El anuncio llegó después de una fuerte venta de bonos estadounidenses. El rendimiento del bono a 30 años superó el 5,30%, un nivel próximo a un máximo de 19 años, lo que elevó la preocupación por la velocidad y la magnitud del repunte de los costes de financiación del Gobierno.
El volumen adicional de recompras es pequeño frente al tamaño total del mercado del Tesoro. Aun así, el anuncio funcionó como una señal de que las autoridades estaban incómodas con el rápido aumento de los rendimientos y querían estabilizar el extremo largo de la curva.
Al anunciar que compraría más deuda de largo plazo, el Tesoro redujo temporalmente la presión vendedora sobre esos bonos. Cuando sube la demanda de un bono, su precio tiende a aumentar y su rendimiento a caer. Esa fue la reacción inicial en los vencimientos largos estadounidenses y también en otros mercados globales.
La caída de los rendimientos restó atractivo relativo a los activos denominados en dólares para los inversores internacionales. Como resultado, el dólar se debilitó frente a varias monedas importantes. El yen avanzó moderadamente hasta 159,32 yenes por dólar, alejándose del nivel de 160, seguido de cerca por el mercado.
La moneda japonesa también contaba con un apoyo adicional: la reciente intervención de Estados Unidos y Japón para respaldar al yen después de su fuerte depreciación.
El analista de Deutsche Bank George Saravelos comparó la estrategia con una «Operación Twist», una expresión asociada a medidas que buscan influir en la forma de la curva de rendimientos: contener los tipos de largo plazo mientras se mantiene una política más firme en otros tramos. También la describió como una forma de «represión financiera blanda», es decir, una intervención oficial destinada a limitar los costes de financiación a largo plazo en lugar de dejar que el mercado los determine sin apoyo.
Según esa lectura, el Tesoro tendría que emitir más letras —deuda con vencimientos más cortos— para financiar la retirada de duración del mercado. Una mayor dependencia de las letras acortaría el vencimiento medio efectivo de la financiación pública. Deutsche Bank sostiene que esa combinación podría reducir el atractivo de los bonos estadounidenses de larga duración para los inversores extranjeros y resultar estructuralmente negativa para el dólar, aunque ayude a estabilizar el mercado en el corto plazo.
La medida también podría complicar el trabajo de la Reserva Federal. Si el Tesoro reduce directamente los rendimientos largos, la Fed podría necesitar mantener una postura monetaria más restrictiva de la que aplicaría en otras circunstancias para conservar unas condiciones financieras suficientemente firmes y su credibilidad frente a la inflación. Esta es una caracterización analítica de Deutsche Bank, no un resultado de política económica demostrado por la evidencia disponible.
Las actas de la última reunión del Comité Federal de Mercado Abierto —el FOMC, el órgano de la Reserva Federal que fija los tipos— eran el siguiente foco de atención. Varios responsables estaban dispuestos a subir los tipos si la inflación no descendía, por lo que un mensaje claramente duro podría impulsar temporalmente los rendimientos y el dólar.
Al mismo tiempo, el presidente de la Fed, Kevin Warsh, se comprometió a contener la inflación, pero ofreció poca orientación sobre los pasos concretos del banco central. Esa falta de claridad deja al mercado con más dudas sobre la reacción de la Fed y sobre la trayectoria futura de los tipos.
El petróleo también seguía cerca de máximos de tres semanas por las tensiones en Oriente Medio, un factor que puede reavivar los riesgos inflacionarios, presionar al alza los rendimientos y dificultar las decisiones de política monetaria.
El resultado dependerá del equilibrio entre dos fuerzas. Una inflación persistente, un petróleo caro o una Fed más agresiva podrían mantener elevados los rendimientos largos. En cambio, señales de desaceleración económica o la posibilidad de que la Fed no materialice todas las subidas de tipos que el mercado ha descontado favorecerían una nueva caída de los rendimientos y prolongarían la debilidad del dólar.
En este segundo escenario, las recompras del Tesoro reforzarían la presión bajista sobre el dólar al limitar los rendimientos largos y reducir el respaldo que estos ofrecen a la moneda estadounidense. El yen sería uno de los principales beneficiarios, además del apoyo que ya recibe de las intervenciones cambiarias recientes.