Open Pangram no identifica una “firma” individual del autor. Evalúa combinaciones de patrones de lenguaje que aparecen con más frecuencia en textos generados o modificados por IA que en textos escritos por personas. Entre los ejemplos citados por Pew están el uso más frecuente de la raya —o em dash—, de la coma de Oxford, de vocabulario favorecido por los modelos y de estructuras conocidas como paralelismos negativos, como “no solo X, sino también Y”.
Estos rasgos pueden aparecer también en textos humanos. Del mismo modo, un texto producido con ayuda de IA puede haber sido revisado y cambiado de manera importante por una persona. Por eso, el resultado más preciso es que una página muestra “señales de autoría o edición significativa por IA”, no que sea necesariamente contenido escrito íntegramente por una máquina.
Los detectores de IA pueden cometer falsos positivos —marcar como artificial un texto humano— y falsos negativos —no detectar un texto generado por una máquina—. Incluso las evaluaciones que muestran un buen rendimiento dependen del tipo de texto, la extensión, los modelos analizados y las modificaciones aplicadas al contenido. Estudios externos han encontrado diferencias importantes entre herramientas y condiciones de prueba.
El propio alcance del estudio también impone límites:
El hallazgo de Pew sugiere que la web no es únicamente un lugar donde existe contenido generado por IA: cada vez más textos públicos publicados recientemente parecen estar mediados, al menos en parte, por estas herramientas. La proporción es especialmente alta en las páginas nuevas y varía según el tipo de dominio.
El resultado coincide en el tiempo con otro cambio señalado por Cloudflare: en mayo de 2026, el tráfico no humano superó al humano en su red. Esa estadística, sin embargo, mide solicitudes automatizadas y bots; no mide cuántas páginas fueron escritas con inteligencia artificial.
Vistos juntos, ambos fenómenos describen una web cada vez más producida, rastreada e influida por sistemas automatizados. No prueban que la IA haya sustituido a los autores humanos ni que las personas hayan dejado de ser los principales usuarios de internet.