Libia y el Banco Popular de China acordaron facilitar la participación de los bancos libios en CIPS. La medida permitiría liquidar pagos comerciales directamente en yuanes y ha sido presentada como una forma de reducir la dependencia del dólar. Sin embargo, el acuerdo describe una conexión prevista: no demuestra que los bancos libios ya estén operando dentro del sistema ni establece una fecha de lanzamiento plenamente operativa.
El acuerdo también contempla diversificar las inversiones libias mediante el acceso al mercado chino de bonos. En este contexto, los llamados bonos panda —deuda denominada en yuanes emitida en China por entidades extranjeras— podrían ofrecer un destino para reservas en yuanes y una fuente de financiación en la moneda china. La información disponible confirma la intención de acceder al mercado de bonos, pero no aporta condiciones de emisión, volumen ni evidencia de una operación ya ejecutada.
La infraestructura financiera necesita un flujo constante de transacciones. Ahí entra la política comercial de Pekín.
China eliminó el 1 de mayo de 2026 los aranceles a las importaciones procedentes de 53 países africanos. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso estadounidense señala además que el acceso libre de aranceles se extendió a todos los países africanos salvo Esuatini, bajo las condiciones descritas en la política comercial china.
La relación comercial ya se encuentra en niveles récord. Según el mismo informe, el comercio de China con África en 2025 cuadruplicó el intercambio entre Estados Unidos y África. Los datos aduaneros chinos citados por Reuters también muestran un crecimiento interanual cercano al 18 %.
Cuanto mayor sea el comercio bilateral, mayor será el número de facturas, pagos, créditos comerciales y necesidades de capital circulante que podrían expresarse y liquidarse en yuanes. La eliminación de aranceles no obliga por sí sola a utilizar la moneda china, pero aumenta el volumen potencial sobre el que puede asentarse su internacionalización.
La estrategia china no se limita a los pagos entre importadores y exportadores. El yuan también empieza a aparecer en las finanzas públicas y en la gestión de la deuda:
Zambia comenzó a aceptar pagos en yuanes de impuestos y regalías de empresas mineras chinas. El Banco de Zambia confirmó que estos pagos empezaron en octubre, convirtiendo al renminbi en una moneda utilizable dentro de un canal de ingresos públicos, no solo en operaciones de importación.
Kenia convirtió en 2025 obligaciones de préstamos chinos denominadas en dólares a yuanes. La operación habría permitido ahorrar unos 215 millones de dólares al año.
Etiopía y Mozambique figuran entre los países que estarían considerando conversiones de moneda similares. En la información disponible, estas medidas aparecen como opciones en estudio o de carácter prospectivo, no como reestructuraciones ya completadas.
Para un país endeudado, cambiar la moneda de una obligación puede reducir el costo del servicio si las condiciones de financiación en yuanes son más favorables. Pero el riesgo no desaparece: la exposición cambiaria pasa del dólar al yuan y aumenta la sensibilidad a las decisiones monetarias y financieras de China.
Para los gobiernos y las empresas africanas, los posibles beneficios incluyen menores costos de conversión, liquidaciones más rápidas y financiación alineada con sus operaciones comerciales con China. El uso de monedas locales y yuanes también puede reducir la necesidad de mantener dólares para cada transacción bilateral.
Para Pekín, el beneficio es más amplio que la eficiencia de los pagos. Una mayor circulación internacional del yuan fortalece los vínculos con los bancos chinos, abre demanda para sus mercados financieros y crea alternativas a las redes de corresponsalía y liquidación dominadas por el dólar.
La estrategia también encaja con el peso de China como socio comercial, prestamista, comprador de materias primas e inversor en distintos sectores africanos. Cada pago fiscal, préstamo convertido o contrato comercial denominado en yuanes añade una pieza a esa red.
La eliminación de aranceles puede impulsar las exportaciones africanas a China, pero no resuelve por sí sola el desequilibrio estructural de la relación comercial. Muchas economías africanas siguen exportando una gama relativamente limitada de materias primas, mientras importan manufacturas chinas de mayor valor añadido.
Para cambiar esa dinámica harían falta mayor capacidad productiva, transformación local de materias primas, mejores infraestructuras logísticas, cumplimiento de estándares, acceso a financiación y una entrada más diversificada de productos africanos en el mercado chino. Las fuentes aportadas respaldan la expansión arancelaria y el crecimiento del comercio, pero no cuantifican por sí mismas el déficit ni atribuyen una estimación concreta a un analista.
Por eso, la expansión del yuan debe entenderse como una transformación de los canales de pago y financiación, no como una sustitución inmediata del dólar ni como una solución automática a los problemas comerciales de África.