El dato ilustra una paradoja: incluso detener el proyecto exige una factura enorme. Parte del dinero que debía financiar nuevas infraestructuras se utilizaría ahora para salir de contratos que ya no se consideran sostenibles en su forma original.
Otro revés afecta a Trojena, el complejo de montaña que aspiraba a convertirse en un destino de esquí en una región desértica. El proyecto estaba previsto para acoger los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029, pero no llegó a estar listo. Los Juegos se cancelaron como cita en Trojena y finalmente se celebrarán en Kazajistán.
La pérdida de ese evento también debilita uno de los plazos concretos que servían para medir el avance de Neom ante la opinión pública internacional.
La investigación describe una tensión entre las declaraciones públicas de funcionarios saudíes, que siguen presentando Neom como una prioridad de largo plazo, y las decisiones adoptadas tras las bambalinas: suspensiones, cancelaciones y una reducción de la actividad constructora.
Esa diferencia dificulta saber qué partes del plan continúan realmente, cuáles se han reducido y cuáles podrían quedar abandonadas. Además, no se ha anunciado públicamente un plan integral para gestionar las estructuras, excavaciones e infraestructuras que han quedado incompletas tras la interrupción de distintos proyectos.
La conclusión central del reportaje del Wall Street Journal es que las ambiciones tecnológicas y arquitectónicas de Neom chocaron con la capacidad financiera real del reino. El respaldo estatal permitió poner en marcha obras de una escala extraordinaria, pero no eliminó el problema de cuánto costaría terminarlas y mantenerlas.
Por eso, el panorama que emerge no es el de una ciudad futurista ya operativa, sino el de un territorio con estructuras parcialmente construidas, contratos difíciles de cerrar y un futuro todavía sin una hoja de ruta pública completa. El caso de Neom muestra que anunciar una transformación urbana de dimensiones históricas es muy distinto de financiarla y ejecutarla hasta el final.