Sin embargo, se han comercializado pegatinas y otros accesorios baratos para obstruir la luz. Pruebas con estos productos han mostrado que, en determinadas circunstancias, el indicador puede resultar prácticamente imperceptible sin activar la alerta contra manipulaciones.
Por eso, el LED añade una capa de protección, pero no ofrece por sí solo un consentimiento verificable. Para un tercero, sigue siendo difícil saber si la luz está encendida, si ha sido bloqueada o si la persona está grabando mediante otra función del dispositivo.
Instagram, plataforma propiedad de Meta, dijo que retiraría los vídeos en los que se aprovechara o acosara a desconocidos, incluidos contenidos de creadores que utilizasen las gafas para grabar a personas durante supuestas bromas o aproximaciones no consentidas. También se informó de la desactivación de cuentas con millones de seguidores por incumplir las normas contra el acoso.
La medida intenta cortar la distribución y los incentivos que aparecen después de la grabación. Pero no impide necesariamente que el vídeo se capture en primer lugar. Informaciones posteriores señalaron que clips presuntamente relacionados con acoso y grabaciones no consentidas seguían apareciendo en la plataforma.
La reacción también ha llegado a los espacios físicos. Monopoly Events, organizador de convenciones de entretenimiento en Reino Unido, prohibió las gafas de Meta y cualquier otro dispositivo de grabación portátil en sus eventos Comic-Con después de recibir quejas de invitados y asistentes por grabaciones secretas.
DEF CON adoptó una medida similar y vetó las gafas de estilo Meta con capacidad de grabación, incluso cuando se utilizan con lentes graduadas.
Estas decisiones establecen un precedente relevante: los recintos privados están dejando de considerar estos productos como simples gafas y empiezan a regularlos como dispositivos de grabación. La distinción puede parecer pequeña, pero afecta directamente a las políticas de acceso, la seguridad y la privacidad de los asistentes.
En Alemania, la organización de derechos digitales HateAid presentó una denuncia penal contra Meta, entidades relacionadas con Ray-Ban y Oakley, y varios distribuidores. El grupo sostiene que estos dispositivos facilitan la grabación encubierta y vulneran la legislación sobre privacidad. Se trata de una denuncia y no de una resolución judicial.
En India también han surgido llamamientos a favor de reglas más claras. La preocupación refleja una brecha normativa más amplia: las leyes tradicionales sobre cámaras, consentimiento y vigilancia no siempre fueron diseñadas para sensores que pueden llevarse puestos durante todo el día y que resultan poco visibles para quienes están alrededor.
Con la información disponible, no hay pruebas suficientes para afirmar que India haya aprobado un régimen específico para las gafas inteligentes.
Quienes cuestionan estos productos sostienen que las cámaras incorporan funciones como fotografías y vídeos manos libres, visión artificial y captura desde la perspectiva del usuario, pero que sus beneficios no compensan el coste social de hacer que la grabación sea difícil de detectar.
Un teléfono suele ofrecer mejores fotografías y, sobre todo, hace visible el acto de grabar. Las gafas eliminan esa señal corporal: no es necesario levantar el dispositivo ni dirigirlo claramente hacia otra persona.
El argumento contrario también tiene peso. El acceso manos libres, la orientación en tiempo real y la inteligencia artificial contextual pueden ser útiles, especialmente para determinadas necesidades de accesibilidad. La pregunta decisiva es si esas funciones pueden ofrecerse con aviso significativo, consentimiento cuando corresponda, procesamiento local y límites que puedan hacerse cumplir.
La preocupación por la vigilancia está impulsando una categoría distinta: gafas centradas en una pantalla o guía visual, pero sin cámara. Even Realities ha presentado explícitamente sus productos como una alternativa a la captura de contenido, mientras que Halliday ha desarrollado las G2 sin cámara para tareas como la asistencia en reuniones. XGIMI y MemoMind también han apostado por gafas de inteligencia artificial sin cámara.
Este enfoque intenta cambiar la arquitectura del producto en lugar de limitarse a añadir avisos sobre una cámara existente. Algunas funciones pueden depender de micrófonos, pantallas y procesamiento en el dispositivo, aunque eso no elimina automáticamente todas las cuestiones de privacidad.
La demanda, en cualquier caso, no ha desaparecido. Los consumidores siguen mostrando interés por gafas de inteligencia artificial ligeras y discretas. El crecimiento de los envíos del sector sugiere que la reacción contra las grabaciones encubiertas está modificando los requisitos de diseño y las normas de uso, más que acabando con el mercado.
Los informes que apuntan a que Apple podría priorizar la inteligencia artificial ejecutada en el dispositivo y evitar el reconocimiento facial y la grabación continua encajan con este modelo de “privacidad por arquitectura”.
Pero Apple no ha anunciado un producto ni sus políticas sobre este asunto. Por ahora, se trata de una estrategia atribuida por informes, no de un compromiso confirmado.
La industria difícilmente convergerá en una prohibición total o en una aceptación sin condiciones. Lo más probable es una combinación de reglas más estrictas en recintos, mayor control de las plataformas, indicadores de grabación más difíciles de manipular, alternativas sin cámara y presión para actualizar las leyes.
El debate de fondo será distinguir entre grabar de forma visible con un teléfono y capturar imágenes o audio desde un dispositivo portátil que puede estar siempre disponible y pasar desapercibido. Esa diferencia determinará si las gafas inteligentes consiguen convertirse en una categoría cotidiana o quedan limitadas a espacios y usos donde la privacidad esté claramente protegida.