Bitcoin avanzó inicialmente cerca de un 7%, superó los 68.000 dólares y más tarde cotizó por encima de los 69.000. Ether protagonizó un movimiento todavía más pronunciado: ganó aproximadamente entre un 17% y un 18%, recuperó los 2.000 dólares, se acercó a los 2.100 y posteriormente llegó a aproximarse a los 2.300 dólares.
La subida coincidió con otras noticias favorables para el sector. Un día antes, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) había propuesto “Regulation Crypto Assets”, un régimen adaptado para determinadas ofertas de valores vinculadas a criptoactivos. La propuesta busca establecer vías más claras para captar capital, pero no constituye una ley ni un marco ya aprobado.
Al mismo tiempo, el proyecto de ley CLARITY, centrado en la estructura regulatoria del mercado cripto, seguía bloqueado en el Congreso, por lo que la incertidumbre legislativa no había desaparecido.
La explicación principal de la velocidad y la verticalidad del movimiento está en el mercado de derivados. Muchos operadores mantenían posiciones cortas —apuestas a que los precios caerían— con apalancamiento. Cuando bitcoin y ether superaron niveles técnicos y psicológicos importantes, esas posiciones comenzaron a liquidarse.
Las plataformas y los analistas situaron las liquidaciones de posiciones cortas en unos 1.400 millones de dólares al principio del movimiento y cerca de 3.000 millones cuando el rally se extendió, una cifra que lo colocó entre los mayores short squeezes de la historia del mercado cripto.
El mecanismo es autorreforzado: una subida inicial obliga a algunos operadores bajistas a recomprar para cerrar sus posiciones; esas compras empujan el precio aún más arriba y provocan nuevas liquidaciones. En esta ocasión, ether concentró una parte importante del ajuste. Una estimación situó las liquidaciones de futuros de ETH cerca de los 382 millones de dólares, mientras que otros informes señalaron que el cruce de los 2.000 dólares obligó a recomprar posiciones bajistas apalancadas.
Por eso, el rally no debe interpretarse únicamente como una oleada de compras convencionales de inversores a largo plazo. El cierre obligado de posiciones fue un componente decisivo.
El avance de ETH por encima de los 2.000 dólares tuvo además importancia técnica: situó al activo por encima de su media móvil de 200 días, un indicador seguido habitualmente para evaluar la tendencia de largo plazo.
El nivel de 2.000 dólares pasó así de ser una zona de resistencia y liquidaciones a convertirse potencialmente en soporte. Para que esa lectura alcista gane credibilidad, ether debería conservarlo en cierres diarios y mostrar continuidad, no solo una ruptura intradía.
Antes de la ruptura también se vigilaban las zonas de 1.925 dólares y de aproximadamente 1.940–1.950 dólares. Si ETH pierde los 2.000 dólares, una vuelta hacia esa antigua área de liquidez y resistencia sería plausible.
El movimiento también contó con apoyo del mercado al contado. Los ETF estadounidenses de ether registraron, según los informes disponibles, entradas netas de unos 71,4 millones de dólares el 18 de agosto, de los que aproximadamente 64,7 millones correspondieron al fondo ETHA de BlackRock. Esa cifra apuntaba a una demanda efectiva de ETH, además de la actividad especulativa en futuros.
Posteriormente, otros reportes elevaron las entradas diarias de los ETF de ether hasta unos 189 millones de dólares a medida que el rally se ampliaba.
Sin embargo, las entradas en ETF no bastan por sí solas para demostrar que la tendencia haya cambiado de forma duradera. La prueba será si la demanda al contado continúa cuando disminuyan las liquidaciones, se normalicen el interés abierto y las tasas de financiación y desaparezca la presión compradora provocada por el cierre forzoso de cortos.
La decisión del Tesoro funcionó como un catalizador macroeconómico: el mercado la interpretó como una medida favorable para la liquidez y la combinó con el optimismo regulatorio y las entradas en ETF. Pero el tamaño de las liquidaciones muestra que el movimiento fue amplificado de forma extraordinaria por los derivados.
Para ether, las señales que confirmarían una reversión sostenible serían:
Si esas condiciones no se cumplen, la subida podría quedar como un repunte impulsado por el apalancamiento: potente mientras dura el short squeeze, pero vulnerable a una corrección cuando se agota la demanda forzosa.
