Se trata de proyecciones de modelos, no de una predicción de que todas las personas mayores de una región sufrirán el mismo desenlace. El riesgo depende de la humedad, la duración de la exposición, el esfuerzo físico, la hidratación, el estado de salud y el acceso a refugios y sistemas de refrigeración, entre otros factores locales e individuales.
El cuerpo elimina calor mediante mecanismos como la sudoración y el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel. Con la edad, la tolerancia térmica puede disminuir. Además, una función cardiovascular más débil, una menor respuesta de sudoración y enfermedades crónicas cardiovasculares, respiratorias o renales pueden hacer más peligrosa una exposición prolongada.
Muchos estudios globales previos sobre el calor empleaban umbrales medidos en adultos jóvenes y sanos o utilizaban criterios ambientales generales. Ese enfoque puede pasar por alto las diferencias entre grupos de edad y hacer que una combinación peligrosa de temperatura y humedad parezca menos grave de lo que realmente es para quienes tienen una capacidad de enfriamiento reducida.
El estrés térmico incompensable aparece cuando el cuerpo no consigue perder calor al mismo ritmo que lo gana. La sudoración y las demás respuestas de enfriamiento dejan de ser suficientes, por lo que la temperatura interna continúa aumentando. En condiciones ligeramente superiores al límite de tolerancia de una persona, el organismo puede alcanzar niveles compatibles con un golpe de calor en aproximadamente entre tres y diez horas, según la información proporcionada sobre el estudio.
Por eso, el peligro no depende únicamente de la temperatura que marca el termómetro. Una temperatura del aire relativamente menor puede ser peligrosa si la humedad impide que el sudor se evapore. El riesgo también cambia según el viento, la ropa, la actividad física, la hidratación, la edad y el estado de salud.
El análisis combinó límites térmicos medidos en laboratorio para adultos jóvenes, de mediana edad y mayores con proyecciones climáticas y demográficas. Los experimentos subyacentes incluían tres grupos: adultos jóvenes de 15 a 39 años, adultos de mediana edad de 40 a 59 y personas mayores de 60.
Los investigadores utilizaron experimentos de tolerancia basados en la temperatura de bulbo húmedo para estimar cuándo el calor y la humedad superarían la capacidad del cuerpo para regular su temperatura. Después cartografiaron la exposición bajo escenarios de calentamiento de aproximadamente 1 °C a 4 °C por encima de los niveles preindustriales, junto con proyecciones de población hasta 2100.
El método se diferencia de aplicar un único umbral a toda la población. Su objetivo es mostrar no solo dónde el calor se vuelve peligroso, sino también cómo cambia la carga a medida que aumenta el calentamiento y envejece la población.
Con 3 °C de calentamiento, India, China, Pakistán y Bangladesh podrían reunir unos 1.500 millones de personas expuestas de forma repetida a un calor incompensable: casi tres cuartas partes del total mundial proyectado.
Algunos países podrían registrar una exposición especialmente elevada en proporción a su población. La información difundida sobre el estudio estima que Baréin y Qatar podrían tener expuesta a toda su población, que Emiratos Árabes Unidos se acercaría al 95% y que Pakistán podría alcanzar casi 295 millones de personas afectadas, más del 80% de su población.
En Bangladesh, Camboya y varios países del Golfo, todos los residentes mayores podrían quedar expuestos bajo determinados escenarios. Por encima de 3 °C de calentamiento, las personas mayores de las zonas más afectadas podrían enfrentar un calor peligroso tanto de día como de noche durante meses consecutivos, con pocas oportunidades para que el cuerpo se recupere.
La exposición proyectada se concentra en numerosas regiones tropicales y subtropicales donde la pobreza, una infraestructura eléctrica limitada, el acceso restringido al aire acondicionado y otras barreras de adaptación pueden dificultar la protección de los residentes vulnerables. Los investigadores advierten que esta combinación podría contribuir al desplazamiento interno y, en determinadas circunstancias, a la migración climática transfronteriza.
Esta es una posible consecuencia del riesgo, no una previsión cuantificada de migración. La evidencia proporcionada identifica la posibilidad de desplazamientos, pero no ofrece una cifra precisa de futuros migrantes atribuibles a esta exposición al calor.
La forma más clara de limitar la exposición futura es frenar el calentamiento adicional mediante una reducción rápida de las emisiones. Las estimaciones aumentan con fuerza por cada grado adicional, de modo que la mitigación también reduce la magnitud del desafío de adaptación.
El estudio apunta asimismo a la necesidad de planes de acción frente al calor que incorporen el riesgo específico por edad. Entre las medidas útiles se encuentran:
El aire acondicionado puede ser una medida de protección importante cuando está disponible y es asequible, pero no es una solución completa. La evidencia proporcionada no demuestra que pueda compensar por sí solo y de forma segura un calor extremo y muy húmedo durante periodos prolongados, especialmente cuando el suministro eléctrico o el acceso son limitados.
Los resultados refuerzan la necesidad de incorporar la edad a la planificación climática y sanitaria, pero deben interpretarse como estimaciones modelizadas de exposición, no como predicciones médicas individuales. El análisis se centra en combinaciones de calor y humedad que superan límites de tolerancia térmica obtenidos experimentalmente; no abarca todas las olas de calor ni todas las muertes relacionadas con el calor.
Tampoco ofrece una evaluación específica de Europa. Aunque las olas de calor cada vez más intensas del continente hacen que el problema sea relevante para sus sistemas sanitarios, la información disponible sobre el estudio se concentra en la exposición global, especialmente en Asia del Sur, China y el Golfo.
La conclusión principal es clara: un mapa mundial del riesgo térmico basado en adultos jóvenes y sanos puede subestimar el peligro para una población que envejece. Prepararse para el calor del futuro exige tanto recortes más rápidos de las emisiones como estrategias locales de protección que tengan en cuenta cómo cambia con la edad la capacidad humana para enfriarse.