El principal choque se centró en la exigencia de Netanyahu de que Israel conserve la capacidad de realizar ataques selectivos contra miembros de Hamás presuntamente implicados en el ataque del 7 de octubre de 2023. Kushner presionó para que las partes avanzaran dentro del marco del alto el fuego, mientras el primer ministro israelí defendió la continuidad de las operaciones contra quienes, según Israel, siguen representando una amenaza.
El plan presentado por Estados Unidos y la llamada Junta de Paz contempla un proceso gradual: Hamás entregaría sus armas por fases, Israel retiraría progresivamente sus fuerzas y, posteriormente, comenzaría la reconstrucción de Gaza. La propuesta también prevé avanzar hacia una nueva estructura de administración y seguridad para el territorio.
Netanyahu planteó una secuencia mucho más estricta: ningún repliegue militar ni reconstrucción hasta que Hamás esté desarmado de forma completa y verificable en toda Gaza. Esa diferencia sobre qué debe ocurrir primero —el desarme o la retirada— continúa bloqueando la aplicación del plan.
Aunque no hubo un compromiso político definitivo, funcionarios israelíes y estadounidenses dijeron que se crearán dos grupos de trabajo. Uno se ocupará del desarme de Hamás y la desmilitarización de Gaza; el otro abordará la infraestructura civil, incluidos el saneamiento, el agua potable y cuestiones de salud pública.
También se analizó la posibilidad de que un general estadounidense supervise la entrega de armas o su desmantelamiento. Según funcionarios israelíes, el acuerdo de trabajo mantendría a las fuerzas israelíes en el territorio hasta que el desarme se complete.
Kushner afirmó que la reconstrucción no comenzará mientras Hamás conserve sus armas. También advirtió que, si el grupo no cumple su compromiso de desarmarse, Estados Unidos ofrecería a Israel un respaldo más amplio para reanudar sus operaciones militares.
La comunicación pública israelí mostró, sin embargo, dos tonos distintos. Los mensajes en inglés describieron las conversaciones como constructivas y hablaron de avances, mientras que las declaraciones en hebreo y las informaciones de funcionarios israelíes subrayaron que el ejército permanecería en Gaza y conservaría libertad de acción. El resultado fue una reunión de tono optimista, pero sin una solución sustancial al bloqueo.
Hamás no aceptó la secuencia defendida por Netanyahu. El grupo dijo que la aplicación de la hoja de ruta depende de que Israel cumpla antes sus obligaciones del alto el fuego de octubre de 2025, incluido el cese de las violaciones y el avance hacia la retirada acordada.
Así, ambas partes exigen que la otra dé el primer paso: Israel reclama el desarme completo de Hamás antes de retirarse, mientras Hamás pide que Israel detenga los ataques y cumpla sus compromisos antes de entregar sus armas.
El martes, un ataque aéreo israelí alcanzó la cafetería «Sweet and Bitter», en la zona del puerto pesquero de Ciudad de Gaza, un lugar donde se habían refugiado personas desplazadas. Funcionarios médicos palestinos informaron de al menos seis muertos, incluido un niño, y 14 heridos.
El ejército israelí afirmó que el objetivo eran varios comandantes de Hamás que, según su versión, estaban preparando ataques contra sus tropas, y no la población civil ni la cafetería como tal.
El ataque reforzó la percepción palestina de que la diplomacia está desconectada de la situación inmediata de seguridad y de las necesidades humanitarias de quienes siguen viviendo entre bombardeos y desplazamientos.
La posición de Netanyahu llega antes de las elecciones israelíes del 27 de octubre. Analistas consideran que hacer concesiones visibles —como aceptar una retirada sin un desarme completo de Hamás— podría tener un coste político para el primer ministro, especialmente frente a los sectores más duros de su coalición.
Por ahora, los grupos de trabajo y la posible supervisión estadounidense ofrecen un mecanismo para seguir negociando, pero no resuelven la disputa central. Mientras Israel insiste en el desarme previo y Hamás reclama primero el cumplimiento del alto el fuego, no hay señales claras de que el plan pueda traducirse pronto en una retirada, una reconstrucción o un cese sostenido de los ataques.
