Estas cifras pueden cambiar antes de la reunión, pero muestran que una subida en septiembre dejó de ser una posibilidad marginal y pasó a convertirse en el escenario central para muchos operadores.
Tres fuentes familiarizadas con las deliberaciones del BOJ dijeron a Reuters que el banco podría elevar los tipos tan pronto como en septiembre y estudiar una estrategia más agresiva posteriormente, frente a su ritmo reciente de unas dos subidas al año. Una de las fuentes afirmó que una subida temprana “ha entrado en el campo de visión” del banco, en referencia a la reunión del 17 y 18 de septiembre.
El dato es relevante, aunque debe interpretarse con cuidado: se trata de información basada en fuentes anónimas y no de una comunicación oficial ni de una promesa del BOJ.
Además, el calendario de intervenciones públicas de varios miembros del consejo antes de la reunión podría ofrecer nuevas pistas sobre el tono del debate.
El BOJ mantuvo su tipo en el 1% a finales de julio, pero advirtió por primera vez que la inflación subyacente podría superar su objetivo y señaló que las próximas discusiones se centrarían en los riesgos alcistas para los precios.
Los datos de inflación mayorista de julio también mostraron que las presiones sobre los precios seguían siendo amplias, lo que reforzó las expectativas de una subida en septiembre.
Con una inflación aproximada del 1,6% en algunas mediciones, un tipo nominal del 1% continúa siendo negativo en términos reales. Esa configuración implica que las condiciones financieras siguen siendo relativamente acomodaticias y ofrece al banco central un argumento para retirar parte del estímulo, especialmente si la debilidad del yen encarece las importaciones y afecta a los hogares y los comercios.
Kenya Koshimizu, responsable de mercados de Mizuho, considera “bastante alta” la probabilidad de una subida en septiembre y espera que el BOJ acorte el intervalo entre movimientos. Su escenario contempla dos aumentos adicionales de 25 puntos básicos antes de terminar el año, lo que llevaría el tipo hasta el 1,5%.
La previsión encaja con el argumento de que la inflación y el yen débil obligan al BOJ a actuar con mayor rapidez. Pero sigue siendo la opinión de un participante del mercado, no una orientación oficial del banco central.
La presión sobre la moneda japonesa es otro de los motivos para considerar una subida. A finales de julio, Japón y Estados Unidos coordinaron una intervención para comprar yenes y vender dólares, una operación excepcional que reflejó la preocupación oficial por la depreciación de la moneda.
El yen se recuperó inicialmente, pero volvió a situarse cerca de 159,20-159,30 yenes por dólar y permaneció por debajo del nivel psicológicamente importante de 160. Reuters informó de que los efectos de la intervención empezaban a desvanecerse y que una nueva aproximación a 160 podía reavivar el riesgo de otra operación.
La intervención puede ganar tiempo, pero difícilmente corrige por sí sola el amplio diferencial de tipos entre Japón y Estados Unidos. Por eso, algunos analistas sostienen que el BOJ tendrá que acompañar las operaciones cambiarias con una política monetaria más restrictiva si quiere respaldar al yen de forma duradera.
Los datos más suaves de la actividad estadounidense, junto con una inflación contenida, redujeron las expectativas de una subida inmediata de la Reserva Federal. A mediados de agosto, los mercados asignaban cerca de un 31% de probabilidad a un alza de la Fed en septiembre y alrededor de un 69% para diciembre.
Si el BOJ sube los tipos mientras la Fed espera, la divergencia prevista entre ambas políticas se volvería menos desfavorable para el yen. Aun así, el diferencial de tipos entre Japón y Estados Unidos seguiría siendo amplio, por lo que una sola subida del BOJ no garantizaría una recuperación sostenida de la moneda.
La economía japonesa creció apenas un 0,3% intertrimestral entre abril y junio, equivalente a un ritmo anualizado del 1,1%. La cifra quedó por debajo de la previsión del 2%, debido a la debilidad del consumo de los hogares y del gasto empresarial.
En condiciones normales, un dato así podría llevar al banco central a retrasar una subida. No obstante, Reuters señaló que el resultado probablemente no bastaría por sí solo para descartar un aumento cercano, porque las presiones inflacionarias y la debilidad del yen siguen pesando en la decisión.
El BOJ afronta, por tanto, un equilibrio delicado: endurecer la política para contener los precios y sostener el yen sin frenar aún más una recuperación que ya muestra señales de fragilidad.
También existe desacuerdo sobre hasta dónde podrían llegar los tipos. La llamada tasa neutral —el nivel que ni estimula ni frena la economía— es difícil de calcular y podría situarse en un rango amplio, aproximadamente entre el 1% y el 2,5%. Si la inversión de capital genera mejoras duraderas de productividad, ese nivel neutral podría aumentar y justificar un tipo oficial final más elevado.
Algunas previsiones sitúan el destino del BOJ en el 1,5% o el 1,75%, mientras que otros analistas han defendido un nivel superior al 2%. Estas son opiniones externas y no demuestran que el banco central haya adoptado una cifra concreta como objetivo final.
Un calendario de aumentos cada tres meses no está garantizado. Los mayores rendimientos de los bonos encarecerían la financiación del Gobierno japonés y podrían intensificar la sensibilidad política y financiera en torno a la deuda pública. Al mismo tiempo, una nueva caída del yen hacia 160 o más podría provocar otra intervención cambiaria.
Ambas fuerzas pueden actuar en sentidos opuestos. Una intervención podría reducir temporalmente la necesidad de subir los tipos, pero si sus efectos vuelven a disiparse también aumentaría la presión para atacar la causa subyacente de la debilidad del yen: el diferencial de rendimientos con Estados Unidos.
El conjunto de señales favorece una subida del BOJ en septiembre: las apuestas del mercado rondan el 80%, Reuters informa de que el banco estudia un movimiento temprano y la inflación junto con la debilidad del yen hacen que mantener los tipos en el 1% resulte cada vez más difícil de justificar.
Un ritmo trimestral de endurecimiento también es plausible si persisten las presiones sobre los precios y la moneda. Pero ni la subida de septiembre ni un tipo del 1,5% a final de año deben considerarse seguros. El crecimiento decepcionante, los riesgos fiscales y la incertidumbre sobre la tasa neutral todavía pueden obligar al BOJ a avanzar de forma más gradual.