Lo más prudente es concluir que el volumen es importante, pero imposible de verificar con precisión. Funcionarios estadounidenses afirmaron que casi 9 millones de barriles diarios estaban saliendo de la región, mientras que empresas especializadas en rastrear buques calculaban como máximo aproximadamente la mitad. El apagado del AIS y las transferencias en alta mar dificultan determinar tanto el origen del crudo como el volumen real transportado.
Algunas estimaciones señalan que unos 150 buques se concentran actualmente frente a Omán, frente a alrededor de 40 en enero. Esta cifra procede de una fuente sectorial de menor confianza y debe interpretarse como una indicación de la expansión de la red, no como un recuento definitivo.
Irak ha sido el principal aporte adicional. El aumento de sus exportaciones compensó parcialmente la caída de Emiratos Árabes Unidos en julio. Ese mes, las exportaciones de crudo y condensado de los países del Golfo sumaron 10,7 millones de barriles diarios, todavía cerca de un 40 % por debajo de los niveles anteriores a la guerra.
El crudo iraquí también se está comercializando fuera del estrecho. Totsa, la división de comercialización de TotalEnergies, ofreció cargamentos iraquíes para embarque más allá de Ormuz. La operación sugiere que los intermediarios están formalizando la entrega en alta mar, en lugar de depender exclusivamente de viajes directos desde las terminales de Basora.
Saudi Aramco y ADNOC, la compañía petrolera estatal de Abu Dabi, han ofrecido a algunos refinadores asiáticos crudo entregado fuera de Ormuz mediante acuerdos privados. En el caso saudí, las conversaciones contemplaban transferencias de crudo Arab Medium y Arab Heavy frente a Fujairah. Así, los compradores pueden utilizar buques que nunca entran en la zona más amenazada, mientras los pequeños petroleros asumen el mayor riesgo del tránsito.
China sigue siendo un comprador esencial, pero sus navieras estatales están evitando el tramo más peligroso. COSCO Shipping Energy Transportation y China Merchants Energy Shipping habrían dejado de enviar sus propios petroleros por Ormuz y por el mar Rojo desde finales de julio, y ahora recogen los cargamentos fuera del Golfo. En la práctica, China mantiene el acceso al crudo, pero traslada el riesgo a los buques lanzadera del lado del Golfo y a navieras no chinas.
La demanda china también ha funcionado como amortiguador. Las llegadas de crudo a China fueron de 8,41 millones de barriles diarios en julio. Reuters describió al país como el principal responsable del ajuste de la demanda necesario para absorber la reducción de los envíos procedentes de Oriente Medio.
Los refinadores independientes chinos —conocidos en el mercado como teapots— también compraron grandes volúmenes de crudo no sancionado de Irak, Emiratos Árabes Unidos y Qatar cuando estuvo disponible con descuento. En julio, sus compras de crudo de esos tres países alcanzaron entre 16 y 20,5 millones de barriles, según fuentes comerciales citadas por Reuters.
Ese comportamiento ha reducido la presión inmediata sobre el mercado, pero no elimina el problema. China puede recortar sus compras o utilizar inventarios; sin embargo, no está claro cuánto petróleo almacenado tiene disponible comercialmente. Si las refinerías vuelven a comprar con fuerza, las reservas son menores de lo supuesto o Pekín exige entregas directas y seguras en lugar de transferencias en alta mar, el colchón aparente podría desaparecer con rapidez. La decisión de sus propias navieras de evitar Ormuz es, precisamente, una señal de esa vulnerabilidad.
La red clandestina ha impedido que el cierre de Ormuz se convierta en un corte físico total. El aumento de los envíos iraquíes, las ofertas de entrega alternativa de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, y la reducción o reorientación de la demanda china han limitado el déficit inmediato. Bloomberg informó de que estos flujos ayudaron a mantener el Brent aproximadamente entre 80 y 90 dólares por barril, en lugar de acercarse a los 150 dólares que se temían al comienzo de la guerra.
El ajuste de la demanda ha sido tan importante como la oferta adicional. China importó 8,41 millones de barriles diarios en julio, aunque esa cifra seguía un 24,3 % por debajo de julio del año anterior.
Pero se trata de un límite temporal a los precios, no de una recuperación de la normalidad:
Por eso el mercado puede mostrar precios relativamente contenidos y, al mismo tiempo, estar consumiendo inventarios y acumulando un riesgo considerable para los meses siguientes.
Riesgo militar. Los ataques iraníes ya han ralentizado las transferencias entre petroleros en el golfo de Omán. Las autoridades de Emiratos Árabes Unidos afirmaron que Irán atacó dos buques de ADNOC en Ormuz. Una nueva campaña contra los petroleros lanzadera, las zonas de transferencia, los pilotos o los medios de escolta podría detener la red rápidamente.
Seguridad marítima y medioambiente. Las operaciones nocturnas, las maniobras a corta distancia, el apagado del AIS y las entregas aceleradas elevan el riesgo de colisiones, encallamientos y vertidos. La falta de datos de localización también puede retrasar las labores de rescate y la respuesta ante la contaminación. Las fuentes consultadas no permiten verificar un recuento agregado y fiable de víctimas o del volumen actual de posibles vertidos.
Escasez de petroleros y seguros más caros. El sistema consume muchos buques: un solo cargamento puede requerir un petrolero lanzadera dentro o cerca del Golfo y otro buque oceánico para el trayecto hacia Asia. Reuters ya ha informado de escasez de petroleros que afecta a otras cargas regionales. La competencia por las embarcaciones disponibles puede elevar los fletes, las primas de seguro y los recargos por riesgo de guerra.
Las rutas alternativas tampoco son plenamente seguras. Las exportaciones saudíes por el mar Rojo están expuestas a ataques hutíes; uno de ellos fue reivindicado contra un petrolero saudí frente a Yanbu. Entregar el crudo frente a Omán o Fujairah reduce la exposición al tramo más peligroso de Ormuz, pero no elimina el riesgo de una escalada regional.
Los oleoductos de desvío tienen una capacidad limitada. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que evitan Ormuz, pero son activos fijos, visibles y de capacidad finita. La información disponible no demuestra que puedan compensar por sí solos la pérdida del transporte marítimo normal. Si alguno sufriera daños, la red de transferencias en alta mar se volvería todavía más importante.
El gas natural licuado puede agravar el impacto. Las fuentes consultadas no confirman una declaración específica y vigente de fuerza mayor para cargamentos de GNL. Aun así, una interrupción del GNL catarí o de la capacidad naviera añadiría presión al mercado energético, competiría por buques y aumentaría la preocupación por la seguridad energética de Asia. Shell estimó que la disrupción de Ormuz había dejado fuera de servicio aproximadamente una quinta parte del suministro mensual mundial de GNL desde el inicio del conflicto.
En resumen, la red clandestina ha reducido la probabilidad de una subida inmediata del petróleo a 150 dólares, pero no ha resuelto la crisis. Ha trasladado el riesgo a un sistema concentrado y difícil de asegurar, basado en buques pequeños, transferencias opacas y reservas cuya disponibilidad real no está clara. Un ataque exitoso, un vertido importante o la pérdida de escoltas y petroleros suficientes podría transformar rápidamente una escasez gestionada en una disrupción física y un nuevo salto de precios.