LionGuard es una aplicación de suscripción para cifrar archivos almacenados en un dispositivo, en la nube o en distintas redes. El remitente genera una clave de cifrado y la envía al destinatario previsto mediante la propia aplicación. Para abrir el archivo protegido, el receptor necesita utilizar LionGuard.
Aires presenta el producto como una combinación de su método basado en ecuaciones diofánticas y componentes criptográficos ya establecidos. La ficha de LionGuard en Microsoft menciona específicamente el uso de cifrado AES-256.
En términos sencillos, el sistema pretende que un atacante no pueda recuperar el contenido sin la clave correcta. La propuesta de la empresa añade una capa matemática: la seguridad dependería de la dificultad de resolver los problemas utilizados para generar esas claves.
La principal amenaza que Aires intenta abordar es el escenario conocido como «robar ahora y descifrar después». En ese modelo, un atacante copia hoy información cifrada y la conserva para intentar descifrarla en el futuro, cuando existan computadoras cuánticas suficientemente potentes para poner en peligro algunos sistemas de clave pública convencionales.
Aires sostiene que su método de generación de claves basado en problemas matemáticos resulta resistente a ese tipo de ataques porque resolver las ecuaciones subyacentes sería inviable, incluso para computadoras cuánticas.
Sin embargo, conviene interpretar con cautela términos como «irrompible». Esa descripción procede de la empresa y de la cobertura mediática, no de una garantía de seguridad establecida de manera independiente. Que se haya concedido una patente demuestra que se reconocieron determinadas reivindicaciones de novedad; no significa que el sistema haya superado el análisis criptográfico público y exhaustivo, la estandarización, la revisión de su implementación y la validación independiente que suelen exigirse a la criptografía de alta seguridad.
Con la información publicada hasta ahora, no es posible verificar que LionGuard haya alcanzado ese nivel de evaluación.
En junio de 2026, LionGuard se encontraba en fase beta y contaba con más de 100 suscriptores, entre ellos clientes empresariales de los sectores del petróleo y el gas, el comercio de materias primas, la tecnología educativa, los servicios en la nube y la banca y los servicios financieros.
El precio publicado era de 388 dólares singapurenses por usuario al mes. Aires afirmó que pretendía reducir la tarifa para llegar también a pequeñas y medianas empresas, incluidos despachos de abogados, firmas contables, cadenas de restauración, family offices y otras compañías con grandes volúmenes de datos sensibles.
La empresa también afirma tener cuatro patentes internacionales relacionadas con el cifrado avanzado. Además de la protección de archivos, está probando sistemas de cifrado para códigos bidimensionales —como códigos de barras y códigos QR— en Europa, con posibles aplicaciones en pagos, logística, autenticación de cadenas de suministro y etiquetado de productos.
Aires había captado más de 2 millones de dólares estadounidenses de inversores privados y organismos locales, entre ellos Enterprise Singapore. La compañía buscaba una cotización en Estados Unidos, Singapur o Japón para recaudar una cantidad de ocho cifras destinada al marketing internacional y al crecimiento.
Aires forma parte de un impulso más amplio de Singapur para convertir su investigación cuántica en aplicaciones comerciales, especialmente en el ámbito de la seguridad poscuántica. La Estrategia Nacional Cuántica del país contempla unos 300 millones de dólares singapurenses durante cinco años, además de los más de 400 millones invertidos previamente en investigación y desarrollo cuánticos, para impulsar el talento, la investigación, las infraestructuras y la capacidad empresarial.
A diferencia de las compañías que desarrollan hardware de computación cuántica, Aires es un actor relativamente ligero en activos y centrado en la ciberseguridad: intenta empaquetar una protección orientada a la era poscuántica en un producto de software que las empresas puedan desplegar.
La historia de Aires no es únicamente la de una investigación convertida en una empresa derivada. También refleja la decisión de entrar en un mercado que, al principio, todavía era difícil de explicar a los clientes.
Ken recordó que en 2023 algunas personas confundían la «criptografía cuántica» con las criptomonedas. Para 2026, en cambio, los posibles clientes preguntaban por la integración, los calendarios de despliegue y la preparación a largo plazo.