Ese mismo día, los hutíes aseguraron haber atacado objetivos saudíes, entre ellos un aeropuerto y una instalación de Aramco en la región de Nayrán. Las autoridades saudíes y Aramco no habían confirmado esas afirmaciones en la información disponible para este artículo.
El actual ciclo de violencia entre Arabia Saudí y los hutíes siguió al fin de un periodo de relativa calma de cuatro años. El 13 de julio, un ataque alcanzó la pista del aeropuerto internacional de Saná cuando, según los reportes, un avión iraní tenía previsto aterrizar allí. El Gobierno yemení reconocido internacionalmente asumió la responsabilidad de la operación, mientras los hutíes culparon a Arabia Saudí.
Después, los hutíes lanzaron misiles hacia territorio saudí, incluido el aeropuerto de Abha, en lo que describieron como una represalia. La coalición liderada por Arabia Saudí afirmó que sus defensas aéreas neutralizaron los proyectiles y que no hubo víctimas en ese incidente.
La secuencia transformó una disputa sobre el acceso a zonas de Yemen controladas por los hutíes en un renovado intercambio de ataques entre Riad y el movimiento alineado con Irán.
El 20 de julio, los hutíes anunciaron lo que denominaron un “embargo marítimo” contra Arabia Saudí. El grupo dijo que la medida respondía a las restricciones saudíes sobre puertos y aeropuertos de zonas del noroeste de Yemen bajo control hutí. Sus comunicados advirtieron a los buques vinculados con Arabia Saudí que se mantuvieran alejados del estrecho de Bab el Mandeb y de los puertos saudíes del mar Rojo.
Bab el Mandeb es la puerta meridional del mar Rojo. Por eso, cualquier amenaza contra la navegación puede afectar a las rutas comerciales y al transporte de energía mucho más allá del campo de batalla yemení. Posteriormente se informó de ataques o intentos de ataque contra petroleros saudíes, instalaciones petroleras y otros buques.
La crisis marítima está conectada con la del golfo Pérsico: los problemas en el mar Rojo reducen la utilidad de una posible ruta alternativa al estrecho de Ormuz, mientras que la interrupción del tráfico en Ormuz aumenta la importancia estratégica de Bab el Mandeb y del mar Rojo.
La BBC describió la amenaza para los petroleros como la peor desde el inicio de la guerra con Irán y señaló que el tráfico por Ormuz había caído con fuerza respecto a los niveles anteriores al conflicto.
La importancia estratégica de la advertencia de Mohebí es que los aliados regionales de Irán podrían imponer costes a Arabia Saudí y a la navegación internacional sin que Teherán tenga que asumir públicamente cada operación.
Un alto funcionario saudí citado por Reuters afirmó que los servicios de inteligencia de Arabia Saudí, Estados Unidos y otros países de la región apuntaban a posibles ataques coordinados de grupos armados iraquíes y de los hutíes, bajo la presunta supervisión de la Guardia Revolucionaria. Según esa evaluación, los objetivos podrían incluir instalaciones energéticas, puertos y aeropuertos.
Otros reportes, basados en comunicaciones interceptadas y en información de inteligencia, sostuvieron que la Guardia Revolucionaria había enviado comandantes a zonas de Yemen controladas por los hutíes, proporcionado datos de inteligencia y objetivos, y supervisado el despliegue de misiles, armas navales y lanzadores de drones con vistas al mar Rojo.
Son acusaciones relevantes, pero deben entenderse como evaluaciones de inteligencia difundidas por distintas fuentes, no como hechos establecidos de manera independiente. La información disponible tampoco demuestra que los hutíes estuvieran a punto de ocupar territorio en torno a Bab el Mandeb ni confirma afirmaciones precisas sobre la interrupción de las operaciones de carga de petróleo saudí.
La declaración iraní llega en un contexto en el que varios escenarios están cada vez más conectados:
Por eso el mensaje de Mohebí importa aunque proceda de un portavoz militar iraní. Presenta la confrontación entre Riad y los hutíes como una pieza de una disputa regional más amplia, en la que los ataques contra infraestructuras, puertos y buques pueden generar presión política y económica muy lejos de Yemen.
Riad ha combinado la presión militar con una iniciativa de seguridad marítima. La coalición liderada por Arabia Saudí, que respalda al Gobierno yemení reconocido internacionalmente, ya había prometido responder con una “determinación y fuerza sin precedentes” a cualquier amenaza contra el reino.
El 30 de julio, Arabia Saudí anunció planes para crear un marco multinacional de seguridad marítima. La coalición pretende reforzar la seguridad en el mar, proteger la libertad de navegación y asegurar las rutas internacionales de comercio y energía en el mar Rojo, Bab el Mandeb y el golfo de Adén.
La creación de esta alianza muestra hasta qué punto el conflicto se ha regionalizado. La respuesta ya no depende únicamente de las defensas aéreas saudíes o de las operaciones dentro de Yemen: también incluye un esfuerzo multinacional para mantener abiertas las rutas comerciales y proteger intereses marítimos compartidos.
Mohebí advirtió que Arabia Saudí no podrá contener a los hutíes ni defenderse de forma fiable de sus represalias. Su mensaje llegó después de una cadena documentada de escalada: el ataque del 13 de julio contra el aeropuerto de Saná, los lanzamientos hutíes contra Arabia Saudí y el anuncio del embargo marítimo del 20 de julio.
El peligro va más allá de otro intercambio de ataques entre Riad y los hutíes. La conexión entre Yemen, el mar Rojo y el golfo Pérsico podría convertir una confrontación localizada en una amenaza prolongada para la seguridad regional, el transporte de energía y el comercio internacional.
Las fuentes disponibles respaldan esa evaluación de riesgo. Sin embargo, las afirmaciones sobre planes operativos concretos, porcentajes exactos de carga petrolera suspendida y el grado de control directo de la Guardia Revolucionaria sobre las operaciones hutíes siguen sin estar verificadas.