La medida se planteó como un arancel adicional al amparo de la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930. La Casa Blanca sostuvo que respondía al trato supuestamente discriminatorio de Canadá hacia productos estadounidenses, en particular automóviles, bebidas alcohólicas y productos lácteos.
Trump ofreció pocos detalles sobre el posible acuerdo, pero afirmó que el oleoducto Keystone XL, cancelado hace años, “podría despertar de entre los muertos”. La referencia apuntó a una posible inclusión del proyecto en el paquete emergente, aunque no se anunciaron términos definitivos que vincularan su reactivación con el alivio arancelario.
La suspensión llegó después de más de una semana de negociaciones intensas. Carney habló con Trump el lunes y volvió a conversar con él el martes por la noche, cuando se acercaba el plazo. El ministro canadiense de Comercio, Dominic LeBlanc, y la principal negociadora del país, Janice Charette, mantuvieron varias reuniones con el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer. Poco antes de la fecha límite, ambos también se reunieron con Greer y con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick.
El calendario comprimido reflejaba la incertidumbre de las conversaciones. A mediados de agosto, funcionarios canadienses habían dicho que ambos países seguían muy alejados en algunos elementos del borrador, aunque los dos gobiernos continuaban intentando cerrar las diferencias antes del 19 de agosto.
El sector del automóvil era uno de los principales obstáculos. Los negociadores habían estudiado reducir del 25% al 15% el arancel estadounidense vigente sobre los vehículos canadienses, después de aplicar determinadas deducciones vinculadas al contenido del producto. Sin embargo, los dos países discrepaban sobre cómo calcular esas deducciones.
Washington defendía conceder crédito al contenido procedente de Estados Unidos, mientras que Canadá quería que se reconociera el contenido que cumpliera los requisitos y procediera de cualquier país de Norteamérica.
Por tanto, el 15% era una propuesta de negociación, no un acuerdo anunciado. Cualquier pacto definitivo tendría que resolver la fórmula aplicable a los automóviles, además de otras cuestiones sobre acceso a los mercados y aranceles.
Los gravámenes amenazados resultaban inusuales porque se basaban en la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición que rara vez se ha utilizado. La Casa Blanca sostuvo que permite al presidente imponer aranceles adicionales en respuesta a un trato discriminatorio contra el comercio estadounidense. Diversos informes describieron la medida como el primer uso conocido de esa autoridad para imponer aranceles contra un país extranjero.
Los aranceles también destacaban porque estaban diseñados para aplicarse a determinados productos canadienses incluso cuando esos bienes pudieran recibir normalmente un trato preferencial bajo el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá, conocido por sus siglas en inglés como USMCA.
La Cámara de Comercio de Estados Unidos advirtió que unos aranceles más elevados podrían perjudicar a ambas economías, encarecer los costes para las familias estadounidenses y alterar las cadenas de suministro integradas de Norteamérica. La organización afirmó que reducir las barreras sobre el acero, el aluminio, la madera y los componentes de automóviles beneficiaría a consumidores, productores, agricultores y trabajadores estadounidenses.
La Cámara también vinculó la estabilidad de la relación comercial del USMCA con 13 millones de empleos estadounidenses respaldados por el comercio con Canadá y México. Esa cifra se refiere a puestos de trabajo relacionados con el intercambio comercial regional; no significa que los 13 millones fueran a desaparecer automáticamente si los aranceles hubieran entrado en vigor.
El plazo del viernes debe entenderse como una ventana para redactar y resolver los últimos puntos, no como una confirmación de que la disputa comercial ya terminó. Los funcionarios deben convertir el esquema anunciado en documentos definitivos y cerrar los asuntos pendientes, especialmente el tratamiento de los automóviles, antes de que expire la pausa.
En la práctica, se ha pospuesto el impacto inmediato de los aranceles, pero la negociación de fondo sigue inconclusa. Hasta que ambos gobiernos publiquen y acepten las condiciones finales, el supuesto acuerdo entre Estados Unidos y Canadá seguirá siendo provisional.