El dólar sigue siendo la principal moneda de reserva del mundo, con el 57,13% de las reservas divulgadas en el primer trimestre de 2026, frente a más del 70% alrededor del año 2000. La pérdida de peso no ha beneficiado principalmente al euro ni al renminbi.
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Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: What evidence suggests that the U.S. dollar is undergoing its most sustained challenge in decades and could suffer an abrupt loss of confide. Article summary: The evidence supports a gradual diversification away from the dollar and a potentially more fragile confidence backdrop—not a demonstrated imminent collapse. The central risk is Eichengreen’s: reserve managers may divers. Topic tags: general, general web, user generated, government, education. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, wat
El dólar afronta su desafío más prolongado en décadas en el mercado de reservas, pero los datos no apuntan a un colapso inminente. El riesgo más relevante es otro: los bancos centrales podrían estar reduciendo su exposición a la moneda estadounidense sin crear una alternativa única que iguale su liquidez, apertura y oferta de activos considerados seguros.
Esa es la preocupación que ha expresado Barry Eichengreen, economista de la Universidad de California en Berkeley e historiador monetario. Ahora teme más que antes una pérdida abrupta de confianza en el dólar antes de que otras monedas estén preparadas para absorber el cambio.
La señal más clara aparece en la composición de las reservas oficiales de divisas. La Reserva Federal calculó que el dólar representaba alrededor del 58% de las reservas oficiales mundiales divulgadas en 2024, frente a más del 70% alrededor del cambio de siglo.
Los datos más recientes del FMI obligan, sin embargo, a matizar la tendencia. La participación del dólar aumentó del 56,42% en el cuarto trimestre de 2025 al 57,13% en el primer trimestre de 2026. En el mismo periodo, el euro cayó del 20,38% al 20,03%, mientras que el renminbi chino avanzó ligeramente, del 1,95% al 1,99%. 2
La dirección de largo plazo es, por tanto, la diversificación, pero los datos trimestrales no forman una línea descendente perfecta. Además, las variaciones en los tipos de cambio pueden modificar el porcentaje informado incluso cuando los bancos centrales no realizan grandes cambios en sus carteras. El FMI ha advertido específicamente que estos efectos de valoración pueden influir de manera importante en las comparaciones. 8
12
Que el dólar pierda participación no significa automáticamente que otra moneda esté ocupando su lugar. El euro continúa en un distante segundo puesto en las reservas oficiales y la cuota del renminbi sigue por debajo del 2%. 2
El sistema COFER del FMI sigue la evolución del dólar, el euro, el renminbi, el yen, la libra esterlina, el dólar australiano, el dólar canadiense, el franco suizo y un grupo de otras monedas. 9 Esta clasificación encaja mejor con un sistema de reservas más fragmentado: los gestores distribuyen el riesgo entre varias alternativas menores en lugar de elegir un sucesor único.
La diferencia es fundamental. Una moneda de reserva debe servir para mucho más que denominar facturas comerciales. Necesita mercados financieros profundos y líquidos, instituciones previsibles, amplia convertibilidad y una gran oferta de activos que los inversores internacionales puedan comprar y vender a gran escala. La evidencia disponible muestra diversificación, no la aparición de una moneda con un alcance comparable al del dólar.
El argumento de Eichengreen va más allá de la idea conocida de que el dólar podría perder su hegemonía con el tiempo. Su preocupación es una ruptura repentina: la confianza podría deteriorarse mientras las monedas alternativas todavía no tienen la capacidad necesaria para asumir el papel del dólar.
En una entrevista resumida por Kitco, Eichengreen dijo que estaba “mucho más preocupado” por un cambio abrupto en el que se perdiera la confianza en el dólar antes de que las alternativas pudieran dar un paso al frente. Situó el inicio de ese cambio en el 2 de abril de 2025, cuando la Administración Trump anunció su programa arancelario.
