Los motivos descubiertos aparecieron con mucha frecuencia en sitios de unión observados dentro de las células. Esto permitió localizar decenas de miles de sitios genómicos directos, conservados y no reconocidos anteriormente, muchos de ellos concentrados en regiones promotoras. Los datos también mejoraron la capacidad de relacionar la unión de estos factores con los patrones de expresión génica.
Con esta ampliación, el catálogo reúne información sobre los motivos de aproximadamente 1.421 de los cerca de 1.600 factores de transcripción humanos. No constituye una explicación completa de la regulación genética, pero sí reduce una de las principales lagunas del mapa de referencia: saber qué proteínas pueden reconocer qué secuencias de ADN.
El segundo estudio abordó una pregunta que los mapas convencionales de motivos no pueden responder: ¿se une un factor de transcripción de la misma manera cuando una base del ADN está químicamente modificada?
Para investigarlo, el equipo desarrolló meSMiLE-seq, sigla en inglés de un método de enriquecimiento selectivo de ligandos mediante microfluidos, sensible a la metilación y seguido de secuenciación. El ensayo compara la unión de un factor de transcripción a fragmentos equivalentes de ADN metilado y no metilado. Así, permite modelar al mismo tiempo la preferencia por una secuencia y la sensibilidad a la metilación.
En 23 experimentos se analizaron 114 factores de transcripción humanos y se obtuvieron modelos de unión para 48. De estos, 13 mostraron aversión al ADN metilado, mientras que 11 presentaron preferencia por el ADN metilado o un sitio alternativo de unión que incluía la modificación. En los factores restantes, la metilación no alteró la unión bajo las condiciones del ensayo.
Algunos resúmenes han dado la cifra de 14 para el grupo con preferencia o unión modificada. Sin embargo, el resumen del conjunto de datos citado informa de 11. Por ello, la interpretación más prudente es que los efectos dependientes de la metilación se observaron solo en un subconjunto de factores: 13 con menor unión y 11 con una preferencia aumentada o alterada en ese registro.
Los resultados cuestionan la idea simplificada de que la metilación del ADN siempre funciona como una señal de represión. Puede dificultar que un factor reconozca un motivo, pero también crear un contexto químico preferido o redirigir la secuencia a la que se une. El efecto depende tanto del factor de transcripción como de la secuencia analizada.
Esto ayuda a explicar cómo distintos tipos celulares pueden mantener programas reguladores diferentes pese a tener el mismo genoma. Cada tipo celular produce una combinación particular de factores de transcripción y presenta patrones propios de metilación. Por eso, una misma secuencia puede ignorarse en una célula, ser reconocida por otro factor en una segunda o unirse con distinta intensidad cuando cambia la metilación local.
En conjunto, los estudios conectan dos niveles de regulación genética: el código de secuencia, escrito en las letras del ADN, y el estado epigenético, que modifica la forma en que esas letras son interpretadas.
El catálogo ampliado puede mejorar el análisis de variantes genéticas no codificantes, es decir, cambios situados fuera de las regiones que producen proteínas pero que pueden alterar la regulación de los genes. Una variante puede destruir un motivo existente o crear uno nuevo; la metilación podría determinar entonces si ese sitio alterado es realmente reconocido en un tipo celular concreto.
La información podría ser útil para estudiar cambios reguladores relacionados con el desarrollo, el envejecimiento y el cáncer. Su función inmediata, no obstante, es la de un recurso de referencia para la investigación, no la de una prueba diagnóstica clínica. Los modelos de unión ofrecen un punto de partida más sólido para futuros experimentos, pero los efectos biológicos dependen del contexto celular y deben validarse en sistemas relevantes.
El proyecto Codebook reúne a más de dos docenas de instituciones de Norteamérica, Europa y Rusia. Su importancia no reside únicamente en el número de factores estudiados, sino también en la combinación de ensayos complementarios, análisis computacional y validación celular.
Juntos, los trabajos muestran por qué hace falta un modelo más realista de la regulación genética. Las células humanas no leen el ADN como si fuera un diccionario fijo en el que cada motivo tuviera un único significado inmutable. Interpretan la secuencia junto con las modificaciones químicas, los factores de transcripción disponibles y el entorno celular. Codebook empieza a catalogar ese vocabulario, mientras que meSMiLE-seq demuestra que la metilación puede cambiar la forma de leerlo.