La joven Vía Láctea absorbió la galaxia enana Low energy Kraken Heracles (LKH) hace unos 11.800 millones de años, aproximadamente 2.000 millones de años después del Big Bang. El equipo dirigido por Davide Massari analizó 39 cúmulos globulares y distinguió los grupos originarios de la Vía Láctea, los vinculados a Gai...
Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: What evidence did NASA’s Hubble Space Telescope uncover that the young Milky Way absorbed the dwarf galaxy Low-energy-Kraken-Heracles (LKH). Article summary: Hubble’s precise measurements of inner-Milky-Way globular clusters revealed a distinct group whose shared ages and chemical abundances are best explained as debris from a previously unrecognized dwarf-galaxy merger. The . Topic tags: general, government, news, general web, academic. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, watermarks, cha
La Vía Láctea no se formó únicamente con estrellas nacidas en su propio entorno. Las observaciones del telescopio espacial Hubble aportan pruebas de que, hace unos 11.800 millones de años, la galaxia en formación absorbió una galaxia enana que hoy se conoce como Low-energy-Kraken-Heracles, o LKH. El hallazgo identifica la fusión galáctica importante más antigua conocida de la Vía Láctea y retrocede unos 1.800 millones de años la historia documentada de su ensamblaje.
La galaxia desaparecida no dejó una estructura intacta que los astrónomos pudieran fotografiar. Su rastro sobrevivió en forma de fósiles estelares: los cúmulos globulares, agrupaciones muy densas y antiguas de estrellas que conservan información sobre su origen.
Davide Massari y sus colaboradores estudiaron 39 cúmulos globulares situados en los aproximadamente 20.000 años luz más internos de la Vía Láctea. Con datos de Hubble y modelos estadísticos, calcularon sus edades relativas y su metalicidad, es decir, la abundancia de elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Esa composición química refleja el grado de enriquecimiento del gas a partir del cual nacieron distintas generaciones de estrellas.
Al comparar ambas características, los cúmulos se separaron en tres secuencias de edad y metalicidad:
Esa tercera secuencia, coherente por dentro y distinta de las otras dos, es la clave del descubrimiento. Sus edades y composición química no encajan con los cúmulos originarios de la Vía Láctea ni con los procedentes de Gaia-Sausage-Enceladus. La explicación más consistente es que se formaron en otra galaxia, absorbida posteriormente por la Vía Láctea.
La edad de un cúmulo ofrece una referencia temporal; su metalicidad funciona como una especie de registro químico del lugar donde nació. Una galaxia que forma estrellas durante sucesivas generaciones sigue una evolución química característica, porque cada generación incorpora al gas nuevos elementos pesados.
Por eso, los cúmulos nacidos en galaxias diferentes pueden conservar trayectorias distintas en el espacio de edad y metalicidad. En este caso, la tercera secuencia reúne ambos indicios: una historia química propia y una posición temporal diferente de la de los cúmulos nativos y los asociados a Gaia-Sausage-Enceladus. Las mediciones de alta precisión de Hubble permitieron separar esas poblaciones.
El equipo vinculó 12 cúmulos antiguos con LKH y los interpretó como el registro fósil superviviente de aquella galaxia absorbida. La conclusión no depende solo de dónde se encuentran hoy los cúmulos ni de cómo se mueven: combina sus edades, su química y el contexto dinámico de la región interna de la Vía Láctea.
Los investigadores estiman que LKH contenía estrellas con una masa total de unos 500 millones de veces la masa del Sol cuando se fusionó con la Vía Láctea. Es una cifra similar a la estimada para Gaia-Enceladus, lo que sitúa a LKH entre las incorporaciones relevantes de la juventud galáctica, no entre los encuentros pequeños.
La fusión tuvo lugar cuando el universo tenía menos del 15 % de su edad actual, aproximadamente 2.000 millones de años después del Big Bang según la información divulgada. El trabajo académico la sitúa a unos 1.500 millones de años del Big Bang; ambas referencias coinciden en lo esencial: ocurrió durante una etapa extremadamente temprana de la historia de la Vía Láctea.
El hallazgo cambia la imagen de cómo creció nuestra galaxia. La Vía Láctea temprana produjo estrellas internamente, pero también incorporó una cantidad sustancial de estrellas formadas fuera de ella cuando absorbió LKH. Esas estrellas pasaron a formar parte de la región interna de la galaxia junto con las nacidas en la proto-Vía Láctea y el material aportado por fusiones posteriores.
Además, el descubrimiento amplía la cronología de las grandes fusiones galácticas. Hasta ahora, la historia de ensamblaje de la Vía Láctea estaba firmemente rastreada hasta el episodio de Gaia-Sausage-Enceladus, de hace unos 10.000 millones de años en la investigación citada. LKH ofrece pruebas de una fusión importante anterior y muestra que la galaxia ya crecía mediante colisiones cuando todavía era un sistema cósmico muy joven.
La reconstrucción es un ejemplo de arqueología galáctica: estudiar estrellas y cúmulos longevos como si fueran registros de acontecimientos que ya no pueden observarse directamente. Los cúmulos globulares pueden sobrevivir a la destrucción gravitatoria de sus galaxias de origen y conservar la edad y la composición química de su formación. Al agruparlos según sus historias compartidas, los astrónomos pueden identificar fragmentos de galaxias desmanteladas hace miles de millones de años.
El material proporcionado relaciona este método —basado en la edad, la metalicidad y las huellas dinámicas— con el campo más amplio de reconstrucción de la Vía Láctea reconocido por el Premio Kavli de Astrofísica de 2026. Sin embargo, las fuentes disponibles no especifican la mención exacta del premio ni los nombres de sus galardonados, por lo que no es posible detallar esa conexión sin ir más allá de la evidencia disponible.
La misma estrategia puede servir para buscar otras fusiones antiguas. Las observaciones de Hubble sobre cúmulos globulares que aún no han sido estudiados —en especial los situados en el centro de la galaxia, una región densa y parcialmente oscurecida— podrían revelar nuevas secuencias de edad y metalicidad. Cada una podría corresponder a otro sistema externo absorbido durante el crecimiento temprano de la Vía Láctea.
Las pruebas disponibles no señalan candidatos concretos para futuras fusiones. Sí establecen, en cambio, un camino prometedor: medir la edad y la química de los cúmulos supervivientes, separar sus historias de formación y reconstruir con ellas nuevos capítulos del pasado de nuestra galaxia.
Studio Global AI
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La joven Vía Láctea absorbió la galaxia enana Low energy Kraken Heracles (LKH) hace unos 11.800 millones de años, aproximadamente 2.000 millones de años después del Big Bang.
La joven Vía Láctea absorbió la galaxia enana Low energy Kraken Heracles (LKH) hace unos 11.800 millones de años, aproximadamente 2.000 millones de años después del Big Bang. El equipo dirigido por Davide Massari analizó 39 cúmulos globulares y distinguió los grupos originarios de la Vía Láctea, los vinculados a Gaia Sausage Enceladus y una tercera población asociada con LKH.
LKH tenía una masa estelar estimada de unos 500 millones de veces la del Sol, por lo que fue una incorporación importante y no un encuentro menor.