Los sistemas de IA necesitan mucha más memoria que buena parte de las cargas informáticas tradicionales. La HBM debe ofrecer un ancho de banda muy elevado para alimentar a los aceleradores, mientras que los servidores requieren grandes cantidades de DRAM convencional. Esa combinación ha llevado a los fabricantes a priorizar los productos con mayores márgenes.
Construir nuevas fábricas de semiconductores no resuelve el problema de inmediato: hacen falta años para levantar las instalaciones, instalar los equipos, aumentar los rendimientos y certificar la producción. Según varios informes, Samsung, SK hynix y Micron —los tres grandes fabricantes mundiales de memoria— ya han asignado buena parte de su producción prevista de DRAM y HBM para 2027 mediante reservas anticipadas y contratos de largo plazo.
El director ejecutivo de SK hynix, Kwak Noh-jung, ha advertido de que 2027 podría ser el peor año de escasez de la historia del sector. Esa afirmación es una previsión empresarial, no una certeza compartida por todo el mercado, pero ilustra hasta qué punto los clientes están intentando asegurar suministro con años de antelación.
El coste de la DRAM utilizada en servidores de IA aproximadamente se duplicó durante el primer trimestre de 2026 y se proyectó un aumento de alrededor de cuatro veces para el conjunto del año. Los precios contractuales de la DRAM generalista y de la memoria NAND también registraron fuertes subidas.
Eso no significa que un portátil o un teléfono vaya a costar automáticamente cuatro veces más. La memoria es solo una partida del coste de materiales de un producto terminado, junto con el procesador, la pantalla, la batería, el chasis, el software, el transporte, los aranceles, la distribución y el margen comercial. Los fabricantes pueden trasladar una parte del aumento al comprador, reducir la memoria incluida o cobrar más por las configuraciones superiores.
Para Samsung, SK hynix y Micron, la situación tiene una cara favorable: más poder de fijación de precios, una demanda más previsible y mayores niveles de utilización de sus fábricas. Pero el negocio de la memoria ha sido históricamente cíclico. Las tres compañías intentan convencer a los inversores de que los acuerdos plurianuales con clientes de IA pueden evitar el patrón tradicional de expansión de capacidad, exceso de oferta y desplome de precios.
Los vehículos modernos utilizan DRAM y NAND en los cuadros de instrumentos digitales, sistemas de infoentretenimiento, asistentes avanzados a la conducción —ADAS, por sus siglas en inglés— y funciones de conducción automatizada. A medida que los coches incorporan más pantallas, sensores, conectividad y software, también aumenta su necesidad de memoria.
Ford ha indicado que la subida de la DRAM y otros costes relacionados con la inflación añadiría aproximadamente 1.000 millones de dólares a sus costes en 2026, aunque la compañía espera compensar parte del impacto con ahorros en materiales y garantías. Además, General Motors y Ford han buscado acuerdos de suministro a largo plazo con Micron para asegurar memoria y almacenamiento destinados a futuros vehículos.
Conviene separar dos cifras que a menudo se presentan juntas. Un aumento de 2.000 dólares sobre un vehículo de unos 50.000 dólares equivale aproximadamente al 4%, una magnitud compatible con la previsión de un analista que anticipa una subida media de “unos pocos puntos porcentuales”.
En cambio, pasar de 50.000 a 60.000 dólares supondría un incremento de 10.000 dólares, o del 20%. La evidencia disponible no demuestra que el coste de la memoria, por sí solo, pueda provocar una subida de esa magnitud.
Las estimaciones publicadas sitúan el contenido directo de memoria en los vehículos de gama media y alta aproximadamente entre 90 y 220 dólares por unidad, aunque algunos modelos muy avanzados superan los 500 dólares. Por tanto, una subida de 2.000 dólares tendría que incluir otros factores: semiconductores adicionales, problemas logísticos, aranceles, mano de obra, financiación, márgenes o nuevas funciones del vehículo. No sería correcto atribuirla únicamente a la DRAM y la NAND.
Los productos más expuestos son los que incorporan mucha memoria y compiten en segmentos sensibles al precio:
No existe, con la evidencia disponible, una cifra fiable y uniforme de aumento para cada categoría. Las predicciones de subidas idénticas para todos los dispositivos deben entenderse como escenarios, no como hechos confirmados. Organizaciones del sector han advertido de que la escasez puede elevar los precios de los bienes de consumo y alterar las cadenas de suministro.
