Este balance permite a Microsoft invertir con agresividad sin acercarse a los niveles de endeudamiento habituales en negocios intensivos en infraestructura. También ayuda a explicar por qué las agencias de calificación pueden aceptar que la deuda avance hacia aproximadamente 1 vez el EBITDA, incluidos los arrendamientos, a medida que se desarrolla el despliegue.
El ciclo de inversión de Microsoft es excepcionalmente grande. El gasto en propiedades y equipos alcanzó aproximadamente 116.000 millones de dólares en el ejercicio fiscal 2026, casi un 80% más que el año anterior. Si se incluyen los arrendamientos financieros, la cifra ajustada de inversión para ese ejercicio llegó a unos 175.000 millones de dólares. Microsoft también ha apuntado a un nivel de gasto cercano a 175.000 millones en el ejercicio fiscal siguiente, aunque los cambios contables modifican la forma en que algunos arrendamientos de centros de datos aparecen en el gasto de capital declarado.
Moody’s espera que el gasto de capital se mantenga en la parte alta del rango del 40% de los ingresos durante los próximos 12 a 24 meses. La agencia prevé además un déficit acumulado de flujo de caja libre de aproximadamente 4.000 millones de dólares entre los ejercicios fiscales 2027 y 2028.
La presión es relevante porque el flujo de caja libre es el principal recurso para reducir deuda, remunerar a los accionistas y financiar nuevas inversiones. Una caída trimestral superior al 23% reforzaría la preocupación de que el despliegue de IA esté consumiendo efectivo más rápido de lo que la nueva capacidad puede convertirse en ingresos.
Pero un déficit temporal no equivale a una incapacidad para hacer frente a las obligaciones. Microsoft parte de una liquidez considerable, una gran capacidad de generación de caja operativa y acceso a mercados de deuda profundos.
El principal respaldo a la perspectiva estable de Moody’s es que los indicadores de demanda subyacentes de Microsoft continúan creciendo con fuerza.
En el cuarto trimestre del ejercicio fiscal 2026, Microsoft registró 90.000 millones de dólares de ingresos, un 18% más interanual. Los ingresos de Microsoft Cloud aumentaron un 27%, hasta 59.300 millones de dólares, mientras que los ingresos de Azure y otros servicios en la nube crecieron un 43%.
Las obligaciones de desempeño comerciales pendientes —trabajo contratado que todavía no se ha reconocido como ingreso— aumentaron un 84%, hasta 678.000 millones de dólares.
Estas cifras no demuestran que cada dólar invertido en infraestructura de IA vaya a generar una rentabilidad atractiva. Sí aportan señales de demanda de los clientes y visibilidad sobre ingresos futuros. Microsoft aún debe entregar la capacidad informática asociada a esos compromisos, y el momento en que se reconocen los ingresos puede variar. Aun así, una cartera de contratos tan amplia hace que el argumento de inversión resulte más creíble que un despliegue basado únicamente en un uso futuro incierto.
Moody’s prevé que los ingresos de Microsoft crezcan aproximadamente entre un 18% y un 19% durante los próximos 12 a 24 meses, hasta alcanzar unos 466.000 millones de dólares en el ejercicio fiscal 2028. Si ese crecimiento se combina con una rentabilidad sostenida y una recuperación posterior de la caja, el aumento previsto del endeudamiento hacia una vez el EBITDA seguiría siendo manejable.
Una perspectiva crediticia estable es, ante todo, una declaración sobre la capacidad de devolver la deuda. No es una previsión de que la cotización de Microsoft vaya a subir ni elimina los riesgos de valoración derivados de unos tipos de interés elevados, una adopción de la IA más lenta o unos márgenes futuros más bajos.
Para los accionistas, el mismo gasto que puede sostener el crecimiento de la nube a largo plazo puede pesar sobre el flujo de caja libre a corto plazo. Para los tenedores de bonos, la cuestión clave es si los beneficios de Microsoft seguirán siendo suficientemente grandes frente a sus obligaciones de deuda y arrendamiento. La posición actual ofrece un colchón amplio, pero ese margen podría estrecharse si el gasto permanece elevado mientras se debilitan el crecimiento de los ingresos o los márgenes operativos.
Los indicadores más importantes serán:
La decisión sobre Microsoft llega mientras los grandes proveedores de servicios en la nube recurren cada vez más a los mercados de bonos y a otras estructuras de financiación para construir centros de datos y adquirir chips y demás infraestructura. Morgan Stanley prevé cerca de 570.000 millones de dólares en emisiones globales de deuda vinculadas a la IA en 2026, más del doble que el año anterior.
Otra estimación de Morgan Stanley citada en la cobertura de mercado sitúa en aproximadamente 1,75 billones de dólares la financiación de infraestructura de IA que podría tener que proceder de los mercados de crédito hasta 2028. Se trata de una previsión, no de un volumen de financiación comprometido, y sus consecuencias dependerán de la rapidez con que esa infraestructura genere ingresos.
El riesgo para el mercado crediticio es que la oferta de capacidad crezca más rápido que la confianza de los inversores en la rentabilidad subyacente. Reuters informó de que la deuda relacionada con la IA ya se acercaba al 15% de las emisiones de bonos con grado de inversión en 2026. Un aumento adicional de las emisiones podría elevar los costes de financiación o llevar a los inversores a diferenciar con más claridad entre las compañías con grandes reservas de efectivo y aquellas que dependen en mayor medida de nueva deuda, arrendamientos o estructuras de crédito privado.
Microsoft está mejor preparada que los prestatarios más débiles o concentrados gracias a su liquidez, sus ingresos diversificados y su franquicia consolidada en la nube. Sin embargo, una calificación Aaa no la protege de un déficit de demanda de IA, de unos costes de financiación más altos ni de una reevaluación del riesgo crediticio del sector tecnológico.
El detonante probablemente no sería un solo trimestre débil. La presión aumentaría si se mantuvieran varias tendencias negativas: un endeudamiento materialmente superior a las previsiones de Moody’s, un flujo de caja libre negativo durante más tiempo del previsto, un debilitamiento de la demanda de Azure o de IA, una compresión persistente de los márgenes o una política financiera que priorizara la expansión y las distribuciones financiadas con deuda frente a la recuperación del balance.
El mensaje de la calificación puede resumirse como confianza, pero con condiciones. Microsoft puede permitirse un ciclo de inversión extraordinario porque parte de una escala, una liquidez y una capacidad de generación de beneficios enormes. La siguiente prueba será comprobar si ese gasto se transforma en generación de caja duradera antes de que el endeudamiento y las necesidades de financiación aumenten demasiado.