Esa concentración crea un canal directo de pérdida de riqueza. Un descenso de las acciones de las llamadas “Siete Magníficas” —Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla— reduciría el valor de los ahorros y las carteras institucionales europeas. También podría deteriorar la confianza y llevar a los inversores a reducir riesgos en otros mercados.
El BCE señala un segundo canal: las bolsas europeas podrían caer ante un cambio generalizado del apetito por el riesgo. Una corrección en Estados Unidos afectaría así a Europa tanto a través de las inversiones que ya posee como mediante el endurecimiento de las condiciones globales de financiación.
La expansión de la IA también se está financiando a una escala excepcional. Goldman Sachs Research calcula que en 2026 se emitirán cerca de 500.000 millones de dólares en deuda relacionada con la IA, incluyendo bonos con grado de inversión, financiación de proyectos de alto rendimiento y crédito titulizado.
La preocupación no es solo si las grandes tecnológicas podrán devolver sus préstamos. Muchas de las mayores compañías tienen negocios sólidos y flujos de caja importantes. La duda más inmediata es si el mercado puede absorber un suministro constante de deuda a largo plazo sin exigir rentabilidades mucho más elevadas.
Reuters informó de que la deuda vinculada a la IA ya representaba cerca del 15 % de las emisiones de bonos con grado de inversión en junio, mientras los bancos diseñaban nuevas estructuras para financiar centros de datos, chips y cadenas de suministro. Los diferenciales de crédito de varios grandes inversores en IA también se ampliaron, ya que los inversores reclamaron una mayor compensación por la magnitud y la incertidumbre del ciclo de inversión.
Esto importa porque un mayor coste de la deuda puede cambiar la rentabilidad de la expansión de la IA antes de que una empresa afronte un problema convencional de solvencia. Algunos proyectos podrían retrasarse, los presupuestos de capital reducirse y las previsiones de rentabilidad revisarse.
Los bonos corporativos tradicionales son solo una parte del panorama. El Banco de Pagos Internacionales señala que los grandes proveedores de servicios en la nube —los llamados hyperscalers— han recurrido cada vez más a estructuras fuera de balance, además del endeudamiento convencional, para financiar la expansión de sus infraestructuras. También indica que los diferenciales de los seguros contra impago crediticio (CDS) aumentaron, especialmente en los hyperscalers con menor calificación, debido al volumen de nueva deuda y a la incertidumbre sobre la rentabilidad de los proyectos.
Otros análisis han señalado acuerdos con proveedores, estructuras de crédito privado y entidades relacionadas como vías adicionales para financiar centros de datos y equipos. Estas fórmulas no implican automáticamente irregularidades ni dificultades financieras inminentes. Sin embargo, pueden hacer más difícil evaluar la red completa de obligaciones, sobre todo cuando varias empresas, prestamistas y proyectos dependen de las mismas expectativas sobre la demanda futura de IA.
La preocupación histórica resulta conocida: el riesgo puede acumularse fuera de la parte más visible del balance de una compañía, de modo que los inversores tengan una visión incompleta del apalancamiento y de las interdependencias.
La comparación con el estallido de las puntocom tiene límites. Muchas de las principales empresas de IA actuales cuentan con ingresos sustanciales, productos consolidados y flujos de caja significativos. Eso las diferencia de numerosas compañías de internet de finales de los noventa, cuyas valoraciones dependían de modelos de negocio lejanos o aún no demostrados.
La diferencia apunta a un escenario menos extremo: una deflación prolongada de las valoraciones, en vez de un colapso sistémico repentino. Los precios podrían bajar mediante múltiplos de beneficios más reducidos mientras el crecimiento de las ganancias alcanza las expectativas. Las empresas también podrían recortar sus inversiones sin llegar a quebrar.
Aun así, las compañías financieramente sólidas tampoco son inmunes a una revisión de precios. Si el crecimiento esperado se ralentiza o aumenta la rentabilidad que los inversores exigen, incluso los negocios rentables pueden perder una parte considerable de su valor. La advertencia del BCE se refiere a ese mecanismo, no a que todas las grandes empresas de IA sean compañías vacías como algunas de la era puntocom.
El BCE también destaca que el colchón de política económica podría ser más limitado que después del estallido tecnológico de comienzos de los años 2000. Los tipos de interés entraron en el ciclo actual en niveles más altos y los gobiernos afrontan mayores restricciones presupuestarias. Eso podría dejar menos margen para responder a un shock de confianza con una rápida rebaja de tipos o un gran estímulo fiscal.
Esto no significa que las autoridades no pudieran actuar. Significa que las mismas herramientas podrían ofrecer un alivio menos inmediato, especialmente si una corrección bursátil coincidiera con inflación, tensiones geopolíticas o dudas sobre la deuda pública.
El riesgo más importante nace de la interacción entre las bolsas y los mercados de crédito:
La preocupación del BCE es que este bucle pase de una corrección concentrada en un pequeño grupo de tecnológicas a un deterioro de la confianza en la zona del euro, unas condiciones de financiación más restrictivas, una menor inversión empresarial y una ralentización de la contratación.
La entrada del blog del BCE no ofrece un calendario, no calcula un porcentaje concreto de caída ni afirma que un desplome sea inevitable. Su conclusión es que en algún momento cabe esperar una corrección de las valoraciones, incluso con una visión positiva sobre el futuro de la IA.
Las señales de financiación apuntan a un riesgo relacionado, aunque distinto. Casi 500.000 millones de dólares en emisiones de deuda vinculada a la IA, el aumento de la oferta de bonos y el uso de estructuras de financiación menos transparentes pueden hacer que el desarrollo del sector sea más sensible a un cambio en el apetito del mercado.
En conjunto, el mensaje no es que la IA sea una burbuja sin valor. Es que el éxito tecnológico, unas expectativas exigentes y una financiación elevada pueden coexistir; y que un ajuste del mercado aún podría extenderse mucho más allá de las empresas que están en el centro del auge.