El portavoz de Netanyahu no explicó cómo llegó la cita al discurso del primer ministro. En cambio, defendió las advertencias generales y ya conocidas de Netanyahu sobre el programa nuclear iraní. La diferencia es importante: una posición política general no confirma una cita concreta atribuida a un comandante iraní.
La investigación de The Times no pudo determinar quién creó la cita. Tampoco estableció que el Gobierno israelí hubiera organizado su difusión. La evidencia documentada muestra una cadena de amplificación, pero no permite identificar ni demostrar quién la originó o coordinó.
La cita comenzó a circular tres días después de que el presidente Donald Trump suspendiera los ataques contra Irán para impulsar negociaciones de paz. Una supuesta declaración en la que Irán afirmara que seguiría buscando armas nucleares podía utilizarse para argumentar que la vía diplomática era inútil o peligrosa.
Por ese motivo, algunos investigadores consideraron que el momento podía estar destinado a debilitar las negociaciones o a «abrir una brecha» en ellas. Esa valoración describe el posible efecto político de la afirmación, pero no demuestra quién la fabricó ni que se tratara de una operación dirigida por un Gobierno.
Los verificadores describieron el episodio como un caso de «lavado de narrativas»: una afirmación falsa o engañosa parte de una fuente poco conocida, es repetida por otra cuenta y adquiere una apariencia de legitimidad al pasar por medios de comunicación, funcionarios y figuras políticas más relevantes. Cuando llega a una audiencia amplia, su origen dudoso puede resultar difícil de detectar.
La supuesta cita de Vahidi siguió ese recorrido:
La secuencia muestra por qué la repetición no equivale a una confirmación independiente. Cada nueva mención puede hacer que una afirmación parezca más fiable sin aportar ninguna prueba original.
Esmail Baghaei, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, criticó la publicación falsa y la calificó de ejemplo de «la avalancha de mentiras contra la República Islámica».
Su reacción se refirió a la falsedad de la afirmación, pero no confirma por sí sola todos los detalles sobre la manera en que se difundió. La conclusión más sólida es más limitada: la cita no tenía una fuente primaria verificada, no se demostró que Vahidi la hubiera pronunciado y fue amplificada por redes políticas y mediáticas antes de quedar desacreditada.
La investigación reveló menos sobre las capacidades nucleares de Irán que sobre la velocidad con la que una afirmación sin respaldo puede adquirir apariencia de hecho. Una publicación anónima se convirtió en un reporte televisivo, un argumento político y una noticia internacional sin que se verificara la cita original.
En un conflicto en el que las afirmaciones sobre armas nucleares pueden influir en la opinión pública y en las decisiones diplomáticas, la primera pregunta debería ser sencilla: ¿cuál es la prueba original? En este caso, no había evidencia fiable de que Vahidi hubiera pronunciado esas palabras ni de que Irán poseyera armas nucleares.