El embargo no demuestra por sí solo que el estrecho de Ormuz vaya a cerrarse. Su importancia para los mercados radica en que eleva la probabilidad percibida de nuevas escaladas alrededor de una ruta marítima central para el conflicto y para el transporte energético.
Además, los informes de que el tráfico marítimo seguía siendo reducido, pese a la afirmación del presidente Donald Trump de que el estrecho estaba abierto, pusieron de relieve la distancia entre las declaraciones políticas y la confianza operativa de las navieras y los participantes del mercado.
El crudo avanzó mientras los inversores evaluaban la posibilidad de que nuevos incidentes militares retrasaran o limitaran los envíos de energía. La reacción reflejó una prima de riesgo: no suponía que el cierre completo del estrecho fuera inevitable.
En la instantánea de mercado disponible, el crudo cotizaba en torno a 88,25 dólares por barril, con una subida del 2,82%. Otras publicaciones mostraron precios y variaciones diferentes, una señal de que las cifras dependían considerablemente de la hora de medición.
Para Irán, un corte emiratí por tiempo indefinido amenazaba algo más que el comercio bilateral habitual. Podía dificultar la liquidación de operaciones, el acceso financiero y el movimiento de mercancías, aumentando la presión sobre una economía ya golpeada por la confrontación regional. Aun así, la información disponible no cuantificaba el comercio perdido ni identificaba todos los canales afectados, por lo que el alcance final seguía siendo incierto.
El 19 de agosto, el Tesoro de Estados Unidos anunció que aumentaría el tamaño de sus operaciones de recompra de bonos de largo plazo: el máximo pasaría de 2.000 millones a al menos 4.000 millones de dólares por operación. El cambio comenzaría el 9 de septiembre y supondría al menos 14.000 millones de dólares adicionales en recompras durante el trimestre. Las compras se concentrarían en títulos del Tesoro con vencimientos más largos.
El anuncio llegó después de que los rendimientos a largo plazo alcanzaran niveles históricamente elevados. El rendimiento del bono estadounidense a 30 años cayó casi 10 puntos básicos, hasta alrededor del 5,187%, mientras que el del bono a 10 años también retrocedió con fuerza en la reacción inicial del mercado.
El plan mejoró el sentimiento y la liquidez, aunque su tamaño era pequeño frente al conjunto del mercado de deuda estadounidense. Por eso funcionó principalmente como una señal de que las autoridades estaban dispuestas a respaldar el funcionamiento del mercado, no como una solución al problema más amplio de la deuda pública.
Los rendimientos más bajos suelen favorecer a activos que no pagan intereses, como el oro. También pueden relajar las condiciones financieras y animar a los inversores a aumentar su exposición a activos sensibles a la liquidez y al apetito por el riesgo, como el bitcóin. Esa combinación ayuda a explicar por qué ambos subieron a la vez, aunque sus características de inversión sean muy distintas.
La instantánea de mercado mostró los siguientes movimientos:
Otros datos intradía situaron la subida del oro cerca del 4%, con un máximo provisional de aproximadamente 4.527 dólares. Las cifras no son necesariamente contradictorias: corresponden a momentos, instrumentos y referencias de mercado diferentes.
El oro recibió el respaldo de varias fuerzas simultáneas: la cobertura frente al riesgo geopolítico, el temor a que el encarecimiento de la energía alimentara la inflación y la caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo. El bitcóin también se benefició del efecto de liquidez y de la mejora del apetito por el riesgo tras el giro del mercado de bonos, además de la incertidumbre macroeconómica y geopolítica.
Sin embargo, este movimiento conjunto no demuestra que el bitcóin se haya convertido en un refugio seguro fiable. El oro tiene un papel defensivo más consolidado, mientras que el bitcóin suele mostrar una volatilidad mayor y puede reaccionar tanto a la liquidez y a las posiciones especulativas como a la demanda tradicional de protección en una crisis.
La evidencia disponible apunta a una coincidencia temporal de factores, no a una correlación exacta o permanente entre bitcóin y oro.
La Reserva Federal mantuvo su tipo de referencia entre el 3,50% y el 3,75% en su reunión del 28 y 29 de julio, pero la votación fue de 9-3.
Las actas mostraron un Comité dividido entre el riesgo de inflación y la evolución de la actividad económica. Varios responsables estaban preparados para subir los tipos, mientras que muchos consideraban que una política más restrictiva podría ser necesaria si la inflación no regresaba hacia el objetivo del 2% de la Fed.
Este mensaje complicó la subida de los mercados. La caída de los rendimientos y la mayor demanda de coberturas favorecieron al oro y al bitcóin en el corto plazo, pero una inflación persistente podría provocar después la respuesta contraria: tipos oficiales más altos, condiciones financieras más estrictas y nuevas presiones sobre los activos que dependen de una liquidez abundante.
El presidente Trump afirmó que no había conversaciones en curso con Irán e insistió en que el estrecho de Ormuz estaba abierto. Esa versión contradecía la posición de Teherán, que sostenía que la vía marítima continuaba cerrada para el transporte.
La disputa era relevante para los mercados porque un avance diplomático podría reducir rápidamente la prima de riesgo del petróleo, mejorar la confianza en el transporte marítimo y disminuir las expectativas de un endurecimiento monetario provocado por la inflación energética.
A la inversa, la verificación de un ataque, un embargo prolongado o nuevas pruebas de interrupciones en el tráfico marítimo podrían reforzar la posición defensiva de los inversores.
Las preguntas inmediatas no se centraban solo en la variación de un día, sino en si estos shocks serían transitorios o persistentes. Los principales focos de atención eran:
La principal conclusión es que la subida del oro y del bitcóin respondió a varios factores interrelacionados, no a una única operación de refugio. La escalada entre Emiratos e Irán elevó el riesgo geopolítico y petrolero; el anuncio de recompras del Tesoro redujo los rendimientos a largo plazo y mejoró la percepción de liquidez; y las actas de la Fed recordaron que la inflación todavía podía obligar a endurecer la política monetaria.
Con Irán negando la acusación sobre los misiles y el estado de Ormuz aún disputado, el próximo movimiento del mercado dependería más de hechos verificables que de los titulares por sí solos.