore de rupias —cerca del 56 % de su presupuesto anual de subsidios a los fertilizantes— en un contexto de precios internacionales elevados de fertilizantes y gas natural licuado. El país ya había aprobado las tasas de su esquema de subsidios basados en nutrientes para fertilizantes fosfatados y potásicos de la campaña kharif de 2026, con el objetivo de preservar la disponibilidad de estos productos a precios asequibles para los agricultores.
Conviene distinguir entre política aprobada y propuestas: la ayuda de emergencia adicional para fabricantes de fertilizantes que se ha informado como borrador no equivale a apoyo ya aprobado. 1
La exposición inmediata recae sobre países y productores dependientes de las importaciones. Antes de que suban los precios al consumidor, los mayores costes de los insumos reducen los márgenes de las explotaciones, especialmente cuando los agricultores cuentan con poca liquidez o no pueden trasladar el encarecimiento con rapidez.
Si las compras de fertilizante se retrasan, se reducen o se reemplazan por productos menos adecuados, las consecuencias pueden extenderse a las siguientes cosechas. En el Sudeste Asiático, la disrupción combina la vulnerabilidad de los fertilizantes con una amplia dependencia de combustibles importados. Un análisis sobre la resiliencia alimentaria de la ASEAN describe un «doble golpe»: menor disponibilidad de fertilizantes y energía más cara para fabricarlos, transportarlos y utilizarlos en el campo.
La situación no debe interpretarse como una explicación única de toda la inflación alimentaria. La meteorología, otros problemas en las rutas marítimas, los costes de transporte, las monedas locales y las políticas nacionales también condicionan los precios. Ormuz funciona sobre todo como un potente amplificador: encarece y dificulta la gestión de vulnerabilidades agrícolas ya existentes.
Los líderes de la ASEAN han planteado una reserva regional de combustibles y un mecanismo de respaldo para la seguridad alimentaria ante una disrupción prolongada. Estas medidas pueden aliviar parte de la emergencia, pero acumular alimentos no resuelve por sí solo una escasez de insumos que comienza meses antes, en las fábricas de fertilizantes y en las explotaciones agrícolas.
Una respuesta más duradera entre la ASEAN e India debería actuar antes de que el problema llegue a la cesta de la compra:
La crisis de Ormuz ha dejado al descubierto hasta qué punto la producción mundial de alimentos depende de un estrecho corredor marítimo. Las restricciones a la navegación han retrasado o retirado suministros de energía y fertilizantes, han llevado el azufre a niveles de precio excepcionales y han elevado la presión de compra y de subsidios en India. 4
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El efecto más importante podría sentirse más adelante. Si el fertilizante caro o inaccesible reduce su aplicación o debilita las finanzas de los productores, el impacto puede pasar de los puertos y los mercados de materias primas a las cosechas y, finalmente, a la factura alimentaria de los hogares. Mantener operativas las cadenas de suministro de fertilizantes —y no solo gestionar reservas de alimentos cuando la crisis ya ha estallado— será esencial para contener ese riesgo.
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Unos 1,3 millones de toneladas mensuales de fertilizantes ya no pueden cruzar el estrecho de Ormuz, sin una alternativa terrestre viable, según la FAO.
Unos 1,3 millones de toneladas mensuales de fertilizantes ya no pueden cruzar el estrecho de Ormuz, sin una alternativa terrestre viable, según la FAO. El azufre al contado superó los 1.000 dólares por tonelada, más de un 300 % por encima de los niveles de agosto de 2025, elevando el coste de los fertilizantes fosfatados.
La cancelación de una licitación india por 593.500 toneladas de azufre y el rápido gasto en subsidios muestran la presión sobre el abastecimiento y las finanzas públicas.