En un incidente separado, un ataque ruso con drones contra una instalación minera de DTEK, en la región ucraniana de Dnipropetrovsk, provocó un incendio que mató a un empleado y dejó herido a otro. La empresa también informó de daños importantes en la infraestructura de la mina.
El caso muestra por qué las instalaciones energéticas son también objetivos con consecuencias civiles, incluso cuando están conectadas con la economía de guerra. Minas, centrales eléctricas, campos de gas y redes de distribución dependen de trabajadores que operan en condiciones peligrosas. Cuando resultan dañados, se ponen en riesgo tanto los medios de vida como servicios básicos.
La línea del frente terrestre se ha mantenido, en términos generales, sin grandes cambios, mientras los ataques de largo alcance son más frecuentes y cubren una zona geográfica mayor. Analistas citados por CNN señalan que la campaña ucraniana apunta cada vez más a refinerías rusas, petroleros, subestaciones eléctricas e infraestructura logística, además de objetivos relacionados con el ámbito militar en territorios ocupados.
Rusia, entretanto, continúa combinando drones y misiles balísticos contra ciudades ucranianas e infraestructuras críticas. Las campañas de ambos países se dirigen así contra elementos similares de la resistencia nacional: combustible, electricidad, cadenas de suministro, capacidad industrial y confianza pública.
Esto modifica el significado estratégico del conflicto. Que el frente terrestre apenas se mueva no significa que la guerra esté perdiendo intensidad. La presión se desplaza hacia las redes de producción y las zonas urbanas, donde sus efectos se sienten muy lejos de las trincheras.
Las autoridades rusas afirmaron que habían derribado o neutralizado 822 drones ucranianos durante un ataque nocturno. Se trata de una cifra comunicada por el Gobierno ruso que no puede verificarse de forma independiente en su totalidad, aunque varios medios describieron la ofensiva como una de las mayores incursiones aéreas ucranianas del año. También se informó de un impacto contra un almacén de Wildberries.
La campaña ucraniana con drones busca cada vez más afectar la economía y el sistema logístico rusos. Un centro de Wildberries en Ekaterimburgo, en los montes Urales, fue atacado a más de 2.000 kilómetros de la frontera entre Rusia y Ucrania, según autoridades locales y la propia empresa. Otros informes han descrito ataques repetidos contra la red de distribución de la compañía, cuya relevancia para la logística militar es señalada por Kyiv.
Los ataques también han tenido un efecto visible sobre la seguridad interna rusa. Funcionarios rusos informaron de que un ataque con drones contra una playa de Gelendzhik mató a siete personas, incluidos tres niños, e hirió a otras 40. Las circunstancias y el objetivo previsto seguían siendo objeto de controversia en las informaciones disponibles.
El Festival Internacional de Música Militar de la Torre Spásskaya, en Moscú, fue aplazado hasta 2027. Los organizadores alegaron circunstancias fuera de su control, mientras varios informes relacionaron la decisión con el aumento de la amenaza de drones en torno a la capital.
La Misión de Vigilancia de los Derechos Humanos de la ONU verificó 437 civiles muertos y 2.610 heridos en Ucrania durante julio de 2026. El número de fallecidos fue un 70 % superior al de julio de 2025, y el balance mensual fue el más alto registrado desde mayo de 2022.
Según la ONU, los misiles y drones de largo alcance fueron la principal causa de víctimas civiles en julio. Las cifras son mínimos verificados y no representan necesariamente el total completo de fallecidos, pero dejan una conclusión clara: un frente terrestre estático no ha convertido la guerra en un conflicto más seguro para la población.
El patrón también muestra cómo se superponen los ataques a la infraestructura y el daño civil. Los bombardeos contra instalaciones energéticas pueden matar o herir directamente a trabajadores, interrumpir la calefacción y la electricidad y obligar a la población a vivir en condiciones más peligrosas. Del mismo modo, los ataques contra objetivos industriales y logísticos dentro de Rusia llevan las consecuencias de la guerra a zonas que antes estaban menos expuestas.
La capacidad de Ucrania para resistir la campaña rusa de misiles balísticos está limitada por la escasez de interceptores Patriot fabricados en Estados Unidos. Según los informes, el Patriot es el único sistema de defensa aérea ucraniano capaz de hacer frente a algunos de los misiles balísticos avanzados de Rusia, por lo que el suministro de interceptores se ha convertido en un factor decisivo para proteger las ciudades.
El problema defensivo es desigual. Los drones pueden combatirse mediante una gama más amplia de sistemas de defensa aérea, pero los misiles balísticos llegan a mayor velocidad y son más difíciles de interceptar. Cuando las reservas de interceptores se agotan, Rusia puede aprovechar las brechas de protección incluso sin avanzar sobre el terreno.
Por eso, la próxima fase del conflicto no dependerá únicamente de los movimientos territoriales. También estará determinada por la velocidad con la que cada bando pueda fabricar y lanzar drones y misiles, la capacidad de Ucrania para reponer sus interceptores y la posibilidad de reparar o proteger las redes energéticas y los centros civiles más rápido de lo que son atacados.