ChatGPT Enterprise también ofrece controles de retención configurables por la organización. Sin embargo, esos controles complementan la propuesta ZDR de la API, que establece un marco más estricto para los casos de uso y endpoints que cumplen los requisitos.
Anthropic sostiene que, por defecto, no utiliza para entrenar sus modelos las entradas y salidas de sus productos comerciales, como Claude para empresas o la API. La compañía indica que los datos pueden emplearse si el cliente proporciona comentarios, informa de errores o autoriza de otra manera ese uso.
Por tanto, la estrategia de OpenAI no demuestra que Anthropic entrene por defecto con datos empresariales. Su argumento competitivo es más específico: diferenciarse por las condiciones de retención y por la forma en que se llevan a cabo los procesos de seguridad, especialmente en implementaciones que exigen que el contenido permanezca bajo control del cliente.
La diferencia puede ser relevante para una empresa que quiera utilizar modelos avanzados con información confidencial. En esos casos, la pregunta no es únicamente qué modelo responde mejor, sino qué proveedor ofrece garantías más claras sobre almacenamiento, acceso humano, auditoría, eliminación y prevención del uso indebido.
El contexto financiero ayuda a explicar la ofensiva. Según documentos vistos por Bloomberg, Anthropic registró ingresos preliminares de más de 11.500 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026, frente a 787 millones en el mismo periodo del año anterior: un aumento de más de catorce veces.
Además, Anthropic comunicó a inversores que su ritmo anualizado de ingresos superó los 65.000 millones de dólares a finales de julio. OpenAI, por su parte, habría alcanzado recientemente un ritmo anualizado de unos 40.000 millones.
Estas cifras son estimaciones de ritmo anualizado y datos preliminares de empresas privadas; no equivalen a estados financieros auditados directamente comparables. Aun así, muestran por qué OpenAI busca ventajas que vayan más allá del rendimiento del modelo. En un mercado empresarial cada vez más competitivo, prometer que los datos no se conservan —sin renunciar a detectar patrones peligrosos— puede convertirse en un factor decisivo para cerrar contratos.