La magnitud del problema se aprecia en los flujos estimados por la EIA: el crudo y los líquidos petrolíferos transportados por Ormuz promediaron 4,9 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026, frente a 21,6 millones de barriles diarios en el cuarto trimestre de 2025. Los cierres de producción regionales promediaron 5,5 millones de barriles diarios en julio, frente a los 7,5 millones estimados para junio.
Las rutas alternativas solo pueden absorber una parte del tráfico perdido. Los trayectos que utilizan el mar Rojo, el canal de Suez o el oleoducto SUMED son más largos y costosos, y además están limitados por la capacidad disponible. Por eso, el mercado depende no solo de cuánto petróleo se extrae, sino también de si puede llegar de forma segura a los compradores.
La reducción de los envíos por Ormuz provocará nuevas retiradas de inventarios mundiales en los próximos meses. La EIA prevé que las reservas comerciales de crudo de Estados Unidos permanezcan por debajo del mínimo de los últimos cinco años —2021-2025— hasta finales de 2026. La demanda de las refinerías estadounidenses, el aumento de las exportaciones de crudo y la reducción de las importaciones contribuyen a esa presión.
La evaluación de agosto de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) muestra hasta qué punto se ha reducido el colchón global. Los inventarios mundiales medibles cayeron 69 millones de barriles en julio y se situaron unos 410 millones de barriles por debajo del nivel registrado al comienzo del conflicto.
Eso no significa automáticamente que el mundo vaya a quedarse sin petróleo. Las reservas estratégicas, otros proveedores, una menor demanda y los cargamentos desviados pueden amortiguar la interrupción. Sin embargo, unos inventarios más reducidos dejan menos margen ante un nuevo problema de transporte, una avería productiva o una escalada en torno a otra ruta de exportación importante.
La EIA espera que la mayor parte de la producción regional de crudo se acerque a los promedios anteriores al conflicto a comienzos de 2027. Aun así, calcula que alrededor de 600.000 barriles diarios de producción de Oriente Medio seguirán interrumpidos hasta finales de 2027.
La diferencia es relevante. La reapertura de las principales rutas marítimas podría devolver al mercado una parte sustancial del volumen perdido, pero no todos los yacimientos ni todos los sistemas de exportación podrán reiniciarse de inmediato. Los riesgos de seguridad, los daños en las infraestructuras, las dificultades logísticas y la coordinación necesaria para reanudar completamente la actividad pueden mantener una brecha de oferta incluso después de que mejore el comercio.
El escenario de la EIA supone que los flujos por Ormuz se recuperarán gradualmente, no que volverán de golpe a la normalidad. Eso explica que los precios puedan bajar en 2027 pese a que la región conserve una interrupción cuantificable.
El informe de agosto de la AIE aporta una lectura más dura del balance de 2026. La agencia prevé que la oferta mundial de petróleo disminuya en 4,3 millones de barriles diarios, hasta 102 millones de barriles diarios. El crecimiento de 1,4 millones de barriles diarios previsto en América compensaría solo una parte de las pérdidas en Oriente Medio y Rusia.
Al mismo tiempo, la AIE espera que la demanda mundial se reduzca en aproximadamente 1,56 millones de barriles diarios, hasta 103,29 millones, debido a que los precios elevados y la disponibilidad limitada debilitan el consumo.
Incluso con esa destrucción de demanda, la agencia calcula un déficit considerable: unos 1,8 millones de barriles diarios en el trimestre actual. También ha informado de que las pérdidas acumuladas de suministro de Oriente Medio superaron 1.300 millones de barriles, mientras que los flujos por Ormuz promediaron apenas 2,7 millones de barriles diarios entre marzo y mayo, frente a unos 20 millones antes del conflicto.
Las previsiones de la EIA y la AIE no son necesariamente contradictorias. La EIA pone el foco en la trayectoria esperada de los precios, la recuperación de la producción y la reposición de inventarios bajo sus hipótesis. La AIE, en cambio, subraya la profundidad del déficit actual y la fuerte caída de la oferta anual. Las diferencias reflejan modelos, fechas de publicación y supuestos distintos sobre la velocidad con que se recuperarán el transporte y la producción.
La AIE también señaló que las exportaciones regionales —incluidos los cargamentos que utilizan rutas alternativas a Ormuz— cayeron 2,1 millones de barriles diarios en julio, hasta un promedio de 15 millones de barriles diarios.
La evidencia disponible no permite añadir a esta comparación una previsión precisa de la actividad de las refinerías de la AIE ni una cifra específica sobre los inventarios de diésel en Estados Unidos. Esos datos no deben presentarse como conclusiones confirmadas de las evaluaciones de agosto citadas.
El problema no se limita al volumen de petróleo que puede circular legalmente y con cobertura de seguro por la región. Windward identificó el fondeadero de Koh-e-Mubarak como un centro activo de evasión de sanciones y de transferencias de barco a barco. La firma evaluó que aproximadamente 20 buques estaban implicados y confirmó la presencia de ocho buques designados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC).
El hallazgo apunta a un entorno marítimo más opaco alrededor de este punto estratégico. Algunos cargamentos pueden seguir desplazándose por canales informales o de mayor riesgo, pero esas operaciones elevan los riesgos de vigilancia, seguros, seguridad, atribución y escalada. Por tanto, un aumento de la actividad de los buques no debe interpretarse automáticamente como una restauración completa del comercio petrolero normal.
La previsión de agosto de la EIA describe una escasez inmediata seguida de una recuperación incompleta. El Brent promediaría unos 87 dólares por barril en 2026 y bajaría hacia 69 dólares en 2027 conforme mejoren la producción y los inventarios. Sin embargo, la agencia todavía espera que unos 600.000 barriles diarios de producción de Oriente Medio permanezcan interrumpidos hasta finales de 2027.
Las cifras de la AIE resaltan el peligro inmediato: las pérdidas de oferta son suficientemente grandes como para generar un déficit importante incluso después de que se debilite la demanda, mientras los inventarios ya han caído con fuerza. La variable decisiva para la siguiente etapa del mercado no será simplemente si la producción vuelve, sino si se restablece un transporte regional fiable, asegurable y transparente.