Algunos informes también han señalado que las oficinas de Nokia en Pekín, Chengdu, Qingdao y Shanghái podrían ser objeto de una reestructuración. No obstante, esas posibles medidas no deben confundirse con cierres confirmados: la información disponible las describe como instalaciones bajo revisión o sujetas a posibles cambios, mientras que Nokia sí ha confirmado públicamente la actuación en Hangzhou.
En el cuarto trimestre de 2025, Nokia asumió la propiedad total de Nokia Shanghai Bell, la empresa conjunta que tenía en China. En una presentación regulatoria, la compañía afirmó que el cambio le proporciona mayor flexibilidad para gestionar sus operaciones en la región.
La operación no demuestra por sí sola que vayan a cerrar más instalaciones. Sí otorga, sin embargo, a Nokia el control directo de un negocio que antes incluía a un socio chino de la empresa conjunta. En la práctica, la propiedad total puede facilitar la simplificación de la estructura operativa, la consolidación de actividades o la reasignación de activos mientras la compañía reevalúa su presencia en China.
Nokia ha ampliado considerablemente su estimación de costes de reestructuración para 2026. Ahora prevé unos 800 millones de euros, frente a la previsión anterior de aproximadamente 250 millones, y calcula salidas de caja relacionadas con la reestructuración de entre 700 y 800 millones de euros durante 2026.
La información publicada identifica alrededor de 350 millones de euros de esos costes de 2026 como vinculados a China. Sin embargo, los materiales disponibles no permiten verificar de forma completa una cifra de ahorros recurrentes para todo el programa ampliado. La diferencia es importante: un cargo elevado puede reducir con el tiempo la base de costes, pero el beneficio financiero dependerá de la rapidez con la que se materialicen los ahorros y de si Nokia necesita aplicar nuevos recortes en otras regiones.
La compañía también ha advertido de que podrían ser necesarios más despidos en Europa. Por tanto, el cierre de Hangzhou parece formar parte de un reajuste de costes más amplio, no el último capítulo de la reorganización de su plantilla.
El contrapunto más visible al repliegue chino es la inversión de Nokia en Estados Unidos. La compañía planea destinar aproximadamente 30 millones de dólares a ampliar las operaciones avanzadas de prueba y encapsulado de semiconductores fotónicos en sus instalaciones de Allentown, Pensilvania.
Según el anuncio estatal, el proyecto cuenta con más de 3 millones de dólares de apoyo de Pensilvania. Otros informes sitúan en unos 14 millones de dólares el respaldo combinado de ayudas estatales y créditos fiscales federales de la ley CHIPS. La ampliación debería crear más de 250 empleos en tres años y mantener 308 puestos a tiempo completo.
Nokia afirma que la planta de Allentown respaldará la producción de chips fotónicos y tecnologías de redes ópticas para redes diseñadas para la era de la IA. La empresa también enmarca este proyecto en un plan plurianual para invertir 4.000 millones de dólares en investigación, desarrollo y fabricación en Estados Unidos con el objetivo de crear conectividad preparada para la inteligencia artificial.
No se trata de sustituir puesto por puesto la plantilla de Hangzhou. El centro chino estaba especializado en tecnología de radio, mientras que Allentown se centra en la prueba y el encapsulado de semiconductores fotónicos. Ambos movimientos ilustran, más bien, un cambio de prioridades: Nokia reduce capacidad en un mercado donde su negocio se ha debilitado y amplía su presencia en tecnologías y regiones que espera que se beneficien de la demanda de infraestructura para IA.
Los resultados de Nokia del segundo trimestre de 2026 mostraron un impulso significativo en sus negocios de infraestructura de red. Las ventas netas comparables alcanzaron 4.800 millones de euros, un 9 % más interanual a tipos de cambio constantes. El margen bruto comparable fue del 46,0 % y el margen operativo comparable, del 9,0 %.
Los ingresos de Network Infrastructure aumentaron un 12 % a tipos de cambio constantes. Dentro de ese segmento, Optical Networks creció un 20 % e IP Networks, un 16 %.
La entrada de pedidos de IA y nube alcanzó 2.800 millones de euros en el trimestre, y Nokia espera convertir aproximadamente la mitad en ingresos durante los 12 meses siguientes. Estas cifras ayudan a explicar por qué la compañía está priorizando la capacidad óptica y de redes IP: está observando demanda en las capas de red necesarias para conectar centros de datos de IA e infraestructuras de nube.
Pero unas ventas y unos pedidos sólidos no eliminan la presión financiera de la transición. Nokia registró un flujo de caja libre negativo de aproximadamente 700 millones de euros en el segundo trimestre. Los movimientos del capital circulante, el gasto de capital y los pagos de reestructuración pueden abrir una brecha entre la mejora operativa reflejada en las cuentas y la generación real de caja.
La previsión de Nokia para el beneficio operativo comparable de todo 2026 se sitúa ahora entre 2.100 y 2.600 millones de euros, frente al rango anterior de 2.000 a 2.500 millones.
La revisión debe interpretarse con cautela. Nokia explicó que sus perspectivas operativas subyacentes no habían cambiado; el rango se movió debido a que dos negocios pasaron a presentarse como operaciones discontinuadas, lo que produjo una revisión técnica de 100 millones de euros. Describir el cambio como una mejora directa de las perspectivas del negocio exageraría lo ocurrido.
La estrategia de Nokia se apoya en tres elementos conectados:
La lógica es comprensible. La demanda de equipos de telecomunicaciones está cada vez más condicionada por la construcción de centros de datos, las cargas de trabajo de IA, la eficiencia energética y la resiliencia de las cadenas de suministro. Los resultados del segundo trimestre aportan indicios de que los negocios óptico y de redes IP ya se están beneficiando de esa demanda.
El riesgo es que Nokia está pagando el coste de abandonar parte de su estructura china antes de que los nuevos motores de crecimiento compensen plenamente ese desembolso. La compañía debe convertir los pedidos de IA y nube en ingresos, proteger los márgenes mientras amplía capacidad, generar caja pese a las salidas asociadas a la reestructuración y evitar nuevas rondas de despidos que perjudiquen su capacidad de ejecución.
El cierre de Hangzhou muestra que Nokia ya no intenta mantener a cualquier precio la huella operativa que tuvo en China. La caída de la plantilla en la Gran China, la propiedad total de Nokia Shanghai Bell y el aumento del presupuesto de reestructuración apuntan a una presencia regional más reducida y gestionada de forma más centralizada.
El destino de los recursos también resulta revelador: Nokia está concentrando su atención en las redes ópticas y IP y en la fabricación estadounidense de tecnologías fotónicas para la infraestructura de IA. Los primeros resultados hacen creíble esa dirección, pero el flujo de caja libre negativo del segundo trimestre y los 800 millones de euros previstos en costes de reestructuración muestran que la transformación sigue siendo cara y está lejos de haber terminado.