Ese aumento no significa necesariamente que el virus se haya vuelto más letal. Una de las principales preocupaciones es que muchos pacientes están siendo identificados demasiado tarde para recibir atención eficaz y después de haber podido contagiar a otras personas. Entre el 60 % y el 70 % de las nuevas infecciones se detectaban, según los informes, en personas que no estaban siendo vigiladas como contactos conocidos. Esto indica que las cadenas de transmisión siguen siendo difíciles de localizar.
La provincia de Ituri concentra el brote: en una evaluación de mediados de agosto representaba aproximadamente el 90 % de los casos y el 80 % de las muertes. Para el 13 de agosto, además, se habían notificado casos en 53 de las 140 zonas sanitarias de cinco provincias afectadas.
La geografía es determinante. Las comunidades aisladas son más difíciles de alcanzar y la fragilidad de los servicios de salud limita el acceso a las pruebas, el aislamiento y el tratamiento clínico. El conflicto armado y la inseguridad pueden impedir que el personal sanitario se desplace con seguridad, interrumpir las rutas de suministro y dejar incompleto el rastreo de contactos. El movimiento de población añade otro riesgo, especialmente a través de las fronteras provinciales y nacionales.
El brote está causado por el virus Bundibugyo, una especie de ébola para la que actualmente no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico. La OMS afirma que se están estudiando candidatos, pero la falta de herramientas autorizadas deja a los equipos de respuesta en una posición más débil que en los brotes causados por el ebolavirus de Zaire, para los que sí existen medidas de respuesta aprobadas.
Por ello son especialmente importantes el diagnóstico temprano, la atención clínica de apoyo, la prevención y el control de infecciones, la vigilancia de contactos y la colaboración de las comunidades. La respuesta no puede depender de una única intervención médica para detener la transmisión.
La ONU ha liberado 30,5 millones de dólares adicionales de su Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF), que se suman a la ayuda anterior destinada a la RDC y a los países vecinos. También ha pedido duplicar la capacidad para realizar entierros seguros y triplicar la capacidad de tratamiento.
Las prioridades operativas incluyen:
La financiación es indispensable, pero por sí sola no resuelve el problema del acceso. Los equipos también necesitan seguridad, transporte, suministros fiables, personal capacitado y una colaboración sostenida con las comunidades afectadas por el conflicto.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) informan de que están respondiendo a la enfermedad por virus Bundibugyo en zonas remotas tanto de la RDC como de Uganda. Al mismo tiempo, consideran bajo el riesgo para la población general estadounidense y para los viajeros. En su actualización del 12 de agosto, no se habían confirmado casos asociados al brote en Estados Unidos.
En la región, sin embargo, la vigilancia transfronteriza continúa siendo prioritaria. El desplazamiento entre zonas afectadas puede dificultar la identificación del lugar donde se adquirió una infección y permitir que persistan cadenas de transmisión no detectadas.
Ampliar las operaciones contra el ébola plantea un difícil dilema humanitario. El personal sanitario, el transporte, los laboratorios y la financiación son recursos limitados, y desviar demasiados medios podría debilitar los servicios ordinarios y de emergencia, incluida la atención de la malaria y el tratamiento de otras enfermedades graves.
La principal lección de las cifras actuales no está únicamente en el número de muertes. También está en la capacidad de los equipos para detectar antes las infecciones, llegar con seguridad a las comunidades, ampliar el tratamiento y mantener al mismo tiempo el resto del sistema sanitario. La siguiente fase dependerá de un apoyo internacional sostenido y de una colaboración local eficaz, no solo de un aumento puntual de la financiación.