Según la investigación suministrada, la absorción de LKH tuvo lugar unos 1.800 millones de años antes que la fusión de Gaia-Sausage-Enceladus.
NASA presenta el momento del suceso de forma redondeada: hace unos 12.000 millones de años. La estimación más precisa de 11.800 millones de años y la cifra aproximada de NASA son compatibles con el nivel de precisión de cada fuente.
El episodio habría ocurrido alrededor de 1.500 millones de años después del Big Bang, de acuerdo con el resumen de la investigación. En ese momento, la Vía Láctea aún estaba reuniendo buena parte de la materia que acabaría formando su estructura actual.
LKH era una galaxia enana cuya población estelar y cuyos cúmulos globulares fueron incorporados principalmente a las zonas internas de la Vía Láctea. Los investigadores estiman que contenía cerca de 500 millones de masas solares, una cantidad de estrellas comparable a la de Gaia-Sausage-Enceladus.
Su nombre reúne tres etiquetas utilizadas en trabajos anteriores: Low-energy, Kraken y Heracles. La nueva interpretación propone que esas estructuras no deben entenderse necesariamente como restos de episodios completamente separados, sino como distintas huellas de un mismo sistema progenitor y de su antigua incorporación a la Vía Láctea.
El nombre también refleja la evolución de la hipótesis. Estudios previos habían relacionado ciertos cúmulos de baja energía con la propuesta galaxia Kraken, mientras que otros trabajos habían descrito una estructura semejante a Heracles. El análisis actual conecta esas líneas de investigación bajo la denominación LKH.
El nuevo resultado añade un capítulo temprano a la historia de nuestra galaxia:
La imagen que emerge se parece menos a la formación de una galaxia aislada y más a una construcción por etapas: sucesivas fusiones fueron aportando estrellas, cúmulos y otros sistemas a distintas regiones de la Vía Láctea. En el caso de LKH, gran parte de ese material terminó en el interior galáctico.
Por eso el hallazgo no es solo una nueva fecha. También ayuda a reconstruir cómo se formó la “casa” cósmica en la que vivimos: pieza a pieza, mediante encuentros con otras galaxias.
Los datos disponibles no permiten decir cuántas fusiones adicionales podrían descubrirse. Sin embargo, el programa Hubble Missing Globular Clusters Survey busca completar las observaciones de los cúmulos globulares conocidos de la Vía Láctea y estudiar otros que todavía no se han examinado en detalle.
Esas observaciones podrían aportar más edades, distancias y composiciones químicas, y con ello mejorar el mapa de la historia galáctica. Por ahora, la conclusión más sólida es que Hubble ha ayudado a identificar la evidencia de una gran fusión ocurrida hace unos 11.800 millones de años, cuando la Vía Láctea apenas comenzaba a tomar forma: la absorción de una galaxia enana con estrellas equivalentes a unos 500 millones de soles.