Bitcoin avanzó inicialmente cerca de un 7%, superó los 68.000 dólares y más tarde cotizó por encima de los 69.000. Ether protagonizó un movimiento todavía más pronunciado: ganó aproximadamente entre un 17% y un 18%, recuperó los 2.000 dólares, se acercó a los 2.100 y posteriormente llegó a aproximarse a los 2.300 dólares.
La subida coincidió con otras noticias favorables para el sector. Un día antes, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) había propuesto “Regulation Crypto Assets”, un régimen adaptado para determinadas ofertas de valores vinculadas a criptoactivos. La propuesta busca establecer vías más claras para captar capital, pero no constituye una ley ni un marco ya aprobado.
Al mismo tiempo, el proyecto de ley CLARITY, centrado en la estructura regulatoria del mercado cripto, seguía bloqueado en el Congreso, por lo que la incertidumbre legislativa no había desaparecido.
La explicación principal de la velocidad y la verticalidad del movimiento está en el mercado de derivados. Muchos operadores mantenían posiciones cortas —apuestas a que los precios caerían— con apalancamiento. Cuando bitcoin y ether superaron niveles técnicos y psicológicos importantes, esas posiciones comenzaron a liquidarse.
Las plataformas y los analistas situaron las liquidaciones de posiciones cortas en unos 1.400 millones de dólares al principio del movimiento y cerca de 3.000 millones cuando el rally se extendió, una cifra que lo colocó entre los mayores short squeezes de la historia del mercado cripto.
El mecanismo es autorreforzado: una subida inicial obliga a algunos operadores bajistas a recomprar para cerrar sus posiciones; esas compras empujan el precio aún más arriba y provocan nuevas liquidaciones. En esta ocasión, ether concentró una parte importante del ajuste. Una estimación situó las liquidaciones de futuros de ETH cerca de los 382 millones de dólares, mientras que otros informes señalaron que el cruce de los 2.000 dólares obligó a recomprar posiciones bajistas apalancadas.
Por eso, el rally no debe interpretarse únicamente como una oleada de compras convencionales de inversores a largo plazo. El cierre obligado de posiciones fue un componente decisivo.
El avance de ETH por encima de los 2.000 dólares tuvo además importancia técnica: situó al activo por encima de su media móvil de 200 días, un indicador seguido habitualmente para evaluar la tendencia de largo plazo.
El nivel de 2.000 dólares pasó así de ser una zona de resistencia y liquidaciones a convertirse potencialmente en soporte. Para que esa lectura alcista gane credibilidad, ether debería conservarlo en cierres diarios y mostrar continuidad, no solo una ruptura intradía.
Antes de la ruptura también se vigilaban las zonas de 1.925 dólares y de aproximadamente 1.940–1.950 dólares. Si ETH pierde los 2.000 dólares, una vuelta hacia esa antigua área de liquidez y resistencia sería plausible.
El movimiento también contó con apoyo del mercado al contado. Los ETF estadounidenses de ether registraron, según los informes disponibles, entradas netas de unos 71,4 millones de dólares el 18 de agosto, de los que aproximadamente 64,7 millones correspondieron al fondo ETHA de BlackRock. Esa cifra apuntaba a una demanda efectiva de ETH, además de la actividad especulativa en futuros.
Posteriormente, otros reportes elevaron las entradas diarias de los ETF de ether hasta unos 189 millones de dólares a medida que el rally se ampliaba.
Sin embargo, las entradas en ETF no bastan por sí solas para demostrar que la tendencia haya cambiado de forma duradera. La prueba será si la demanda al contado continúa cuando disminuyan las liquidaciones, se normalicen el interés abierto y las tasas de financiación y desaparezca la presión compradora provocada por el cierre forzoso de cortos.
La decisión del Tesoro funcionó como un catalizador macroeconómico: el mercado la interpretó como una medida favorable para la liquidez y la combinó con el optimismo regulatorio y las entradas en ETF. Pero el tamaño de las liquidaciones muestra que el movimiento fue amplificado de forma extraordinaria por los derivados.
Para ether, las señales que confirmarían una reversión sostenible serían:
Si esas condiciones no se cumplen, la subida podría quedar como un repunte impulsado por el apalancamiento: potente mientras dura el short squeeze, pero vulnerable a una corrección cuando se agota la demanda forzosa.