El escenario central apunta a una oferta tensionada durante 2027. El alivio significativo sería más probable entre 2028 y 2029, cuando entren en funcionamiento nuevas capacidades, aunque el calendario dependerá de que el gasto de los centros de datos de IA mantenga el ritmo actual.
Algunos ejecutivos del sector sostienen que la demanda podría superar a la oferta durante mucho más tiempo. Micron también ha señalado que las condiciones ajustadas podrían prolongarse más allá de 2027, pero este tipo de pronósticos no equivale a un consenso definitivo del mercado.
La escasez actual también puede estar amplificando la demanda aparente. Cuando una empresa teme quedarse sin chips, puede pedir más unidades de las que necesita, reservar capacidad adicional o acumular inventario. Si muchos clientes hacen lo mismo, cada eslabón de la cadena interpreta esas órdenes como una señal de demanda aún mayor. Este fenómeno se conoce como efecto látigo o bullwhip effect.
El problema aparece cuando llegan simultáneamente nuevas fábricas, se ralentiza el gasto de capital en IA, los proveedores de servicios en la nube terminan de absorber sus servidores o las mejoras de eficiencia reducen la memoria necesaria por unidad de cálculo. En ese escenario, los pedidos duplicados pueden convertirse en un exceso de inventario y desencadenar una caída brusca de precios: el mecanismo clásico de los ciclos de auge y desplome de la memoria.
Los contratos de varios años, los anticipos y la necesidad real de memoria de la IA hacen que este ciclo sea potencialmente menos frágil que los anteriores. Aportan visibilidad y pueden evitar que toda la demanda dependa del mercado al contado. Sin embargo, no eliminan las cancelaciones, renegociaciones, concentraciones de clientes ni una posible caída de la demanda de DRAM y NAND convencionales.
Por eso, una corrección de las valoraciones similar a la de otros episodios de exuberancia tecnológica sigue siendo posible si las expectativas superan a los envíos reales, incluso en un escenario donde la demanda estructural de IA continúe siendo sólida.
Los sistemas de IA necesitan mucha más memoria que buena parte de las cargas informáticas tradicionales. La HBM debe ofrecer un ancho de banda muy elevado para alimentar a los aceleradores, mientras que los servidores requieren grandes cantidades de DRAM convencional. Esa combinación ha llevado a los fabricantes a priorizar los productos con mayores márgenes.
Construir nuevas fábricas de semiconductores no resuelve el problema de inmediato: hacen falta años para levantar las instalaciones, instalar los equipos, aumentar los rendimientos y certificar la producción. Según varios informes, Samsung, SK hynix y Micron —los tres grandes fabricantes mundiales de memoria— ya han asignado buena parte de su producción prevista de DRAM y HBM para 2027 mediante reservas anticipadas y contratos de largo plazo.
El director ejecutivo de SK hynix, Kwak Noh-jung, ha advertido de que 2027 podría ser el peor año de escasez de la historia del sector. Esa afirmación es una previsión empresarial, no una certeza compartida por todo el mercado, pero ilustra hasta qué punto los clientes están intentando asegurar suministro con años de antelación.
El coste de la DRAM utilizada en servidores de IA aproximadamente se duplicó durante el primer trimestre de 2026 y se proyectó un aumento de alrededor de cuatro veces para el conjunto del año. Los precios contractuales de la DRAM generalista y de la memoria NAND también registraron fuertes subidas.
Eso no significa que un portátil o un teléfono vaya a costar automáticamente cuatro veces más. La memoria es solo una partida del coste de materiales de un producto terminado, junto con el procesador, la pantalla, la batería, el chasis, el software, el transporte, los aranceles, la distribución y el margen comercial. Los fabricantes pueden trasladar una parte del aumento al comprador, reducir la memoria incluida o cobrar más por las configuraciones superiores.
Para Samsung, SK hynix y Micron, la situación tiene una cara favorable: más poder de fijación de precios, una demanda más previsible y mayores niveles de utilización de sus fábricas. Pero el negocio de la memoria ha sido históricamente cíclico. Las tres compañías intentan convencer a los inversores de que los acuerdos plurianuales con clientes de IA pueden evitar el patrón tradicional de expansión de capacidad, exceso de oferta y desplome de precios.