El principal choque se centró en la exigencia de Netanyahu de que Israel conserve la capacidad de realizar ataques selectivos contra miembros de Hamás presuntamente implicados en el ataque del 7 de octubre de 2023. Kushner presionó para que las partes avanzaran dentro del marco del alto el fuego, mientras el primer ministro israelí defendió la continuidad de las operaciones contra quienes, según Israel, siguen representando una amenaza.
El plan presentado por Estados Unidos y la llamada Junta de Paz contempla un proceso gradual: Hamás entregaría sus armas por fases, Israel retiraría progresivamente sus fuerzas y, posteriormente, comenzaría la reconstrucción de Gaza. La propuesta también prevé avanzar hacia una nueva estructura de administración y seguridad para el territorio.
Netanyahu planteó una secuencia mucho más estricta: ningún repliegue militar ni reconstrucción hasta que Hamás esté desarmado de forma completa y verificable en toda Gaza. Esa diferencia sobre qué debe ocurrir primero —el desarme o la retirada— continúa bloqueando la aplicación del plan.
Aunque no hubo un compromiso político definitivo, funcionarios israelíes y estadounidenses dijeron que se crearán dos grupos de trabajo. Uno se ocupará del desarme de Hamás y la desmilitarización de Gaza; el otro abordará la infraestructura civil, incluidos el saneamiento, el agua potable y cuestiones de salud pública.
También se analizó la posibilidad de que un general estadounidense supervise la entrega de armas o su desmantelamiento. Según funcionarios israelíes, el acuerdo de trabajo mantendría a las fuerzas israelíes en el territorio hasta que el desarme se complete.
Kushner afirmó que la reconstrucción no comenzará mientras Hamás conserve sus armas. También advirtió que, si el grupo no cumple su compromiso de desarmarse, Estados Unidos ofrecería a Israel un respaldo más amplio para reanudar sus operaciones militares.
La comunicación pública israelí mostró, sin embargo, dos tonos distintos. Los mensajes en inglés describieron las conversaciones como constructivas y hablaron de avances, mientras que las declaraciones en hebreo y las informaciones de funcionarios israelíes subrayaron que el ejército permanecería en Gaza y conservaría libertad de acción. El resultado fue una reunión de tono optimista, pero sin una solución sustancial al bloqueo.
Hamás no aceptó la secuencia defendida por Netanyahu. El grupo dijo que la aplicación de la hoja de ruta depende de que Israel cumpla antes sus obligaciones del alto el fuego de octubre de 2025, incluido el cese de las violaciones y el avance hacia la retirada acordada.
Así, ambas partes exigen que la otra dé el primer paso: Israel reclama el desarme completo de Hamás antes de retirarse, mientras Hamás pide que Israel detenga los ataques y cumpla sus compromisos antes de entregar sus armas.
El martes, un ataque aéreo israelí alcanzó la cafetería «Sweet and Bitter», en la zona del puerto pesquero de Ciudad de Gaza, un lugar donde se habían refugiado personas desplazadas. Funcionarios médicos palestinos informaron de al menos seis muertos, incluido un niño, y 14 heridos.
El ejército israelí afirmó que el objetivo eran varios comandantes de Hamás que, según su versión, estaban preparando ataques contra sus tropas, y no la población civil ni la cafetería como tal.
El ataque reforzó la percepción palestina de que la diplomacia está desconectada de la situación inmediata de seguridad y de las necesidades humanitarias de quienes siguen viviendo entre bombardeos y desplazamientos.
La posición de Netanyahu llega antes de las elecciones israelíes del 27 de octubre. Analistas consideran que hacer concesiones visibles —como aceptar una retirada sin un desarme completo de Hamás— podría tener un coste político para el primer ministro, especialmente frente a los sectores más duros de su coalición.
Por ahora, los grupos de trabajo y la posible supervisión estadounidense ofrecen un mecanismo para seguir negociando, pero no resuelven la disputa central. Mientras Israel insiste en el desarme previo y Hamás reclama primero el cumplimiento del alto el fuego, no hay señales claras de que el plan pueda traducirse pronto en una retirada, una reconstrucción o un cese sostenido de los ataques.