En otras palabras, el canal de inflación y tasas terminó imponiéndose al tradicional efecto refugio de la escalada geopolítica. Los datos intradía reflejaron esa presión: los futuros de oro cotizaban en torno a 4.393,80 dólares, con una caída del 0,54%.
Los futuros estadounidenses de oro con entrega en diciembre bajaron alrededor de un 0,5%-0,6% en las primeras horas de negociación, hasta la zona de 4.447-4.453 dólares por onza. Al cierre, el contrato terminó con una pérdida del 1,2%, en 4.420,60 dólares.
La diferencia entre la cotización inicial y el cierre muestra que la presión vendedora se intensificó durante la sesión, a medida que los rendimientos de los bonos y el petróleo seguían condicionando las expectativas de inflación y política monetaria.
El movimiento del lunes fue prácticamente el contrario. Un dólar más débil hizo que el oro, cotizado en dólares, resultara más barato para los compradores que utilizan otras monedas. Además, los datos económicos estadounidenses más flojos redujeron las expectativas de una subida de tasas de la Reserva Federal en el corto plazo.
El oro al contado llegó a subir un 0,9%, hasta 4.417,24 dólares por onza, mientras que los futuros de diciembre avanzaron un 0,8%. La combinación de un dólar menos firme y menores apuestas por una política monetaria más restrictiva suele favorecer al lingote, porque reduce el coste relativo de mantener un activo sin rendimiento.
Los operadores aguardaban las actas de la reunión de julio de la Reserva Federal para determinar cómo evaluaron los funcionarios las señales de enfriamiento de la economía frente al nuevo riesgo inflacionario provocado por el petróleo. Las cifras recientes apuntaban a un mercado laboral más débil, una inflación más moderada y unas ventas minoristas inferiores a lo esperado, factores que habían reducido las apuestas por una subida inmediata de tasas.
Las actas podían aclarar si la Fed estaba más preocupada por la pérdida de impulso económico o por la posibilidad de que una energía más cara mantuviera elevada la inflación. Esa distinción era clave para el oro: una postura más prudente de la Fed y menores rendimientos podrían respaldarlo, mientras que una prioridad clara por contener la inflación favorecería tasas altas y añadiría presión al metal.
Las fuentes disponibles no confirman la probabilidad concreta de casi el 65% de que las tasas permanecieran sin cambios hasta final de año. Por eso, esa cifra debe tomarse con cautela.
El retroceso alcanzó también a otros metales preciosos. La plata al contado cayó un 1%, hasta 65,11 dólares por onza; el platino perdió un 1,2%, hasta 1.748,56 dólares, y el paladio bajó un 1,2%, hasta 1.317,01 dólares.
La caída conjunta sugiere que la jornada estuvo marcada por una presión amplia sobre el complejo de metales, no únicamente por un cambio en la demanda de oro como refugio. Aun así, las cotizaciones exactas variaron según la hora y la plaza de negociación.