También se ordenó completar la integración del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas con el Cuartel General Central Jatam al-Anbiya, principal estructura iraní de mando operativo conjunto. El Institute for the Study of War describió la reorganización como una respuesta a las lecciones extraídas de los conflictos de 2025 y 2026.
Los cambios muestran una reconstrucción del mando en tiempo de guerra. También pueden reforzar la autoridad de Mojtaba Jamenei, pero afirmar que la reestructuración se llevó a cabo en secreto o siguiendo un plan completamente coordinado va más allá de lo que permite establecer la información pública.
La nueva cúpula colocó a veteranos de la Guardia Revolucionaria y a figuras con experiencia bélica en puestos centrales. Analistas describieron la estructura resultante como una combinación de seguridad interna, disuasión militar, capacidad ofensiva y presión alrededor de Ormuz.
La retórica oficial y la de medios vinculados al Estado también empezó a hablar de una transición hacia una “doctrina ofensiva”, con capacidad para actuar fuera de las fronteras iraníes. Ese discurso demuestra una postura declarada más dura, pero no prueba que ya existiera un operativo concreto listo para ejecutarse.
La consecuencia política, no obstante, era evidente: Teherán estaba reconstruyendo su capacidad de resistencia y negociación, no desmontando su aparato bélico en previsión de un acuerdo rápido.
La pausa fue debilitada en repetidas ocasiones por acciones militares. En julio, Irán afirmó haber atacado infraestructura militar estadounidense en Kuwait, Qatar y Bahréin después de que Estados Unidos bombardeara objetivos iraníes. Aquellos ataques deterioraron aún más el alto el fuego.
En agosto, Estados Unidos y los hutíes alineados con Irán informaron por separado de nuevos ataques contra embarcaciones, justo cuando las negociaciones volvían a quedar bloqueadas. La información disponible vincula esos episodios con la campaña de presión más amplia, pero no demuestra que Teherán ordenara personalmente cada incidente.
La distinción es importante. Irán utilizó claramente la presión militar regional y marítima como palanca, pero el registro público no permite atribuir toda la actividad de los grupos aliados a una coordinación directa iraní.
El estrecho de Ormuz fue el principal punto de conflicto. Washington exigía que Irán se comprometiera públicamente a detener los ataques contra barcos, mantener abiertos todos los canales de navegación y no imponer peajes de tránsito. Teherán se negó a renunciar al control sobre la vía marítima.
En agosto, funcionarios iraníes dijeron que el estrecho permanecería cerrado a menos que Washington aceptara condiciones que incluían la liberación de activos iraníes congelados y el fin de conflictos regionales. Teherán también afirmó que no negociaría una prórroga del alto el fuego mientras Estados Unidos no regresara al acuerdo provisional y fijara un calendario para cumplir sus compromisos.
Así, el acceso marítimo dejó de ser una simple cláusula del alto el fuego. Para Washington, la reapertura de Ormuz era una medida práctica para generar confianza. Para Teherán, era una fuente de influencia que podía intercambiar por concesiones económicas y políticas.
Washington parecía considerar el memorando como un puente hacia un acuerdo más amplio: detener los ataques, reabrir las rutas marítimas y aprovechar la ventana de negociación para resolver las disputas pendientes. Irán trató el mismo periodo como una pausa armada que le permitía restaurar su capacidad de mando, conservar opciones de escalada y negociar sin renunciar a su principal palanca regional.
El resultado fue una política de doble vía, no un proceso de paz convencional. Irán reorganizó sus instituciones militares y de seguridad mientras mantenía contactos diplomáticos, pero las disputas sobre Ormuz, las sanciones, los conflictos regionales y el programa nuclear siguieron sin resolverse.
La conclusión más sólida no es que Teherán coordinara en secreto cada acontecimiento, sino que combinó diplomacia y presión militar mientras se preparaba para una confrontación que podía durar mucho más de lo que Washington esperaba.