La cifra de unos 4.000 millones de dólares aparece en coberturas periodísticas sobre el proyecto, aunque no figura como dato central en las fichas técnicas de la NASA utilizadas para describir la misión.
La misión se conocía originalmente como WFIRST, sigla en inglés de Wide Field InfraRed Survey Telescope. En 2020 recibió el nombre de Nancy Grace Roman, la primera astrónoma jefe de la NASA y una de las figuras decisivas para que la agencia desarrollara sus grandes observatorios espaciales.
Roman tendrá un espejo primario de 2,4 metros, prácticamente del mismo tamaño que el del Hubble. La diferencia clave estará detrás del espejo: su Wide Field Instrument ofrecerá un campo de visión al menos 100 veces mayor que el del Hubble, no 50 veces. Esto permitirá estudiar regiones enormes del cielo sin sacrificar la nitidez necesaria para medir galaxias y estrellas.
Roman no está diseñado únicamente para obtener imágenes espectaculares de objetos individuales. Su gran ventaja será observar grandes poblaciones de objetos de forma sistemática y repetida.
A lo largo de su misión, el observatorio podría medir la luz de aproximadamente 1.000 millones de galaxias. Esa cantidad de datos permitirá a los científicos detectar patrones en la distribución de la materia, seguir la evolución de las galaxias y estudiar fenómenos cósmicos que resultan demasiado raros para analizar con observaciones aisladas.
El telescopio realizará varios sondeos comunitarios con el Wide Field Instrument, además de programas de astrofísica general. Sus observaciones estarán disponibles públicamente, sin un periodo exclusivo de acceso para determinados equipos científicos.
Uno de los objetivos principales de Roman es aclarar qué está provocando que la expansión del universo se acelere. Para ello, combinará distintas mediciones:
Las supernovas de tipo Ia funcionan como referencias para estimar distancias cósmicas. Por su parte, las pequeñas deformaciones observadas en las formas de las galaxias pueden revelar cómo la materia situada delante de ellas desvía su luz. Al combinar ambas técnicas, Roman ayudará a comprobar si la energía oscura se comporta como una constante cosmológica o si la gravedad opera de otra manera a escalas enormes.
Roman observará la región central y densamente poblada de la Vía Láctea durante su Galactic Bulge Time-Domain Survey, siguiendo el brillo de cientos de millones de estrellas. Una de sus principales técnicas será la microlente gravitacional.
El fenómeno ocurre cuando una estrella pasa casi por delante de otra desde la perspectiva de la Tierra. La gravedad de la estrella más cercana actúa como una lente y amplifica brevemente la luz de la estrella del fondo. Si la estrella cercana tiene planetas, estos pueden producir pequeñas variaciones adicionales en ese aumento de brillo.
Este método es especialmente útil para encontrar planetas fríos, alejados de sus estrellas e incluso mundos que vagan por la galaxia sin orbitar una estrella. Son sistemas que los sondeos basados en tránsitos —que detectan el oscurecimiento periódico de una estrella cuando un planeta pasa frente a ella— pueden pasar por alto.
La estimación actual de la NASA es que Roman podría detectar alrededor de 100.000 planetas mediante microlentes. Por eso, la cifra de hasta 200.000 que aparece en algunas previsiones no es el cálculo vigente de la agencia.
Roman también llevará un Coronagraph Instrument. Su función será bloquear parte de la intensa luz de una estrella para intentar obtener imágenes y espectros de algunos exoplanetas gigantes y de discos de polvo donde podrían estar formándose planetas.
No se trata de la búsqueda completa de mundos habitables. El coronógrafo es principalmente una demostración tecnológica: probará sistemas de supresión de luz estelar y control óptico que podrían resultar esenciales para futuras misiones destinadas a estudiar planetas parecidos a la Tierra.
La misión tendrá una duración nominal de cinco años, con un objetivo operativo de diez.
