Hamás afirmó que había aceptado la hoja de ruta, aunque argumentó que su aplicación dependía de que Israel cumpliera primero sus propios compromisos. Las facciones palestinas reunidas en El Cairo también acusaron a Israel de rechazar el plan, no completar las obligaciones de la primera fase y continuar violando el alto el fuego.
Así, las negociaciones quedaron atrapadas en una cuestión práctica con enormes consecuencias políticas: si las garantías de seguridad y la retirada israelí crearían las condiciones para el desarme, o si el desarme debía completarse antes de que pudiera comenzar cualquier retirada.
Qatar instó a Israel y a Hamás a cumplir todos los compromisos del alto el fuego y afirmó que Hamás había cumplido las obligaciones que se esperaban de él en la hoja de ruta. Funcionarios cataríes pidieron que se presionara a Israel para aplicar sus compromisos, mientras los mediadores criticaron la continuidad de los ataques israelíes por considerar que dañaban el acuerdo y los esfuerzos para iniciar su segunda fase.
Egipto, Qatar y Türkiye condenaron por separado los ataques israelíes denunciados, incluidos los que afectaron a centros sanitarios e infraestructura médica. Advirtieron de que esas acciones ponían en peligro la siguiente fase del alto el fuego.
La presión diplomática se amplió el 16 de agosto, cuando los ministros de Exteriores de Türkiye, Egipto, Indonesia, Jordania, Pakistán, Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos condenaron conjuntamente el rechazo israelí a la hoja de ruta. En su declaración, afirmaron que esa posición amenazaba la aplicación del plan más amplio respaldado por Estados Unidos y obstaculizaba los esfuerzos para poner fin al conflicto.
El enviado estadounidense Jared Kushner mantuvo en Egipto una reunión poco habitual con Khalil al-Hayya, líder de Hamás, antes de viajar a Jerusalén para reunirse con Netanyahu. El objetivo era rescatar el plan de 15 puntos.
La posición estadounidense exigía que Hamás ofreciera un desarme verificable como parte del proceso, mientras Israel mantenía que la retirada no podía comenzar hasta que Hamás se hubiera desarmado. Hamás, por su parte, declaró que solo empezaría a desarmarse si Netanyahu se comprometía públicamente con los términos del plan.
Después de las reuniones, ninguna de las partes modificó públicamente su posición fundamental. Reuters informó de que Kushner abandonó Jerusalén sin avances decisivos y que Israel y Hamás continuaban enfrentados por las principales exigencias del plan.
El presidente Donald Trump pidió a Israel que detuviera los ataques en Gaza y afirmó que Hamás había aceptado entregar las armas si Israel cumplía sus propias obligaciones. Sin embargo, la información disponible presentó esa declaración como parte de unas negociaciones aún sin resolver, no como un acuerdo concluido y verificado de forma independiente.
Posteriormente, Hamás pidió a los mediadores y a los garantes del alto el fuego —en particular a Washington— que presionaran a Israel para aprobar y aplicar la siguiente fase de la hoja de ruta.
La Oficina de Medios del Gobierno de Gaza informó de que 1.262 palestinos habían muerto y 4.168 habían resultado heridos en presuntas violaciones israelíes del alto el fuego desde la entrada en vigor del acuerdo. Esas cifras fueron comunicadas por las autoridades gazatíes y no estaban verificadas de forma independiente en las fuentes disponibles.
Declaraciones anteriores de la misma oficina ofrecían totales ligeramente diferentes, incluidos más de 4.000 presuntos incumplimientos y cifras de víctimas algo menores. La variación muestra que el balance denunciado seguía actualizándose.
Otros informes describieron nuevos incidentes durante las negociaciones, entre ellos ataques con drones y fuego de artillería que causaron muertos y heridos palestinos.
Qatar también participaba en otro proceso diplomático centrado en las tensiones entre Estados Unidos e Irán. Doha apoyaba los esfuerzos de Irán y Omán para reabrir el estrecho de Ormuz y describió avances hacia un arreglo que podría ayudar a reanudar negociaciones más amplias.
La posición catarí era que el acuerdo para reabrir el estrecho y un entendimiento más amplio de alto el fuego o desescalada debían alcanzarse conjuntamente. Las informaciones describían las conversaciones como avanzadas o próximas a un acuerdo, no como un pacto simultáneo ya concluido.
El obstáculo inmediato sigue siendo la secuencia. Israel quiere un desarme verificable de Hamás antes de la retirada y de la reconstrucción, mientras que Hamás y los mediadores regionales favorecen un marco en el que el desarme, la retirada y la reconstrucción avancen como pasos conectados, con compromisos recíprocos.
La actividad diplomática de agosto aumentó la presión sobre Israel y abrió nuevos canales de negociación, pero no resolvió el desacuerdo de fondo. La hoja de ruta del alto el fuego permanecía, por tanto, estancada, mientras continuaban las denuncias de violencia junto con los esfuerzos por reactivar el acuerdo.