La pausa fue desigual: Shanghái y Shenzhen registraron subidas del 0,2% mensual y Cantón avanzó un 0,1%, mientras que Pekín cayó un 0,3%.
El dato contrasta con junio, cuando los precios de las viviendas nuevas y usadas en las ciudades de primer nivel habían subido un 0,1% y un 0,3%, respectivamente. Aun entonces, las ventas, la inversión inmobiliaria y el inicio de nuevas construcciones ya mostraban un deterioro significativo.
El problema no se limita al valor de las viviendas. Durante el periodo de enero a julio, las ventas inmobiliarias, la inversión en el sector y el inicio de nuevas obras cayeron más rápidamente que en el primer semestre, una señal de que tanto los promotores como los compradores continúan actuando con cautela.
La inversión urbana en activos fijos —que incluye bienes raíces e infraestructuras— se contrajo un 6,7% en los primeros siete meses del año, frente a una caída del 5,7% entre enero y junio.
Esto sugiere que las medidas aplicadas hasta ahora, como la relajación de algunas restricciones a la compra de vivienda, el abaratamiento de la financiación y las promesas oficiales de estabilizar el mercado, han frenado parte del ritmo de las caídas, pero no han restablecido la confianza de los compradores ni detenido el deterioro de la actividad inmobiliaria principal.
El enfriamiento del mercado de la vivienda llega en un momento de menor dinamismo general. Las ventas minoristas, un indicador del consumo de los hogares, crecieron solo un 0,6% interanual en julio, frente al 1% de junio y muy por debajo del 1,5% que esperaba el mercado. La producción industrial aumentó un 4,5%, ralentizándose desde el 5,3% de junio y quedando por debajo del consenso del 4,8%.
Los analistas atribuyen parte de la debilidad de julio a los fenómenos meteorológicos extremos, los efectos estacionales y la pérdida de fuerza de las políticas destinadas a impulsar el consumo. Sin embargo, el freno más estructural sigue siendo la debilidad persistente de la demanda interna.
El panorama se parece a una recuperación en forma de «K»: algunas actividades vinculadas a las exportaciones y a la manufactura mantienen una resistencia relativa, mientras el consumo de los hogares, la inversión privada y el mercado inmobiliario continúan débiles.
Este desequilibrio deja al crecimiento demasiado dependiente de la demanda externa, en vez de apoyarse en una recuperación autosostenida dentro de China. También expone al país a mayores riesgos si se deterioran el comercio mundial o las relaciones con sus socios comerciales.
El producto interno bruto creció un 4,3% interanual en el segundo trimestre, frente al 5% del primero, y quedó por debajo de las previsiones. La desaceleración aumenta la presión sobre Pekín para reforzar el apoyo a la economía.
Los datos de julio respaldan la idea de una estabilización parcial, no la de una recuperación generalizada. El reto para las autoridades es impulsar la demanda sin volver a depender de una expansión inmobiliaria financiada con deuda.
Los analistas señalan que podrían ser necesarias medidas más contundentes por el lado de la demanda, especialmente aquellas capaces de elevar la confianza de los hogares y estimular el consumo. También consideran prioritario abordar el exceso de oferta de viviendas y los proyectos sin terminar, dos factores que siguen pesando sobre la disposición de los compradores a entrar en el mercado.
Mientras esas cuestiones no se resuelvan, una caída anual algo menor de los precios será, por sí sola, una señal demasiado débil para confirmar que la crisis inmobiliaria china ha quedado atrás.