Los operadores de centros de datos están absorbiendo cantidades extraordinarias de memoria para entrenar y ejecutar modelos de IA. Al mismo tiempo, los fabricantes están destinando más capacidad a productos de mayor margen, como la HBM y la DRAM de alta densidad para servidores, reduciendo la oferta disponible para otros mercados.
Una evaluación del sector señala que el coste de la DRAM utilizada en servidores de IA prácticamente se duplicó durante el primer trimestre de 2026 y anticipa aumentos mucho mayores en el conjunto del año. Otros informes recogen previsiones de proveedores que no esperan un alivio significativo antes de 2028. Son proyecciones de mercado, no resultados garantizados.
La presión tampoco se limita a la DRAM. La capacidad de NAND, utilizada en unidades SSD y otros dispositivos de almacenamiento, también está siendo orientada hacia aplicaciones empresariales y de centros de datos. Las previsiones apuntan a nuevas subidas de los precios contractuales, por lo que el problema no es exclusivamente una crisis de memoria RAM.
Para las compañías que amplían sus clústeres de IA, el impacto puede aparecer por varias vías:
Los grandes proveedores de servicios en la nube y operadores de centros de datos tienen más capacidad para reservar producción. Los compradores empresariales más pequeños podrían quedar en una posición menos favorable si la oferta continúa priorizando los pedidos relacionados con la IA.
Si los fabricantes siguen redirigiendo capacidad hacia los centros de datos, también podrían aumentar los costes de smartphones, ordenadores, televisores y tarjetas gráficas. Los fabricantes tendrían varias opciones: trasladar la subida al consumidor, reducir la memoria de los modelos básicos, eliminar otras prestaciones o aceptar márgenes más bajos.
Por eso, una subida de los precios minoristas es posible, pero no automática. El resultado dependerá de cuánto tiempo dure la escasez, de la capacidad de negociación de cada fabricante y de la demanda de cada categoría. Los dispositivos que incorporen más memoria —o componentes especialmente demandados por la IA— afrontan un riesgo mayor.
La evidencia disponible respalda una presión amplia sobre los costes de los componentes, pero no ofrece una lista completa y verificada de fabricantes de hardware informático que ya hayan aplicado subidas. Las afirmaciones sobre aumentos generalizados en toda la industria deben analizarse con cautela.
El impacto puede superar al sector tecnológico. El Banco Central Europeo ha advertido de que las expectativas de una productividad permanentemente mayor pueden impulsar el gasto de empresas y hogares antes de que esas mejoras se hagan realidad. Además, la expansión de la capacidad de computación para IA eleva la demanda de electricidad y de otros recursos escasos, lo que puede añadir presión sobre los precios durante la transición.
La autoridad monetaria suiza también ha señalado que la IA podría elevar la inflación a corto plazo, aunque el efecto final siga siendo incierto. La lógica es sencilla: la inversión en centros de datos, chips, redes y energía puede crecer con rapidez, mientras que los beneficios de productividad llegan de forma más lenta y desigual.
A corto plazo, el escenario más probable es el de equipos intensivos en memoria más caros y menos fáciles de conseguir, con los servidores de IA en la primera línea. Nvidia parece estar trasladando al menos una parte del aumento de sus costes a determinados clientes, pero el alcance exacto dependerá de cada sistema y no constituye una nueva tarifa uniforme para todo su catálogo.
A más largo plazo, la clave será la velocidad a la que los fabricantes amplíen la producción de DRAM, HBM y NAND. Si la nueva capacidad llega tarde o la demanda de IA sigue absorbiendo la mayor parte de la oferta, la presión podría prolongarse. Si, en cambio, la producción se normaliza y las ganancias de productividad se extienden por la economía, esas mejoras podrían acabar compensando parte del impacto inicial.