Esa fecha refleja la interpretación de un experto, no demuestra que el anuncio de los aranceles provocara una huida de las reservas en dólares. Pero sí señala el mecanismo en cuestión: el estatus de moneda de reserva depende en parte de la confianza en unas políticas previsibles, el Estado de derecho, la independencia del banco central y el funcionamiento del mercado de bonos del Tesoro estadounidense. Decisiones políticas que debiliten la percepción de esas bases podrían tener consecuencias incluso si las ventajas de red del dólar permanecen intactas.
Los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) han impulsado cada vez más el uso de sus monedas nacionales para las operaciones comerciales. En octubre de 2025, el presidente ruso, Vladímir Putin, afirmó que las liquidaciones entre países de la CEI se realizaban “casi por completo” en monedas nacionales. 18 Posteriormente, el consejo ejecutivo de la organización situó esa proporción en el 96% para la CEI durante 2024 y 2025.
Estas cifras son una señal relevante de los esfuerzos regionales por reducir la dependencia de las monedas occidentales. No obstante, no deben interpretarse como una prueba auditada de un cambio global en la moneda de reserva. Que un bloque comercial liquide sus operaciones en monedas locales no crea por sí solo un activo de reserva utilizable en todo el mundo ni reproduce la infraestructura financiera internacional basada en el dólar.
La señal de alarma no sería una caída aislada de la cuota del dólar en un trimestre. El riesgo aumentaría si coincidieran un deterioro de la confianza institucional y la falta de alternativas suficientemente desarrolladas.
El impacto de un shock podría ser mayor si los gestores de reservas concluyeran que:
Incluso en ese escenario, la diversificación no supondría necesariamente un traslado masivo hacia el euro, el renminbi o el oro. El desenlace más probable a corto plazo sería una cesta más amplia de monedas y activos. Eso podría reducir gradualmente la dependencia del dólar, pero también hacer que el sistema financiero internacional fuera más fragmentado.
El primer discurso principal de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal está previsto para el 28 de agosto, durante el simposio de Jackson Hole, que se celebrará del 27 al 29 de agosto de 2026. El tema oficial es “Innovación financiera: implicaciones para los pagos y la política”.
El encuentro importa porque las nuevas infraestructuras de pago, las stablecoins, la tokenización, los sistemas de liquidación transfronterizos y las decisiones sobre monedas digitales de bancos centrales podrían influir en la facilidad con la que el dólar siga siendo la unidad preferida para contabilizar y liquidar operaciones. Pero un discurso, por sí solo, no puede determinar el estatus de una moneda de reserva. La credibilidad monetaria, unos mercados de capitales abiertos, una oferta abundante de activos seguros y la confianza institucional son factores más decisivos.
La evidencia apunta a un debilitamiento gradual de la posición del dólar como moneda de reserva, no a un colapso inminente. Su participación ha pasado de superar el 70% alrededor del año 2000 al 57,13% en el primer trimestre de 2026, pero todavía se mantiene muy por delante del euro y del renminbi. 2
La advertencia de Eichengreen debe entenderse como un riesgo extremo: el dólar podría sufrir un shock abrupto de confianza antes de que exista una alternativa capaz de reemplazarlo. El mundo parece avanzar hacia un sistema monetario más diversificado, pero diversificación no significa que ya haya un sucesor listo.
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El dólar sigue siendo la principal moneda de reserva del mundo, con el 57,13% de las reservas divulgadas en el primer trimestre de 2026, frente a más del 70% alrededor del año 2000.
El dólar sigue siendo la principal moneda de reserva del mundo, con el 57,13% de las reservas divulgadas en el primer trimestre de 2026, frente a más del 70% alrededor del año 2000. La pérdida de peso no ha beneficiado principalmente al euro ni al renminbi. Los bancos centrales parecen repartir su exposición entre varias divisas y activos, lo que podría hacer la transición más lenta, pero también...
Los datos más recientes no muestran una caída en línea recta: la cuota del dólar subió del 56,42% en el cuarto trimestre de 2025 al 57,13% en el primer trimestre de 2026.
