Aunque el Pentágono recibió la orden de aplicar el recorte, funcionarios militares estadounidenses y surcoreanos siguieron describiendo los ejercicios como entrenamiento de preparación y defensa. El presidente surcoreano Lee afirmó que las maniobras de defensa civil eran defensivas y no estaban dirigidas contra Corea del Norte. El Gobierno surcoreano también señaló que estaba revisando los comentarios de Trump relacionados con Irán.
Pyongyang, sin embargo, interpreta habitualmente estos ejercicios como ensayos para una invasión. La agencia estatal KCNA calificó a Estados Unidos y Corea del Sur de “belicistas” y afirmó que Corea del Norte continuará ejerciendo su derecho a la autodefensa frente a las amenazas militares de ambos países.
Kim Yo Jong también dijo que desconocía cualquier comunicación directa reciente entre Trump y Kim Jong-un. La afirmación contradice al presidente estadounidense, quien había asegurado que el líder norcoreano había respondido positivamente a sus intentos de contacto.
Aun así, Kim Yo Jong describió como “excelente” la relación personal entre su hermano y Trump. La distinción es significativa: Pyongyang puede reconocer una buena relación personal sin mostrar disposición a reabrir negociaciones sobre su programa nuclear.
Los analistas ven, como máximo, una oportunidad limitada para explorar un diálogo, no pruebas de que vaya a celebrarse pronto una cumbre o de que exista un acuerdo inminente. La posición norcoreana sigue siendo que su condición nuclear no es negociable, y una evaluación sostiene que Pyongyang difícilmente participará de manera sustantiva si Washington no modifica su política de desnuclearización.
Corea del Norte ha continuado desarrollando sus capacidades nucleares y de misiles. Además, su asociación militar con Rusia le proporciona armas, apoyo económico y político, experiencia derivada del campo de batalla y una menor dependencia de las concesiones estadounidenses. Sus vínculos estratégicos con Rusia y China también reducen el aislamiento que antes daba a Washington mayor capacidad de presión.
En ese contexto, Kim Jong-un podría exigir el reconocimiento de Corea del Norte como potencia nuclear o aceptar únicamente medidas limitadas de control de armamento, en lugar de asumir las condiciones de desnuclearización que hicieron fracasar las conversaciones anteriores con Trump.
La relación que Trump estableció entre la reducción de los ejercicios y la negativa de Corea del Sur a participar en acciones contra Irán sugiere que la decisión pudo funcionar también como mecanismo de presión sobre un aliado, y no solo como una iniciativa hacia Corea del Norte.
Ese vínculo puede complicar la diplomacia. El recorte podría crear una oportunidad táctica para el contacto con Pyongyang, pero también puede debilitar la confianza surcoreana en la disuasión estadounidense y reducir la coordinación entre los aliados, elementos necesarios para sostener negociaciones de largo plazo.
El desenlace más probable a corto plazo es un contacto exploratorio o una reunión de alto valor simbólico, no un acuerdo integral de desnuclearización. Una cumbre sustantiva probablemente exigiría que Washington aceptara un marco gradual de control de armas —congelación, verificación y medidas para reducir riesgos—, mientras Pyongyang necesitaría incentivos suficientemente fuertes para compensar los beneficios de seguridad y económicos que ahora obtiene de sus relaciones con Rusia y China.