Los BFA son compuestos semivolátiles: no desaparecen tan rápido como muchas otras moléculas olorosas de la orina. En muestras empapadas con orina y mantenidas a 25 °C, sus perfiles se conservaron relativamente estables durante al menos 24 horas.
Eso podría resolver un problema habitual de las señales olfativas: el olor general cambia con el tiempo, pero ciertos componentes asociados a la identidad del animal permanecen. Para un gato que encuentra una marca horas después, la señal seguiría ofreciendo información sobre quién estuvo allí.
Los investigadores observaron la respuesta de Flehmen, una conducta en la que el gato entreabre la boca después de olfatear, aparentemente para analizar mejor determinadas sustancias químicas. Los animales mostraron esta reacción con más frecuencia ante la orina de un gato desconocido que ante la suya propia.
Cuando se les presentó repetidamente la misma muestra, la respuesta disminuyó. Sin embargo, volvió a aumentar al sustituirla por orina de otro individuo. Este patrón de habituación y recuperación sugiere que los gatos distinguen entre señales familiares y nuevas.
En un segundo experimento, los animales se acostumbraron a una muestra y después recibieron una fracción en la que solo se había cambiado la mezcla de BFA procedente del donante, mientras se controlaban los demás lípidos urinarios. Los gatos volvieron a olfatear más, lo que aporta evidencia de que detectan las combinaciones específicas de ácidos grasos y no simplemente una diferencia general de olor.
Los investigadores hallaron compuestos urinarios relacionados y gotas lipídicas renales en leones, tigres, leopardos, jaguares, linces y gatos de Iriomote. La cantidad y distribución de las gotas, así como la composición de los perfiles químicos, variaban entre especies.
El gato de Iriomote y el gato leopardo de Tsushima también mostraron diferencias entre sí, un resultado compatible con una diversificación evolutiva del sistema. Aun así, todavía no se ha comprobado si los felinos silvestres utilizan estos compuestos para reconocerse individualmente.
Si los perfiles de BFA demuestran ser repetibles en muestras recogidas en el medio natural, la orina podría convertirse en una herramienta no invasiva para identificar o vigilar a felinos raros sin capturarlos. Esto sería potencialmente útil en programas de conservación, aunque aún se necesitan más pruebas de campo.
El conocimiento del mecanismo también podría orientar futuras estrategias para controlar el olor de la orina de los gatos domésticos. Por ahora, sin embargo, el estudio no se traduce en un producto ni en un tratamiento inmediato.
El hallazgo propone una explicación convincente para la abundancia de gotas lipídicas en los riñones felinos, pero no cierra el caso. Los científicos todavía no saben cómo se liberan los BFA almacenados en los lípidos renales ni cómo llegan exactamente a la orina.
Por eso, la conclusión principal es prudente: las gotas podrían ayudar a mantener una señal de identidad olfativa duradera, pero aún quedan por reconstruir los pasos fisiológicos que conectan el reservorio del riñón con la marca que otros gatos huelen.