El dólar sigue siendo la principal moneda de reserva del mundo, con el 57,13% de las reservas divulgadas en el primer trimestre de 2026, frente a más del 70% alrededor del año 2000. La pérdida de peso no ha beneficiado principalmente al euro ni al renminbi.
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Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: What evidence suggests that the U.S. dollar is undergoing its most sustained challenge in decades and could suffer an abrupt loss of confide. Article summary: The evidence supports a gradual diversification away from the dollar and a potentially more fragile confidence backdrop—not a demonstrated imminent collapse. The central risk is Eichengreen’s: reserve managers may divers. Topic tags: general, general web, user generated, government, education. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, wat
El dólar afronta su desafío más prolongado en décadas en el mercado de reservas, pero los datos no apuntan a un colapso inminente. El riesgo más relevante es otro: los bancos centrales podrían estar reduciendo su exposición a la moneda estadounidense sin crear una alternativa única que iguale su liquidez, apertura y oferta de activos considerados seguros.
Esa es la preocupación que ha expresado Barry Eichengreen, economista de la Universidad de California en Berkeley e historiador monetario. Ahora teme más que antes una pérdida abrupta de confianza en el dólar antes de que otras monedas estén preparadas para absorber el cambio.
La señal más clara aparece en la composición de las reservas oficiales de divisas. La Reserva Federal calculó que el dólar representaba alrededor del 58% de las reservas oficiales mundiales divulgadas en 2024, frente a más del 70% alrededor del cambio de siglo.
Los datos más recientes del FMI obligan, sin embargo, a matizar la tendencia. La participación del dólar aumentó del 56,42% en el cuarto trimestre de 2025 al 57,13% en el primer trimestre de 2026. En el mismo periodo, el euro cayó del 20,38% al 20,03%, mientras que el renminbi chino avanzó ligeramente, del 1,95% al 1,99%. 2
La dirección de largo plazo es, por tanto, la diversificación, pero los datos trimestrales no forman una línea descendente perfecta. Además, las variaciones en los tipos de cambio pueden modificar el porcentaje informado incluso cuando los bancos centrales no realizan grandes cambios en sus carteras. El FMI ha advertido específicamente que estos efectos de valoración pueden influir de manera importante en las comparaciones. 8
12
Que el dólar pierda participación no significa automáticamente que otra moneda esté ocupando su lugar. El euro continúa en un distante segundo puesto en las reservas oficiales y la cuota del renminbi sigue por debajo del 2%. 2
El sistema COFER del FMI sigue la evolución del dólar, el euro, el renminbi, el yen, la libra esterlina, el dólar australiano, el dólar canadiense, el franco suizo y un grupo de otras monedas. 9 Esta clasificación encaja mejor con un sistema de reservas más fragmentado: los gestores distribuyen el riesgo entre varias alternativas menores en lugar de elegir un sucesor único.
La diferencia es fundamental. Una moneda de reserva debe servir para mucho más que denominar facturas comerciales. Necesita mercados financieros profundos y líquidos, instituciones previsibles, amplia convertibilidad y una gran oferta de activos que los inversores internacionales puedan comprar y vender a gran escala. La evidencia disponible muestra diversificación, no la aparición de una moneda con un alcance comparable al del dólar.
El argumento de Eichengreen va más allá de la idea conocida de que el dólar podría perder su hegemonía con el tiempo. Su preocupación es una ruptura repentina: la confianza podría deteriorarse mientras las monedas alternativas todavía no tienen la capacidad necesaria para asumir el papel del dólar.
En una entrevista resumida por Kitco, Eichengreen dijo que estaba “mucho más preocupado” por un cambio abrupto en el que se perdiera la confianza en el dólar antes de que las alternativas pudieran dar un paso al frente. Situó el inicio de ese cambio en el 2 de abril de 2025, cuando la Administración Trump anunció su programa arancelario.
