El giro hacia estas empresas tiene más fundamento que una simple moda bursátil. Los grandes operadores estadounidenses de servicios en la nube —conocidos como hyperscalers— han comprometido en conjunto cerca de 2,4 billones de dólares para infraestructura de IA. Además, los proveedores de refrigeración, energía y conectividad cuentan, según el análisis citado, con carteras de pedidos que se extienden durante varios años.
Esa visibilidad potencial de los ingresos ayuda a explicar por qué el mercado está prestando atención a compañías que, hasta hace poco, eran prácticamente desconocidas fuera de los círculos especializados.
La primera etapa de la subida estuvo mucho más concentrada. TSMC, Samsung Electronics y SK Hynix aportaron una parte desproporcionada de las ganancias de los mercados emergentes a comienzos de 2026. Una estimación atribuye a esas tres compañías 14 de los 22 puntos porcentuales que había ganado el índice MSCI de mercados emergentes en el año.
En otras palabras, el repunte inicial fue sobre todo un rally de semiconductores. La aparición de proveedores de servidores, refrigeración y conectividad sugiere que el liderazgo podría repartirse de forma algo más amplia durante la segunda mitad del año, desde los chips hasta la infraestructura que los rodea.
Pero hay un matiz importante: la expansión sigue produciéndose dentro del mismo tema de inversión. El dinero está pasando de una capa de la cadena de valor de la IA a otra, no necesariamente hacia sectores emergentes sin relación con la tecnología.
Asia representa aproximadamente el 82% del índice MSCI de mercados emergentes, y buena parte de los ecosistemas industriales relevantes se encuentra en China, Taiwán y Corea del Sur. La región está, por tanto, bien posicionada para beneficiarse del aumento mundial de la inversión en centros de datos.
Esa misma ventaja implica un riesgo: el repunte puede estar más concentrado de lo que parece. Una subida que incorpora más nombres tecnológicos no es necesariamente un mercado ampliamente diversificado si la mayoría de esas empresas pertenece a los mismos países, depende de los mismos clientes y responde al mismo ciclo de inversión.
Un dólar más débil puede mejorar el entorno relativo para los activos y las monedas de los mercados emergentes. Al mismo tiempo, el enorme consumo eléctrico de los centros de datos abre una segunda vía de inversión relacionada con la electrificación, las redes y los equipos de suministro energético.
Estos factores pueden atraer capital hacia acciones asiáticas menos seguidas y empresas vinculadas a la infraestructura eléctrica. Sin embargo, la evidencia disponible todavía no demuestra que hayan generado una participación amplia de sectores y países de todo el universo emergente.
Los nuevos beneficiarios no están desconectados de TSMC, Samsung o SK Hynix. Sus ventas dependen, en última instancia, del mismo ciclo de gasto de los grandes operadores de centros de datos. Una desaceleración de las inversiones, la normalización de la oferta, un shock macroeconómico o una interrupción geopolítica podrían afectar al mismo tiempo a fabricantes de chips, sistemas de refrigeración, servidores y componentes ópticos.
Por eso, el avance de estas compañías no debe interpretarse automáticamente como una reducción del riesgo de la apuesta por la IA. Puede ser, sencillamente, una ampliación de esa apuesta.
La subida del 22% del índice puede ocultar una amplitud de mercado débil. Según el análisis de Neuberger Berman citado, la mayoría de los valores de mercados emergentes y de los sectores no tecnológicos había quedado rezagada al principio del año.
La incorporación de empresas pequeñas vinculadas a la IA mejora la amplitud dentro de la infraestructura tecnológica, pero no necesariamente la del mercado en su conjunto. Para demostrar que el rally es realmente sólido, las ganancias tendrían que extenderse más allá de ese grupo asiático centrado en la IA y alcanzar otros sectores y países.
Por ahora, la señal es clara: el mercado está ampliando el mapa de beneficiarios de la inteligencia artificial. La pregunta decisiva será si esa expansión representa el comienzo de una recuperación más equilibrada en los mercados emergentes o solo el siguiente capítulo de una operación todavía muy concentrada.