La economía mundial ha absorbido el shock energético de la guerra con Irán mejor de lo que temía el FMI, pero su resiliencia sigue siendo frágil: el organismo prevé un crecimiento del 3,0% en 2026 y ve riesgos a la baja. La reducción de reservas de petróleo y gas, el aumento de la oferta fuera del Golfo, las renovab...
Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: What did IMF Managing Director Kristalina Georgieva say about the global economy’s response to the energy shock caused by the Iran war and I. Article summary: Georgieva’s message was that the world economy has absorbed the Iran-war energy shock better than the IMF initially feared, but that resilience is fragile: dwindling energy buffers, possible winter oil-price pressures, s. Topic tags: general, news, general web, user generated. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, watermarks, charts w
La evaluación de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), es de resistencia cautelosa, no de tranquilidad. La economía mundial ha soportado el shock energético provocado por la guerra con Irán y las interrupciones en torno al estrecho de Ormuz mejor de lo que el organismo esperaba inicialmente. Sin embargo, el petróleo más caro, una inflación persistente, el aumento de los costes de financiación y el deterioro de las cuentas públicas todavía pueden debilitar el crecimiento. 17
La previsión central revisada del FMI apunta a un crecimiento mundial del 3,0% en 2026. La economía seguiría expandiéndose, pero el balance de riesgos se inclina claramente a la baja. 47
Varios factores han absorbido hasta ahora parte de la interrupción del suministro:
Georgieva describió la situación como un «tira y afloja»: el shock negativo sobre el suministro energético del Golfo frena la economía, mientras que la inversión vinculada a la inteligencia artificial (IA) aporta un impulso contrario al crecimiento. El efecto tampoco es igual en todos los países. La exposición a la energía del Golfo, la estabilidad macroeconómica y la posición de cada economía en las cadenas de suministro relacionadas con la IA determinan en buena medida el impacto. 17
Los colchones que sostienen a los mercados energéticos no son ilimitados. A medida que disminuyan las reservas de petróleo y gas, una nueva interrupción podría provocar una reacción más brusca de los precios, especialmente si la demanda aumenta durante el invierno. Un repunte del petróleo volvería a presionar la inflación y podría retrasar la reducción de los tipos de interés, todavía restrictivos. 56
Los tipos más altos también elevarían el coste de atender la deuda para los gobiernos y los prestatarios privados. Esto podría reducir el gasto de los hogares y las empresas, debilitar la inversión y ralentizar aún más la actividad económica. 6
La preocupación no se limita a la energía. Georgieva señaló también el aumento de las rentabilidades de los bonos soberanos y el estancamiento de la desinflación —la moderación gradual de la inflación— como señales de un deterioro de las condiciones fiscales y de una mayor vulnerabilidad en algunos países. Cuando suben las rentabilidades, a los gobiernos les cuesta más refinanciar su deuda y se reduce el margen para responder a futuras crisis. 17
La proyección del FMI para 2026 representa una referencia relativamente resistente, pero no garantiza que el shock haya quedado atrás. El escenario está expuesto a nuevas interrupciones energéticas, una inflación difícil de contener, elevados niveles de deuda y tensiones comerciales. 47
En junio, Georgieva había afirmado que todavía no había señales claras de una desaceleración mundial provocada por el conflicto en Oriente Medio, aunque advertía de que los riesgos seguían siendo elevados. La diferencia es importante: la actividad actual puede mantenerse mientras se deterioran las condiciones que rodean a la previsión. 16
La inversión en inteligencia artificial es otra de las razones por las que la economía mundial se ha comportado mejor de lo previsto. El auge, inicialmente concentrado en Estados Unidos pero cada vez más extendido a otros países, puede respaldar los beneficios empresariales y el gasto de los consumidores, además de impulsar la construcción de centros de datos y la fabricación de hardware relacionado con la IA. 313
Pero Georgieva también ha subrayado que los efectos finales de la IA están rodeados de «incertidumbres significativas», incluidos posibles riesgos para la estabilidad financiera. Los beneficios pueden repartirse de forma desigual, y las economías en desarrollo afrontan el peligro más agudo de quedarse atrás si carecen de infraestructura, capital, capacidades profesionales y acceso a las cadenas de suministro de la IA.
Por eso, la IA es a la vez un viento de cola para el crecimiento a corto plazo y un desafío de política económica a largo plazo. La inversión puede impulsar la demanda ahora, pero no elimina el shock energético ni garantiza aumentos de productividad que lleguen a todos por igual.
Los gobiernos deben recuperar credibilidad fiscal y reconstruir el margen de maniobra necesario para responder a futuros shocks. Esto implica situar la deuda pública en trayectorias sostenibles, evitar subsidios generales que no estén dirigidos a quienes más los necesitan y concentrar las ayudas en los hogares más expuestos al encarecimiento de la energía. Siempre que sea posible, debe protegerse la inversión productiva, aunque el aumento de las rentabilidades de los bonos hace más costoso aplazar el ajuste fiscal. 17
Los bancos centrales afrontan un equilibrio complicado. No deberían dar por hecho que una subida de la energía será temporal y desaparecerá por sí sola si empieza a trasladarse a las expectativas de inflación, los salarios o el conjunto de los precios. Georgieva ha pedido mantener la disposición a endurecer la política monetaria si los efectos de segunda ronda amenazan con arraigarse, pero también evitar un endurecimiento innecesario si la demanda se debilita con fuerza.
La respuesta también debe ser estructural, además de monetaria y fiscal. Los gobiernos pueden reducir la vulnerabilidad reforzando la resiliencia energética y diversificando las rutas de suministro. Al mismo tiempo, deben ampliar el acceso a la infraestructura, la formación y la financiación que permitan a más economías participar en el crecimiento impulsado por la IA.
La advertencia de Georgieva es que la economía mundial ha superado una prueba importante, pero no necesariamente ha eliminado el riesgo de fondo. La liberación de reservas, la oferta alternativa, la menor demanda y la inversión en IA han suavizado el golpe inicial de la interrupción en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, esos apoyos pueden perder fuerza justo cuando aumenten el petróleo, la inflación, el coste de la deuda y las rentabilidades de los bonos soberanos.
Por ahora, el FMI ve una economía resistente. Su mayor preocupación es si esa resistencia soportaría un nuevo shock energético y si los beneficios del próximo motor de crecimiento, la inteligencia artificial, llegarán también a las economías que hoy cuentan con menos recursos para mantenerse al día.
Studio Global AI
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La economía mundial ha absorbido el shock energético de la guerra con Irán mejor de lo que temía el FMI, pero su resiliencia sigue siendo frágil: el organismo prevé un crecimiento del 3,0% en 2026 y ve riesgos a la baja.
La economía mundial ha absorbido el shock energético de la guerra con Irán mejor de lo que temía el FMI, pero su resiliencia sigue siendo frágil: el organismo prevé un crecimiento del 3,0% en 2026 y ve riesgos a la baja. La reducción de reservas de petróleo y gas, el aumento de la oferta fuera del Golfo, las renovables, la menor demanda energética y cierto regreso al carbón han amortiguado la disrupción en el estrecho de Ormuz.
La inversión en inteligencia artificial impulsa los beneficios empresariales y la demanda, pero sus efectos siguen siendo inciertos y las economías en desarrollo afrontan el mayor riesgo de quedarse atrás.