Esa fecha refleja la interpretación de un experto, no demuestra que el anuncio de los aranceles provocara una huida de las reservas en dólares. Pero sí señala el mecanismo en cuestión: el estatus de moneda de reserva depende en parte de la confianza en unas políticas previsibles, el Estado de derecho, la independencia del banco central y el funcionamiento del mercado de bonos del Tesoro estadounidense. Decisiones políticas que debiliten la percepción de esas bases podrían tener consecuencias incluso si las ventajas de red del dólar permanecen intactas.
Los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) han impulsado cada vez más el uso de sus monedas nacionales para las operaciones comerciales. En octubre de 2025, el presidente ruso, Vladímir Putin, afirmó que las liquidaciones entre países de la CEI se realizaban “casi por completo” en monedas nacionales. 18 Posteriormente, el consejo ejecutivo de la organización situó esa proporción en el 96% para la CEI durante 2024 y 2025.
Estas cifras son una señal relevante de los esfuerzos regionales por reducir la dependencia de las monedas occidentales. No obstante, no deben interpretarse como una prueba auditada de un cambio global en la moneda de reserva. Que un bloque comercial liquide sus operaciones en monedas locales no crea por sí solo un activo de reserva utilizable en todo el mundo ni reproduce la infraestructura financiera internacional basada en el dólar.
La señal de alarma no sería una caída aislada de la cuota del dólar en un trimestre. El riesgo aumentaría si coincidieran un deterioro de la confianza institucional y la falta de alternativas suficientemente desarrolladas.
El impacto de un shock podría ser mayor si los gestores de reservas concluyeran que:
Incluso en ese escenario, la diversificación no supondría necesariamente un traslado masivo hacia el euro, el renminbi o el oro. El desenlace más probable a corto plazo sería una cesta más amplia de monedas y activos. Eso podría reducir gradualmente la dependencia del dólar, pero también hacer que el sistema financiero internacional fuera más fragmentado.
El primer discurso principal de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal está previsto para el 28 de agosto, durante el simposio de Jackson Hole, que se celebrará del 27 al 29 de agosto de 2026. El tema oficial es “Innovación financiera: implicaciones para los pagos y la política”.
El encuentro importa porque las nuevas infraestructuras de pago, las stablecoins, la tokenización, los sistemas de liquidación transfronterizos y las decisiones sobre monedas digitales de bancos centrales podrían influir en la facilidad con la que el dólar siga siendo la unidad preferida para contabilizar y liquidar operaciones. Pero un discurso, por sí solo, no puede determinar el estatus de una moneda de reserva. La credibilidad monetaria, unos mercados de capitales abiertos, una oferta abundante de activos seguros y la confianza institucional son factores más decisivos.
La evidencia apunta a un debilitamiento gradual de la posición del dólar como moneda de reserva, no a un colapso inminente. Su participación ha pasado de superar el 70% alrededor del año 2000 al 57,13% en el primer trimestre de 2026, pero todavía se mantiene muy por delante del euro y del renminbi. 2
La advertencia de Eichengreen debe entenderse como un riesgo extremo: el dólar podría sufrir un shock abrupto de confianza antes de que exista una alternativa capaz de reemplazarlo. El mundo parece avanzar hacia un sistema monetario más diversificado, pero diversificación no significa que ya haya un sucesor listo.
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El dólar sigue siendo la principal moneda de reserva del mundo, con el 57,13% de las reservas divulgadas en el primer trimestre de 2026, frente a más del 70% alrededor del año 2000.
El dólar sigue siendo la principal moneda de reserva del mundo, con el 57,13% de las reservas divulgadas en el primer trimestre de 2026, frente a más del 70% alrededor del año 2000. La pérdida de peso no ha beneficiado principalmente al euro ni al renminbi. Los bancos centrales parecen repartir su exposición entre varias divisas y activos, lo que podría hacer la transición más lenta, pero también...
Los datos más recientes no muestran una caída en línea recta: la cuota del dólar subió del 56,42% en el cuarto trimestre de 2025 al 57,13% en el primer trimestre de 2026.