Los vehículos modernos utilizan DRAM y NAND en los cuadros de instrumentos digitales, sistemas de infoentretenimiento, asistentes avanzados a la conducción —ADAS, por sus siglas en inglés— y funciones de conducción automatizada. A medida que los coches incorporan más pantallas, sensores, conectividad y software, también aumenta su necesidad de memoria.
Ford ha indicado que la subida de la DRAM y otros costes relacionados con la inflación añadiría aproximadamente 1.000 millones de dólares a sus costes en 2026, aunque la compañía espera compensar parte del impacto con ahorros en materiales y garantías. Además, General Motors y Ford han buscado acuerdos de suministro a largo plazo con Micron para asegurar memoria y almacenamiento destinados a futuros vehículos.
Conviene separar dos cifras que a menudo se presentan juntas. Un aumento de 2.000 dólares sobre un vehículo de unos 50.000 dólares equivale aproximadamente al 4%, una magnitud compatible con la previsión de un analista que anticipa una subida media de “unos pocos puntos porcentuales”.
En cambio, pasar de 50.000 a 60.000 dólares supondría un incremento de 10.000 dólares, o del 20%. La evidencia disponible no demuestra que el coste de la memoria, por sí solo, pueda provocar una subida de esa magnitud.
Las estimaciones publicadas sitúan el contenido directo de memoria en los vehículos de gama media y alta aproximadamente entre 90 y 220 dólares por unidad, aunque algunos modelos muy avanzados superan los 500 dólares. Por tanto, una subida de 2.000 dólares tendría que incluir otros factores: semiconductores adicionales, problemas logísticos, aranceles, mano de obra, financiación, márgenes o nuevas funciones del vehículo. No sería correcto atribuirla únicamente a la DRAM y la NAND.
Los productos más expuestos son los que incorporan mucha memoria y compiten en segmentos sensibles al precio:
No existe, con la evidencia disponible, una cifra fiable y uniforme de aumento para cada categoría. Las predicciones de subidas idénticas para todos los dispositivos deben entenderse como escenarios, no como hechos confirmados. Organizaciones del sector han advertido de que la escasez puede elevar los precios de los bienes de consumo y alterar las cadenas de suministro.
El escenario central apunta a una oferta tensionada durante 2027. El alivio significativo sería más probable entre 2028 y 2029, cuando entren en funcionamiento nuevas capacidades, aunque el calendario dependerá de que el gasto de los centros de datos de IA mantenga el ritmo actual.
Algunos ejecutivos del sector sostienen que la demanda podría superar a la oferta durante mucho más tiempo. Micron también ha señalado que las condiciones ajustadas podrían prolongarse más allá de 2027, pero este tipo de pronósticos no equivale a un consenso definitivo del mercado.
La escasez actual también puede estar amplificando la demanda aparente. Cuando una empresa teme quedarse sin chips, puede pedir más unidades de las que necesita, reservar capacidad adicional o acumular inventario. Si muchos clientes hacen lo mismo, cada eslabón de la cadena interpreta esas órdenes como una señal de demanda aún mayor. Este fenómeno se conoce como efecto látigo o bullwhip effect.
El problema aparece cuando llegan simultáneamente nuevas fábricas, se ralentiza el gasto de capital en IA, los proveedores de servicios en la nube terminan de absorber sus servidores o las mejoras de eficiencia reducen la memoria necesaria por unidad de cálculo. En ese escenario, los pedidos duplicados pueden convertirse en un exceso de inventario y desencadenar una caída brusca de precios: el mecanismo clásico de los ciclos de auge y desplome de la memoria.
Los contratos de varios años, los anticipos y la necesidad real de memoria de la IA hacen que este ciclo sea potencialmente menos frágil que los anteriores. Aportan visibilidad y pueden evitar que toda la demanda dependa del mercado al contado. Sin embargo, no eliminan las cancelaciones, renegociaciones, concentraciones de clientes ni una posible caída de la demanda de DRAM y NAND convencionales.
Por eso, una corrección de las valoraciones similar a la de otros episodios de exuberancia tecnológica sigue siendo posible si las expectativas superan a los envíos reales, incluso en un escenario donde la demanda estructural de IA continúe siendo sólida.