La cifra de unos 223.000 millones de dólares emitidos por Alphabet, Amazon, Meta y Oracle en 2026 debe interpretarse con cautela. Los recuentos publicados no siempre utilizan la misma fecha de corte ni incluyen las mismas categorías: algunos contemplan deuda privada, financiación de proyectos, proveedores o estructuras relacionadas con centros de datos, mientras que otros se limitan a los bonos emitidos directamente por las compañías.
La cuestión central no es que la deuda de la IA tenga un tamaño comparable al de la deuda pública mundial. El mecanismo es más específico: cuando muchas empresas y gobiernos intentan captar dinero al mismo tiempo para proyectos de larga duración, compiten por la misma base de inversores.
El aumento de la oferta corporativa ofrece a los inversores una alternativa a los bonos del Tesoro y a otros títulos públicos, sobre todo en los vencimientos largos. Para atraer capital, las empresas pueden tener que pagar una prima mayor sobre la deuda soberana comparable. Esa dinámica puede trasladarse parcialmente al conjunto del mercado de renta fija.
Pero los rendimientos soberanos también responden a muchos otros factores: las expectativas de inflación, los déficits presupuestarios, el volumen de deuda pública, el crecimiento económico, los riesgos geopolíticos, las expectativas sobre los bancos centrales y la prima por plazo. Los rendimientos reales —la rentabilidad después de descontar la inflación— han alcanzado máximos de más de una década en varias economías importantes mientras se aceleran tanto el endeudamiento público como el relacionado con la IA.
En Estados Unidos, el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años llegó recientemente a superar el 5,3 %, cerca de un máximo de 19 años, en un contexto de ventas generalizadas de bonos y una deuda nacional próxima a los 40 billones de dólares. La emisión de las grandes tecnológicas puede intensificar el desequilibrio entre oferta y demanda, pero la evidencia disponible no permite atribuirle por sí sola la subida de los rendimientos soberanos.
Los hiperescaladores no están recurriendo únicamente al mercado estadounidense. Alphabet recaudó 5.500 millones de dólares australianos mediante su primera emisión en el mercado australiano, distribuida en bonos con vencimientos de 3, 5, 10 y 20 años. Las órdenes de los inversores superaron los 18.000 millones de dólares australianos. Fue la primera emisión de un hiperescalador de IA en ese mercado.
El tramo a 20 años ofreció un rendimiento cercano al 7 %, alrededor del 6,98 % según los datos publicados. El resultado muestra que incluso un emisor de gran calidad crediticia puede pagar un coste significativamente mayor cuando busca diversificar sus fuentes de financiación por países y monedas.
Alphabet ya es uno de los principales prestatarios en los mercados corporativos de euros, libras esterlinas, francos suizos y yenes. Amazon, por su parte, captó 14.500 millones de euros en una operación de ocho tramos en marzo, la mayor jamás realizada en el mercado europeo de bonos corporativos.
La operación australiana —5.500 millones de dólares australianos, un vencimiento máximo de 20 años y una demanda superior a 18.000 millones— está respaldada por la información publicada. En cambio, no se puede verificar de forma independiente con las fuentes de mayor calidad consultadas la cifra concreta de unos 60.000 millones de dólares australianos como récord de emisiones extranjeras en Australia ni la proyección exacta de 1,75 billones de dólares dentro de una necesidad de financiación de 3,2 billones hasta 2028. Esas cantidades deben considerarse estimaciones pendientes de su fuente de investigación original.
Los bonos de los hiperescaladores pueden ofrecer rendimientos nominales aproximados de entre el 4,75 % y el 8 %, dependiendo del emisor y del vencimiento. Para inversores capaces de asumir riesgo de duración y de diferenciales de crédito, pueden resultar atractivos frente a algunos bonos soberanos. Las elevadas carteras de órdenes, como la registrada en la emisión australiana de Alphabet, reflejan además un fuerte interés institucional.
La deuda de Alphabet, Amazon o Meta no tiene el mismo perfil que la emitida por promotores de centros de datos, fabricantes de equipos, empresas pequeñas de IA o vehículos especiales de financiación de proyectos.
Antes de comprar, el inversor debería distinguir entre:
Una rentabilidad elevada bajo la etiqueta de “bono de IA” no compensa automáticamente esas diferencias.
Parte del atractivo de estas emisiones procede de sus largos vencimientos. Si los tipos de interés siguen subiendo, el precio de los bonos puede caer de forma considerable. Si los rendimientos bajan, el cupón contratado se vuelve más valioso, pero el inversor tendrá menos ingresos cuando deba reinvertir el capital a tipos más bajos.
Las empresas están asumiendo deuda antes de que se hayan confirmado por completo los ingresos y la rentabilidad final de la infraestructura de IA. Si la monetización avanza más despacio de lo previsto, el gasto de capital permanece elevado o la competencia reduce los márgenes de los servicios de nube e IA, podrían deteriorarse los indicadores de apalancamiento y ampliarse los diferenciales de crédito, incluso en compañías actualmente sólidas.
La demanda de los inversores sigue siendo fuerte, pero se ha vuelto más selectiva a medida que aumenta la oferta y suben los rendimientos. Algunos analistas han advertido que el mercado de bonos con grado de inversión podría no ser capaz de absorber todas las necesidades de financiación previstas de los hiperescaladores. Eso mantendría la presión para ofrecer diferenciales más amplios y cupones más altos, recurrir al crédito privado, emitir acciones o utilizar estructuras de financiación más complejas.
Para una cartera orientada a generar ingresos, el enfoque más prudente es considerar estos bonos como una asignación diversificada de crédito, no como un sustituto de los bonos del Tesoro. Conviene priorizar la solidez del balance y la posición de cada acreedor, escalonar los vencimientos y no perseguir el extremo superior del rango de rentabilidad —cerca del 8 %— sin comprender antes los riesgos adicionales de proyecto, apalancamiento, liquidez, divisa y estructura.