El tráfico de buques también se ha reducido de forma drástica. Tras los ataques contra petroleros y el estancamiento de las conversaciones entre Washington y Teherán, Kpler registró cinco buques de carga atravesando el estrecho en un sábado y ninguno el domingo, frente a 31 cruces durante el fin de semana anterior.
Aunque algunos barcos siguen pasando —en ocasiones de manera escoltada o bajo condiciones específicas—, las cifras no respaldan una vuelta a la normalidad. Tampoco resuelven las versiones enfrentadas de Estados Unidos e Irán sobre quién controla el tránsito seguro.
Los armadores que evitan Ormuz se enfrentan a trayectos más largos, primas de seguro por riesgo de guerra, mayores fletes, retrasos y posibles costes de espera.
En un desvío analizado por Reuters, el gasto en combustible habría aumentado de unos 1,26 millones de dólares a 2,87 millones. El paso por el canal de Suez añadiría aproximadamente 1 millón de dólares en tasas.
Las tarifas para los grandes petroleros que transportan crudo de Oriente Medio a China también subieron de unos 300.000 dólares diarios a comienzos de julio a alrededor de 490.000 dólares, según datos de LSEG.
La posición de Teherán no apunta necesariamente a cerrar el estrecho de forma permanente, sino a demostrar que puede disuadir, amenazar selectivamente y establecer condiciones para el paso.
Un plan aprobado por un comité parlamentario iraní contempla impedir el tránsito de buques, activos y equipos estadounidenses, israelíes y de otros países considerados hostiles. Además, un alto funcionario iraní dijo que Teherán busca cobrar entre el 5 % y el 7 % del valor de la carga a los barcos que utilicen la vía. Omán ha discutido una tasa cercana al 3 %, mientras que Washington se opone a cualquier tarifa.
Una propuesta negociada entre Irán y Omán contemplaría que Teherán supervisara los buques que entran al golfo. Ese mecanismo podría facilitar una reapertura parcial, pero también institucionalizaría la discrecionalidad iraní sobre uno de los principales corredores marítimos internacionales. Las sanciones estadounidenses y las cláusulas restrictivas de las aseguradoras complican, además, la viabilidad de cualquier sistema de pagos.
Los giros del Sea V y el Hestia llegan después de ataques contra petroleros y del deterioro de la diplomacia entre Estados Unidos e Irán. Por eso, el mensaje principal no es que el estrecho esté completamente cerrado, sino que ningún operador puede asumir que el tránsito será continuo, previsible o económicamente viable.