El alto el fuego expiró posteriormente sin un acuerdo formal de continuidad, según informaciones publicadas el 18 de agosto. Irán también ha afirmado que negocia con Omán —y no directamente con Estados Unidos— un acuerdo temporal para permitir el transporte marítimo por Ormuz.
Esos esfuerzos siguen siendo indirectos y frágiles. Irán y Omán habían descrito como cercanas a su conclusión las conversaciones sobre rutas marítimas alternativas o nuevas, pero el acuerdo no llegó a aplicarse mientras continuaba la disputa sobre las sanciones, la presión militar, las compensaciones y el futuro del estrecho.
Las afirmaciones sobre un canal secreto directo entre Estados Unidos y la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés) deben tratarse con cautela. La información pública contiene versiones enfrentadas y la propia IRGC ha negado que esas conversaciones estén teniendo lugar. Con la evidencia disponible, lo prudente es describir la diplomacia como mediada y disputada, no como una negociación directa confirmada.
Los precios elevados del crudo pueden mejorar rápidamente el flujo de caja de las compañías con una gran producción de petróleo y gas. The Kobeissi Letter estimó que ExxonMobil, Chevron, Shell, TotalEnergies y BP generaron casi 70.000 millones de dólares de flujo de caja libre combinado en el segundo trimestre de 2026. Es una estimación de mercado, no un sustituto de los estados financieros auditados de cada empresa, pero ilustra cómo un repunte del precio puede favorecer a los grandes productores.
Para los consumidores, las empresas de transporte y las industrias que utilizan mucha energía, el efecto es el contrario. Un crudo más caro encarece los combustibles y los fletes, mientras que una disrupción marítima prolongada puede añadir costes de seguros y entrega. Si estas presiones persisten, el principal riesgo macroeconómico sería un repunte de la inflación impulsada por la energía. Eso podría hacer que los bancos centrales fueran más cautos a la hora de bajar los tipos de interés y debilitar la demanda de los consumidores. Las revisiones a la baja de las previsiones de demanda mundial de petróleo para 2026 han limitado hasta ahora la subida.
Además, el colchón de emergencia de Estados Unidos es menor que antes de la crisis. La Reserva Estratégica de Petróleo cayó en 6,1 millones de barriles, hasta los 298,7 millones, en la semana comunicada el 10 de agosto: su nivel más bajo desde enero de 1983.
Esto no significa que Estados Unidos esté a punto de quedarse sin petróleo. Sí implica que los responsables políticos disponen de menos inventario para compensar una interrupción prolongada, y que el mercado puede atribuir más valor a cada nuevo corte de suministro.
La expresión describe la estructura del enfrentamiento, no una predicción exacta. Estados Unidos e Irán siguen muy alejados sobre las condiciones de un acuerdo permanente, pero ambos conservan herramientas para ejercer presión durante mucho tiempo: bloqueos, ataques contra buques, sanciones, actividad de grupos aliados y represalias.
Esta combinación puede generar sucesivos acuerdos temporales que después se rompen, en lugar de un desenlace diplomático claro. Cada parte puede imponer costes a la otra sin optar de inmediato por una escalada decisiva que obligue a alcanzar un acuerdo definitivo.
Para los operadores petroleros, eso significa que la prima de riesgo puede reaparecer cada vez que fracasen las conversaciones o se ataque a un buque, aunque el conflicto abierto no se amplíe de forma drástica.
La reacción entre activos ha sido desigual, no una oleada uniforme de ventas a escala global. El oro alcanzó un máximo de nueve semanas mientras subía el petróleo; los futuros de las bolsas europeas se debilitaron y las acciones asiáticas registraron un comportamiento mixto, aunque en general resistieron mejor.
El patrón sugiere que los inversores están diferenciando entre los sectores que se benefician de la energía cara y aquellos expuestos a una inflación mayor y a una demanda más débil. La cuestión decisiva es si la crisis seguirá siendo una interrupción puntual del transporte marítimo o si se convertirá en un corte sostenido del suministro de crudo.
Sí, pero la evidencia disponible respalda considerar los 120 dólares como un escenario de riesgo alcista, no como el escenario central inmediato. Analistas de Goldman Sachs señalaron que el Brent podría superar ese nivel si las interrupciones en Ormuz continúan, aunque su escenario base se situaba bastante más abajo.
Para que el petróleo alcanzara los 120 dólares probablemente tendrían que coincidir varias condiciones:
Por ahora, el mercado está reaccionando al riesgo de que se produzca esa cadena de acontecimientos, no a la prueba de que todas esas condiciones ya se hayan materializado. Los indicadores clave son el número de buques que cruzan Ormuz, los ataques contra petroleros y el tráfico del mar Rojo, el estado de las conversaciones sobre el alto el fuego y la evolución de los inventarios de crudo.
Si todas esas señales empeoran al mismo tiempo, aumentará la probabilidad de un repunte mucho más brusco del petróleo.