Esta red aporta al programa una dimensión internacional duradera. Sus miembros pueden seguir en contacto con colegas de distintos países y campos, compartir oportunidades y participar en debates sobre ciencia e innovación. El resultado es algo más amplio que una colección de ayudas individuales: una comunidad de investigadores unida por la experiencia de trabajar internacionalmente y entre disciplinas.
Eso no significa que todos los becarios de las MSCA sigan el mismo camino. El programa no garantiza un puesto en la industria, la creación de una startup ni un cargo en la administración pública. Su aportación más profunda consiste en hacer visibles y legítimas más opciones profesionales como formas de éxito investigador.
El investigador contemporáneo puede pasar de la universidad a la innovación empresarial, la salud pública, las políticas públicas o el emprendimiento sin dejar atrás su experiencia científica. Esas transiciones pueden ayudar a llevar los métodos de la investigación a nuevos contextos y públicos.
El diseño intersectorial de las MSCA facilita ese movimiento al combinar la formación científica con la colaboración y el desarrollo de competencias. También responde a una realidad cada vez más evidente: los grandes desafíos en salud, tecnología y políticas públicas requieren personas capaces de moverse entre lenguajes técnicos e instituciones diferentes.
Por eso, una carrera intersectorial no tiene por qué ser una renuncia a la investigación. Puede ser otra forma de ampliar su alcance: hacia productos, servicios, generación de evidencia, decisiones públicas y aplicación práctica.
La doctora Ornela Bardhi ofrece un ejemplo claro de este modelo profesional más amplio. Su doctorado industrial en el marco de las MSCA se centró en la aplicación de la inteligencia artificial a la medicina, específicamente al cáncer, y se desarrolló mediante investigación en varios países.
Después, su carrera atravesó distintos entornos:
Su trayectoria conecta la inteligencia artificial aplicada, la atención sanitaria, el emprendimiento, la administración pública y la industria. También muestra por qué la movilidad puede ser mucho más que un cambio de país. Pasar por distintas instituciones y sistemas permite conocer problemas, colaboradores y formas de utilizar la evidencia que después pueden resultar decisivos fuera del puesto académico convencional.
La evolución de las MSCA a lo largo de 30 años apunta a un cambio duradero en la manera de formar y reconocer el talento científico. La movilidad internacional continúa siendo una característica central, pero ahora forma parte de un marco más amplio de competencias, redes, trabajo interdisciplinario y colaboración con socios no académicos.
La carrera de Bardhi debe entenderse como una ilustración, no como una fórmula universal. No todos los investigadores se convertirán en fundadores, responsables de políticas públicas o especialistas en datos para la industria. Sin embargo, su recorrido demuestra el legado más amplio del programa: la excelencia científica puede mantenerse a través de fronteras institucionales, y una carrera investigadora puede ser internacional, no lineal y conectada con un impacto real.