Como parte de los preparativos finales, los técnicos cargaron unos 290 galones de hidrazina, equivalentes a aproximadamente 1.100 litros, en las instalaciones del Centro Espacial Kennedy. Este combustible permitirá al observatorio ajustar su trayectoria después del lanzamiento y realizar maniobras de mantenimiento una vez que llegue a su posición de trabajo.
El punto L2 no es una órbita alrededor de la Tierra, sino una región del sistema Sol-Tierra en la que el telescopio podrá mantener una posición favorable respecto de ambos cuerpos mientras se desplaza alrededor del Sol. Desde allí, Roman tendrá condiciones adecuadas para llevar a cabo sus estudios infrarrojos.
Roman no sustituirá al telescopio espacial James Webb ni competirá directamente con él. Cada observatorio está optimizado para una tarea distinta.
Roman observará áreas muy amplias y construirá censos de galaxias, estrellas y planetas. Webb, en cambio, puede concentrarse durante más tiempo en objetos concretos para obtener observaciones más profundas y detalladas. En la práctica, Roman podrá descubrir objetos raros o científicamente importantes y señalar cuáles merecen un seguimiento exhaustivo con Webb.
Esa combinación —el mapa panorámico de Roman y la mirada profunda de Webb— permitirá estudiar el universo tanto desde la perspectiva de las grandes poblaciones como desde el detalle de sistemas individuales.
Algunas cifras difundidas sobre la misión necesitan contexto. La NASA respalda un campo de visión de al menos 100 veces el del Hubble, un potencial de aproximadamente 1.000 millones de galaxias y una previsión cercana a 100.000 planetas detectados mediante microlentes.
En cambio, las afirmaciones precisas de que Roman generará 500 terabytes de datos al año o que podrá completar en un mes un trabajo que al Hubble le llevaría un siglo no cuentan con respaldo suficiente en las fuentes oficiales disponibles para esta misión. Lo que sí está claro es el cambio de escala: Roman observará grandes extensiones del cielo con una velocidad y una cobertura que abrirán una nueva etapa para la cosmología de precisión y el estudio estadístico de los sistemas planetarios.
La cifra de unos 4.000 millones de dólares aparece en coberturas periodísticas sobre el proyecto, aunque no figura como dato central en las fichas técnicas de la NASA utilizadas para describir la misión.
La misión se conocía originalmente como WFIRST, sigla en inglés de Wide Field InfraRed Survey Telescope. En 2020 recibió el nombre de Nancy Grace Roman, la primera astrónoma jefe de la NASA y una de las figuras decisivas para que la agencia desarrollara sus grandes observatorios espaciales.
Roman tendrá un espejo primario de 2,4 metros, prácticamente del mismo tamaño que el del Hubble. La diferencia clave estará detrás del espejo: su Wide Field Instrument ofrecerá un campo de visión al menos 100 veces mayor que el del Hubble, no 50 veces. Esto permitirá estudiar regiones enormes del cielo sin sacrificar la nitidez necesaria para medir galaxias y estrellas.
Roman no está diseñado únicamente para obtener imágenes espectaculares de objetos individuales. Su gran ventaja será observar grandes poblaciones de objetos de forma sistemática y repetida.
A lo largo de su misión, el observatorio podría medir la luz de aproximadamente 1.000 millones de galaxias. Esa cantidad de datos permitirá a los científicos detectar patrones en la distribución de la materia, seguir la evolución de las galaxias y estudiar fenómenos cósmicos que resultan demasiado raros para analizar con observaciones aisladas.
El telescopio realizará varios sondeos comunitarios con el Wide Field Instrument, además de programas de astrofísica general. Sus observaciones estarán disponibles públicamente, sin un periodo exclusivo de acceso para determinados equipos científicos.
Uno de los objetivos principales de Roman es aclarar qué está provocando que la expansión del universo se acelere. Para ello, combinará distintas mediciones:
Las supernovas de tipo Ia funcionan como referencias para estimar distancias cósmicas. Por su parte, las pequeñas deformaciones observadas en las formas de las galaxias pueden revelar cómo la materia situada delante de ellas desvía su luz. Al combinar ambas técnicas, Roman ayudará a comprobar si la energía oscura se comporta como una constante cosmológica o si la gravedad opera de otra manera a escalas enormes.
