El mensaje del general iraní tuvo tres ejes principales:
Se trata de declaraciones sobre la posición militar y política que Irán reclama para sí. Por sí solas, no modifican el estatus jurídico internacional del estrecho ni transfieren su soberanía a Irán o a Estados Unidos.
Hatami describió el estrecho como un «activo geopolítico otorgado por Dios» al pueblo iraní y afirmó que la guerra había activado su potencial estratégico. En la interpretación de Teherán, Ormuz no es únicamente una ruta marítima: es una herramienta de presión capaz de elevar los costes económicos y diplomáticos del conflicto.
El general sostuvo que conservar esa ventaja era necesario para poner fin a la guerra y alejar la amenaza de nuevos combates. Esa posición ayuda a explicar por qué Irán ha rechazado una simple vuelta al arreglo anterior a la guerra. Antes del conflicto, el estrecho estaba abierto al tráfico comercial sin el actual sistema iraní de permisos y posibles cargos; desde entonces, Teherán ha buscado asumir un papel más directo en la decisión de quién puede atravesarlo y bajo qué condiciones.
Los informes disponibles describen un sistema que combina restricciones de acceso, cargos propuestos y controles políticos sobre los buques. Un aviso atribuido a la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán señaló que las embarcaciones necesitaban un permiso válido para transitar y dejó abierta la posibilidad de imponer tarifas relacionadas con los seguros.
Otros reportes describieron planes iraníes para cobrar aproximadamente entre el 5% y el 7% del valor de la carga por el paso. Un proyecto examinado en Irán contemplaría prohibir la entrada a buques vinculados con Estados Unidos, Israel y otros «países hostiles», además de imponer sanciones de hasta el 20% del valor de la carga en caso de infracción, según informaciones basadas en medios estatales iraníes.
La diferencia entre una propuesta y una norma aplicada es importante. Las fuentes respaldan la existencia de planes, avisos y mecanismos de control reportados por Irán, pero no demuestran que cada tarifa, exclusión o penalización propuesta se haya aplicado de forma uniforme a todo el transporte marítimo.
Irán y Omán estaban, según varios informes, cerca de alcanzar un acuerdo sobre nuevas rutas de navegación a través del estrecho. Sin embargo, Teherán insistió en que un pacto para gestionar las rutas no bastaría por sí solo para reabrir completamente la vía marítima.
Irán vinculó la reapertura a medidas más amplias de Estados Unidos, como levantar el bloqueo naval, retirar las sanciones, retirar sus fuerzas de la región y compensar los daños de guerra. Washington, por su parte, exigió un paso comercial sin obstáculos, mientras que Trump añadió que Irán debería indemnizar a personas afectadas por guerras, ataques y protestas.
Así, quedaron separadas dos cuestiones:
El efecto de mercado mejor documentado se produjo en el petróleo. La reducción o suspensión del tráfico de petroleros incrementó la preocupación por el suministro mundial, mientras que la pérdida de confianza en una solución diplomática cercana añadió presión sobre los precios. Reuters informó de que el crudo terminó una sesión aproximadamente un 5% al alza ante el choque de demandas entre Washington y Teherán.
El 17 de agosto, Reuters informó de que el Brent subió 2,35 dólares, un 2,65%, hasta los 90,87 dólares por barril, mientras los inversores reaccionaban a los riesgos para el suministro y al estancamiento diplomático. The Wall Street Journal también informó de una subida de los futuros del petróleo mientras el tráfico marítimo seguía limitado.
El material disponible no ofrece cifras suficientemente fiables y respaldadas por fuentes para afirmar movimientos concretos de ese mismo día en el oro, las bolsas asiáticas o el S&P 500. Esos activos pudieron verse afectados por el clima general de riesgo, pero no hay base suficiente aquí para atribuirles variaciones precisas.
El pulso por Ormuz se desarrollaba al mismo tiempo que aumentaban las expectativas de una mayor presión económica estadounidense. Reuters informó de que la Administración Trump preparaba medidas que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, calificó de extraordinariamente severas. Los dirigentes iraníes temían que nuevas sanciones agravaran las dificultades económicas y reavivaran el malestar interno.
En una información separada, Reuters señaló que un alto funcionario iraní describió un posible cambio hacia una postura «totalmente ofensiva» si no se aplicaba el entendimiento provisional y fracasaba la diplomacia. El reporte también mencionó una posible operación para romper el bloqueo naval estadounidense. Dado que se trataba de una advertencia atribuida a un funcionario y no de un cambio de política operativa documentado públicamente, debe presentarse como una amenaza reportada, no como una decisión militar confirmada.
La misma cautela se aplica a las afirmaciones sobre desvíos concretos ordenados por el Mando Central estadounidense, inutilización o abordaje de buques, y una ofensiva iraní coordinada. La evidencia proporcionada no permite corroborar de forma independiente todos esos detalles.
La propuesta atribuida a Trump de declarar el estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos formaba parte del pulso político por el control de la vía marítima. En otro mensaje, pidió a los estadounidenses aceptar precios más altos de la gasolina y presentó el coste del combustible como el precio de contener a Irán e impedir que obtenga un arma nuclear.
Pero una declaración presidencial no cambiaría por sí sola la soberanía ni el estatus jurídico internacional del estrecho. Por eso, la respuesta de Hatami se dirigió tanto a la cuestión práctica de quién puede controlar el tráfico como a la pretensión política de que Washington podría apropiarse unilateralmente de la vía marítima.
La cuestión central sigue sin resolverse: Irán afirma que Ormuz se ha convertido en una palanca estratégica permanente y que no volverá a su situación anterior a la guerra, mientras Estados Unidos rechaza un sistema que otorgue a Teherán un control irrestricto sobre el paso comercial. Mientras esas posiciones no se reconcilien, el estrecho seguirá siendo al mismo tiempo un cuello de botella para el transporte marítimo, una fuente de riesgo para los mercados energéticos y el principal instrumento de negociación en el conflicto más amplio entre Estados Unidos e Irán.