ALICE también midió flujo colectivo anisotrópico en colisiones de oxígeno y neón. Entre los observables se encuentran el flujo elíptico, v₂, y el flujo triangular, v₃. Estos coeficientes describen si las partículas tienden a distribuirse siguiendo determinadas direcciones en el plano transversal de la colisión.
Los valores apreciables de v₂ y v₃, así como su dependencia de la centralidad —el grado de solapamiento entre los dos núcleos—, son compatibles con una expansión colectiva de tipo hidrodinámico, es decir, con un comportamiento parecido al de un fluido.
La comparación entre ambos elementos resulta especialmente informativa porque sus núcleos no tienen la misma forma. El oxígeno-16 es relativamente redondeado. El neón-20, en cambio, presenta una forma alargada o prolata, que suele compararse con una bola de bolos.
Cuando dos núcleos chocan, la zona de solapamiento inicial puede tener una geometría que no sea circular. Esa forma condiciona la expansión de la materia caliente y termina reflejándose en los ángulos con los que se emiten las partículas.
En las colisiones centrales de neón-neón, ALICE midió un coeficiente de flujo elíptico v₂ mayor que en las colisiones oxígeno-oxígeno. El resultado es el esperado si la forma alargada del neón deja una huella elíptica más intensa que la geometría aproximadamente esférica del oxígeno.
Los cálculos de estructura nuclear y las simulaciones hidrodinámicas reproducen las diferencias observadas entre ambos sistemas. Esa coincidencia respalda una explicación basada en la geometría nuclear y no únicamente en fluctuaciones aleatorias que cambian de un evento a otro.
En la práctica, los físicos no pueden fotografiar el núcleo durante el choque: la interacción ocurre en un intervalo extraordinariamente corto. En su lugar, reconstruyen su forma a partir del “rastro” que deja en el movimiento colectivo de las partículas producidas.
Las colisiones de plomo generan bolas de fuego más grandes y longevas, por lo que sus efectos colectivos son más fáciles de medir. El oxígeno y el neón ocupan una zona intermedia que permite variar el tamaño y la densidad del sistema y observar cómo emerge el comportamiento colectivo al reducir sus dimensiones.
Los resultados disponibles indican que las colisiones de oxígeno pueden mostrar tanto pérdida de energía de partones como flujo colectivo. Aun así, la relación exacta entre cada señal y las propiedades del medio sigue siendo objeto de estudio.
El trabajo ofrece un método complementario para investigar la estructura nuclear. En vez de analizar un núcleo aislado mediante una dispersión convencional, los investigadores comparan el flujo colectivo producido cuando chocan núcleos con formas intrínsecas diferentes.
La diferencia entre oxígeno y neón ayuda a restringir las condiciones iniciales que utilizan los modelos de colisiones de iones pesados. También muestra que los restos de una colisión pueden conservar información sobre la configuración de la materia antes del impacto.
El plasma de quarks y gluones se parece al estado extremo de la materia que habría existido durante los primeros microsegundos del universo, antes de que los quarks y gluones quedaran confinados dentro de hadrones.
Las colisiones de iones ligeros ofrecen un sistema más pequeño y ajustable para estudiar cómo surge ese comportamiento fluido. También permiten explorar el límite: hasta qué punto puede reducirse un sistema de colisión y seguir mostrando propiedades asociadas al plasma.
Las fuentes disponibles no confirman un calendario concreto ni identifican una lista definitiva de núcleos más ligeros que el oxígeno para las próximas campañas. Sí respaldan la realización de nuevas comparaciones entre sistemas de iones ligeros, con dos objetivos principales: determinar el tamaño y la densidad mínimos necesarios para producir un comportamiento similar al del plasma y mejorar los modelos de la geometría inicial mediante núcleos de forma conocida.
Esa falta de una respuesta definitiva forma parte de la propia pregunta científica. En la frontera de los sistemas pequeños, los investigadores deben distinguir con mayor precisión entre los efectos de la forma nuclear, las fluctuaciones iniciales y la pérdida de energía causada por el medio.
Por ahora, el programa de ALICE deja dos conclusiones conectadas: las colisiones de oxígeno muestran una señal clave de plasma de quarks y gluones, y la comparación entre oxígeno y neón convierte el patrón de partículas posterior al choque en una sonda de la forma de los núcleos.