Roman observará la región central y densamente poblada de la Vía Láctea durante su Galactic Bulge Time-Domain Survey, siguiendo el brillo de cientos de millones de estrellas. Una de sus principales técnicas será la microlente gravitacional.
El fenómeno ocurre cuando una estrella pasa casi por delante de otra desde la perspectiva de la Tierra. La gravedad de la estrella más cercana actúa como una lente y amplifica brevemente la luz de la estrella del fondo. Si la estrella cercana tiene planetas, estos pueden producir pequeñas variaciones adicionales en ese aumento de brillo.
Este método es especialmente útil para encontrar planetas fríos, alejados de sus estrellas e incluso mundos que vagan por la galaxia sin orbitar una estrella. Son sistemas que los sondeos basados en tránsitos —que detectan el oscurecimiento periódico de una estrella cuando un planeta pasa frente a ella— pueden pasar por alto.
La estimación actual de la NASA es que Roman podría detectar alrededor de 100.000 planetas mediante microlentes. Por eso, la cifra de hasta 200.000 que aparece en algunas previsiones no es el cálculo vigente de la agencia.
Roman también llevará un Coronagraph Instrument. Su función será bloquear parte de la intensa luz de una estrella para intentar obtener imágenes y espectros de algunos exoplanetas gigantes y de discos de polvo donde podrían estar formándose planetas.
No se trata de la búsqueda completa de mundos habitables. El coronógrafo es principalmente una demostración tecnológica: probará sistemas de supresión de luz estelar y control óptico que podrían resultar esenciales para futuras misiones destinadas a estudiar planetas parecidos a la Tierra.
La misión tendrá una duración nominal de cinco años, con un objetivo operativo de diez.
Como parte de los preparativos finales, los técnicos cargaron unos 290 galones de hidrazina, equivalentes a aproximadamente 1.100 litros, en las instalaciones del Centro Espacial Kennedy. Este combustible permitirá al observatorio ajustar su trayectoria después del lanzamiento y realizar maniobras de mantenimiento una vez que llegue a su posición de trabajo.
El punto L2 no es una órbita alrededor de la Tierra, sino una región del sistema Sol-Tierra en la que el telescopio podrá mantener una posición favorable respecto de ambos cuerpos mientras se desplaza alrededor del Sol. Desde allí, Roman tendrá condiciones adecuadas para llevar a cabo sus estudios infrarrojos.
Roman no sustituirá al telescopio espacial James Webb ni competirá directamente con él. Cada observatorio está optimizado para una tarea distinta.
Roman observará áreas muy amplias y construirá censos de galaxias, estrellas y planetas. Webb, en cambio, puede concentrarse durante más tiempo en objetos concretos para obtener observaciones más profundas y detalladas. En la práctica, Roman podrá descubrir objetos raros o científicamente importantes y señalar cuáles merecen un seguimiento exhaustivo con Webb.
Esa combinación —el mapa panorámico de Roman y la mirada profunda de Webb— permitirá estudiar el universo tanto desde la perspectiva de las grandes poblaciones como desde el detalle de sistemas individuales.
Algunas cifras difundidas sobre la misión necesitan contexto. La NASA respalda un campo de visión de al menos 100 veces el del Hubble, un potencial de aproximadamente 1.000 millones de galaxias y una previsión cercana a 100.000 planetas detectados mediante microlentes.
En cambio, las afirmaciones precisas de que Roman generará 500 terabytes de datos al año o que podrá completar en un mes un trabajo que al Hubble le llevaría un siglo no cuentan con respaldo suficiente en las fuentes oficiales disponibles para esta misión. Lo que sí está claro es el cambio de escala: Roman observará grandes extensiones del cielo con una velocidad y una cobertura que abrirán una nueva etapa para la cosmología de precisión y el estudio estadístico de los sistemas planetarios.